martes, 6 de octubre de 2009

Marco Augusto Quiroa - Escritor y Pintor Guatemalteco






Marco Augusto Quiroa
Escritor y Pintor Guatemalateco

Nació en 1937 en Chicacao, Suchitepequez en la costa sur de Guatemala. Falleció en Octubre del 2004 en Amatitlán, Guatemala.

Publicaciones

Semana menor
 1984
(premiado con el Quetzal de oro por la Asociación Periodistas de Guatemala al mejor libro del año)

Gato Viejo
1990

Receta para Escribir un Cuento y Otros Cuentos
1996

Doña Mazacuata y otros Animales
1998

Maestre de narrativa, al ganar tres veces el primer premio en los Juegos Florales de Quetzaltenango.  Premio único del concurso de cuentos Carlos Novella y el más importante del páis, en dos oportunidades: 1990 con Plaza Mayor y 1994 con El Mojado y la Seca.  Emeritísimum por la facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlosde Guatemala.  Miembro fundador del grupo literarios La Rial Academia.  Como pintor es uno de los grandes de la plástica contemporánea guatemalteca.  En la década de los 60s fundó junto con Roberto Cabrera y Elmar Rojas el Grupo Vértebra, el cual se convertiría en punto referencial obligado dentro del arte nacional. Diputado al Congreso en 2003.



Algunos Extractos de sus libros:

Del Libro Semana menor:

I
País Conquistado

Los jóvenes discutían acalorada y violentamente sobre sucesos acaecidos hace muchos, muchísimos años.  El viejo rumia sus pensamientos en silencio.

-La desgracia es haber sido conquistados por españoles- dice un muchacho rubio de nariz aguileña, cara de máscara de baile de moros.

-Otro gallo nos cantara si hubiesen sido ingleses, francesos o alemanes -apoya un prieto, colocho, descontento con el color de su piel.

Se habla de los valores del espíritu, de la crueldad de Pedro de Alvarado, del destino ingrato y pérfido, de códices quemados por el padre Landa, del derecho de pernada, de las encomiendas, la religión y el idioma...

-Para qué chingados nos sirven, mejor fuéramos mormones y habláramos ingles.

-Al final nos han conquistado los ingleses a través de los gringos y de ajuste nos han robado Belice.

La Discusión prosigue por muchas horas.

-No vinieron intelectuales de Salamanca, ni teólogos de Avila, ni académicosde la Real, sino porquerizos analfabetas, aventureros de toda laya, presidiarios sifilíticos, cómicos de la lengua y borrachines pendencieros.

-Pura chusma, gentuza de la peor calaña.

El viejo solo oye y calla.

Piensa que la desgracia es ser conquistados.
No conquistadores.


II
La Primera Piedra

Aquel viejo predicador iva de pueblo en pueblo con su paraguas ratoso y su biblia de tapas gastadas, explicando la grandeza del señor, hablando del bien y del mal, interpretando los evangelios, despertando la fe dormida en el corazón de los hombres sencillos.

Era su palabra bálsamo para llagas nunca cicatrizadas, asidero para pecados cubiertos por el polvo del olvido y del tiempo, esperanza para hipócritas, herejes y blasfemos.

Hoy, la gran plaza abierta y pedregosa de ese pueblo alejado de rutas de circos y cines ambulantes, marginado de giras presidenciales y campañas electoreras, hervía de gente entusiasmada por el inusitado espectáculo de ver a alguien que hablaba del cielo y el infierno como si los conociera, y que se habia desviado de caminos transitados, de comodidades terrenales para llevar la palabra de Dios al caserio incrustado entre los pliegues de la montaña, por donde el diablo perdió la chamarra.

Cuando el predicador, colorado por el sol de mediodia, hinchó las venas del  cuello e infló el pecho para que lo oyeran todos, todos , hasta el último vecino y dijo:

-El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Mil, diez mil, veinte mil manos se alzaron y lo sepultaron bajo una lluvia de pedruzcos.

Habia llegado al pueblo de los justos.


III
Palote de los Perícos

A Luis Alfredo Arango, mero tatascán de Zopilotes y clarineros

Esa ceiba centenaria que se divisa desde muy lejos y sobresale de las casas y los demás árboles: los voladores, los cedros, los madrecacaos, es la casa de todos los pájaros del mundo.  Mero en el centro de Siquinalá derrama su sombra fresca y rotunda.

Y es qye tzuquín quiere decir pájaro en lengua antigua.  O sea que Siquinalá es °lugar de pájaros° o algo parecido.

Bien puesto el nombre.

Si usted se acuesta bajo la ceiba, pasadas las cinco de la tarde, ve cómo desde los cuatro vientos desatados por el corazón del cielo, acuden aves de todos los colores y plumajes.

Chiltotes con un plumazo de atardecer en el pecho.

Parvadas de zanates bulliciosos y clarineros pavonados de mirada nerviosa.  Sharas platicadoras, tecolotes solemnes, burriones, torcazas, espumuyes, chipes, y de cuando, tibia aún y botando ceniza, llega a su vieja rama el ave fénix.

Un minuto antes del anochecer, cuando sólo queda una uñita de sol en el horizonte, llegan los pericos alharaquientos desde todos losrumbos.

Cada quien escoge su lugar y en el preciso instante en que se hace la oscuridad total, silenciosamente e convierten en hojas.  Esto nadie lo sabe. Sólo Pedro Vac.

Se aparece a medianoche, trepa como garrobo por el tronco patriarcal de la ceiba, palpa las hojas una a una y echa en su morral las que se estremecen al tocarlas.

Vaya este domingo al mercado de Siquinalá.

Más allá de las cocinas, los comedores y las vendedoras de hojuelas enmieladas y refrescos de chipiona; atrás de las carnicerías, de los puestos de frutas, en la calle, junto al merolico vendedor de ungüento curalotodo (especial para shiras, chaquirrias, mataduras, pústulas y llagas) y el afilados de cuchillos, allí está Pedro Vac con una rama seca, viva de pericos alas cutas.

-A quetzal los chiquitos, a cincuenta centavos los grandes y habladores.

Si usted le pregunta, extrañado por la arrevesada diferencia de precio, el le contestará:

-Porque los pichones le van a durar más.

Y si usted lo interroga sobre la procedencia de las aves, el le dirá muy serio y con la puritita verdad en los labios:

-Tengo mi palo de pericos.



Del Libro Gato Viejo



I
Gato Viejo

Cuando llegamos a Cubulco ya Margarita traía la muerte en los ojos.  No duró mucho, fue cosa de meses.  Se fué conviertiendo en algo seco, frio, sin vida.  Día a día moria un poquito.  De nada valieron los reconstituyentes, el jarabe yodotánico, los remedios caseros.  Ni el viaje a la capital para que la examinaran los mejores médicos, ni la romería a Esquipulas a visitar al cristo negro, a encenderle candelas de a libra y pedirle de rodillas un milagro.

Nada de eso valió.  Una madrugada, mientas el viento se cobijaba en los aleros, se me quedó entre los brazos.  Ya solo era un pedazo de cuero viejo, un tronco seco, un tasajo de cecina sin músculos y sin sangre.  Ni la sombra de aquella muchacha hermosa y llena de vida que se casó conmigo en Camotán.

La enterramos como ella queria: con su vestido de novia y sus zapatos blancos.  Con su velo y su buqué de azahares de parafina.

Le cumplimos su última voluntad.  Este es un pueblo de solo viejas chismosas iglesieras, todas se visten con trapos hasta el ojo del pie, desteñidos y apestosos a cera de candela y caldo de res.  No hay ninguna con buen cuerpo.  Las que no son flacas, enteleridas, acuchilladas, son gordas y mantecosas.  No sé para donde se han ido las jóvenes.  Talvez a la capital, a emplearse de sirvientas y ver si se pescan un soldado o un policia; de perdida un achimero vendedor de baratijas o un merolico de los que ofrecen jarabes milagrosos en el parque de La Cocordia.

La única joven y bonita es la maestra de la escuela.  A lo mejor porque es fuerana.  Recién llegada se coloreaba las mejillas, se pintaba la boca de rojo brillante, con piquito y ensombrecia sus párpados con un aletazo de verde profundo.

Pero empezaron las habladurias de esas viejas perras.  Que a saber a quién le andaba cusqueando.  Que libreme Dios del agua mansa.  Que la mosquita muerta por aquí, que la mosquita muerta por allá. !Ingratas¡ Le rezaron un rosario de puyas venenosas dichas a mansalva, a escondidas, bajo de agua, en la penumbra de la iglesia colonial.

Ella sin duda se dió cuenta porque de un día para otro apareció con la cara lavada, sin gota de pintura y el pelo amarrado con un listón azul, o rosa, o con una cinta de terciopelo violeta. Les dió gusto.  Le alargó el ruedo a los vestidos, casi al tobillo y se puso zapatos de tacón bajo.  Adios escotes generosos y faldas apretadas.

La maestra llegó al pueblo en febrero.  Lo recuerdo porque acababa de pasar la procesión de la virgen de Candelaria y en esos días el aire se alborotó levantando tolvaneras, remolinos de polvo fino y amarillento, y el viento sopló dia y noche mordiendo las tejas, despellejando el repello de las paredes y arrastrando bolas de monte seco por las calles desiertas.  Me acuerdo que llegó en esos días de las polvaredas porque cuando se apeó de la camioneta, un viento arremolinado le subio la falda vueluda y le miré los calzones rosados.  Buenas piernas y bonitas nalgas.

Esa primera vez que la ví, yo estaba parado frente al balcón de la alcaldia.  Después la vi muchas veces más desde ese mismo balcón, con los libros pegados al pecho y rodeada de niños, caminando bajo la sombra de la ceiba, entre las mulatas y las chinitas que alegran la tristeza de la plaza.

Ella casi siempre me ninguneaba la mirada o me contestaba el saludo con los ojos bajos, y yo me preguntaba que hacia una muchacha tan rechula en este pueblo tan abandonado.  Por esas fechas ya Margarita tenia esa tos terca que le lijaba la garganta y los pulmones de día y de noche, a toda hora y que la hacia escupir sangre en la bacinica de porcelana.  Ella llegó a visitarla varias veces cuando yo no estaba en casa, llevándole pastelillos envueltos en servilletas almidonadas que la enferma apenas pellizcaba.

Yo sabia que habia llegado porque su perfume quedaba en el ambiente, impregnado en el espejo, en las cortinas, en el aire muerto del atardecer.  En la cena, me comia los pastelillos y recordaba en la penumbra del comedor, las tolvaneras de febrero, sus piernas blancas y bellas, su ropa interior rosada.  Cerraba los ojos, deseándola, mientras la noche entraba por las ventanas con sus pequeños ruidos y sufragancia siempre nueva.

Todas las viejas se acomidieron para arreglar el funeral de Margarita.  Dieron más vueltas que un trompo,dejaron los jardines sin rosas ni claveles, llenaron la sala de floreros, pusieron cortinas negras en puertas y ventanas, se preocuparon de todos los detalles.  La mujer de don Claro, el pastor evangélico, y la de don Augusto el boticario la vistieron.  Las cucarachas ya se habian hecho cargo del velo, pero ellas disimularon los agujeros con mucha diligencia y un pedazo de encaje.  Otras hicieron panes con gallina, café hervido y sacaron de quién sabe donde un garrafón de aguardiente y un cartón de cigarrillos.

Se turnaron cada hora para los rezos y a medianoche cantaron el Alabado señor alabado acompañadas por la guitarra de Tono el curcucho.

La maestra trajo su bolsita de cosméticos y lo que no pudo hacer el señor de Esquipulas, ni los médicos, ni los reconstituyentes, lo hizo Max Factor.  Le devolvió a Margarita el color de las mejillas y el rojo de los labios.  Las viejas dijeron que cómo se miraba de bonita, pero a mí me pareció grotesco ver a ese pescado seco pintarrajeado.  No deberia hablar asi de la difunta pero es la puritita verdad.  Eso que estaba en el cajón de ciprés, con las manos sobre el pecho atadas con pañuelo de seda, no era la mujer que yo quise tanto.  No era la muchacha hermosa con la que me casé.  Toda la familia se opuso al matrimonio, sobre todo por la diferencia de edades.  Ella no tenia veinte años cumplidos y yo ya le di el esquinazo al medio siglo.  Sus familiares tomaron camioneta expresa para llegar a tiempo al funeral.  Gilo mi ayudante, les puso telegrama doble urgente.  Llegaron vestidos de negro, con los ojos colorados por el desvelo y el dolor.

Casi no me hablaron y sus pupilas eran unos pedruzcos frios y acusadores.  Sentí que me señalaban con el dedo del resentimiento y el odio, y me colgaban en el pescuezo el rótulo de asesino.  Seguramente piensan lo mismo que murmuraban estas viejas desgraciadas y que de vez en cuando escuché sin querer.  °Ese viejo se está chupando a la patoja°, °le está robando la juventud°, °para gato viejo, ratón tierno°.

Y es que estas gentes tienen la creencia que cuando un viejo se casa con una joven, es como si chupara un mango de pita.  Le saca todo el jugo por un agujero hasta dejar solo la cáscara y la semilla fibrosa, la piel y el esqueleto.  Ni más ni menos.  No les hago caso y sé que nunca me han querido por la enfermedad y muerte de Margarita, pero me respetan porque soy el Secretario Municipal.

En el fondo les estoy agradecido, porque estas buenas o malas mujeres hicieron lo imposible por sanar a mi mujer.  Hasta organizaron una misa para pedir por su salud.  Gilo fua a Rabinal en el caballo tordillo del alcalde, jalando la mula que prestaron los Córdova.  Regresó al anochecer jalando la misma mula, aunque más sudada por la corpulencia del cura, colorado bajo el sombrero y fumando puro para alejar a los mosquitos.

Adornaron la iglesia con flores, trapos de colores y racimos de corozo.  A mi me sentaron en primera fila entre el respandor de las velas y ese aroma dulzón y profundo a semana santa, que despide el corozo.

A saber qué le dijeron de mi persona al cura, que en el sermón habló de lascivia y concupiscencia.  Y de consumirse en el infierno de las pasiones sin freno.  Y del camino ancho y recto que lleva a la perdición.  Yo no le bajé ni un instante los ojos al cura y le aguanté la mirada envitrinada tras de los lentes.  En la nuca sentia los alfilerazos de la acusación colectiva y la ponzoña de las víboras que se somataban el pecho a mis espaldas.  Cuando salimos al atrio vi ojos resentidos bajo los mantos negros, ratosos y mientas le ensalivaban la mano al sacerdote deslizaron su veneno: ateo, pecador, hombre de alta naturaleza.....

Se enteraron de mi nombramiento antes que el mensaje llegara a mis manos.  El telegrafista se encargó de regar la nueva.  De decirles a todas esas viejas melengüeleras de mi traslado a Pinula.  De una en una vinieron !las hipócritas¡ a desearme feliz viaje y a decirme que lo sentian mucho.  A mi me da lo mismo.  Esa ha sido mi vida, ir de pueblo en pueblo.  A donde el supremo gobierno quiera mandarme.  Antes de aquí, estuve en Camotán donde conocí a Margarita.  Y antes en Jocopilas, y antes en Sansare, y antes en Tiquisate, y antes...

La última en venir a despedirse fué la maestra.

Pensé que ya no vendría.  Entró cuando ya estaba para cerrar la valija, guardando el cepillo de dientes, los últimos trapos.  Llegó muy arreglada.  Con un vestido floreado que no le conocia y maquillada.  Volvió al escote generoso, a la faldatallada, a los zapatos de tacón alto.  Al aletazo verde bajo las cejas, al rojo brillante en los labios, a las mejillas sonrosadas.  Que Dios me perdone pero la única que he vista tan bonita es a Nuestra Señora de Chiantla.

Me miró con sus grandes ojos tristes y húmedos de cierva joven.  Luego ensayó una sonrisa entre alegre y resignada y me dijo quedito, para que solo yo laoyera:

-Lléveme......


II
A Mito le dieron agua


Anoche fuimos al tiberio de Mito.  Llegó la mara de la veinticuatro y todos caimos cadáveres con unos cuantos villanos para ayudar al entierro.  De la coperacha se juntaron como veinte pesebres.  La ruquita de Mito estaba inconsolable, jirimiqueando y chupando mocos.  Aqueche era el unicornio que le pasaba cáscaras y de hoy en adelante se la cargó la tristeza.

Aterrizó la tia del finado, esa vieja gorda sometida que a pura cachucha quiere que le dé para sus dulces, pero yo nelson, no solo porque no me yeguas sino porque tiene un golpe de alacrán que dialtiro ofende.  Vieja shuca, hasta un traganiquel me llevó para quedar bien con miguel, diciendo que fuéramos a su chante a echarnos el oder muy broder, pero yogui le dije que lueguito y me le pinté para el retache en cuanto dió la vuelta.

Güicho y el Chato que siempre cargan monterrey de la buena, le pusieron de a gordo en el patio de atrancas, y al ratón andaban bien locos buscando un vinagrazo para cruzarse.  Estos cuates no dejan su noche por cinco o seis pitos y fuman con matabacha para que no haya desperdicio.  Son verdaderos maestros y consumen solo punto rojo, de la canche y sin semillas para que no duela la maceta.  Cuando agarran la onda le ponen tambor a las pastas, al puyón y a la cocaleca.  El Chato dice que ya le entró  al ácido pero que ese patín es muy grueso.

Al suave nos desconchamos a la cantimplora de la corner a ponerle a los tapis.  A tres cuarteles de venadril le dimos en la madre, aunque el pelos se puso algo brincón porque a puro huevo queria indianapolis.  Una leona nos queria hacer bajados con un jugoso y fichas para la chillona, pero le dijimos nel pastel.  Garzas las bocacalles que se aventó la doña.  Puros maromos con queso en una sorias mas tiesas que los rieles de la ruca que la parió. Jateados dejamos los seis cachudos y nos retachamos para el velorio a atender a la gente y casaquear con las chavas de la fábrica donde Mito breteaba.  Buenos rabiosos y parece que a todas les gusta el arroz con tunco.  Tambien estaba una güisa canchicles que Mito habia conectado en el chonguengue de la normal, y el Chino que no atina y corta parejo, ya le estaba haciendo la del payaso viendo como se la levantaba casi encima del difunto.

Como a las donis se tristeó el ambiente y nos desfilamos en el charnel del Chino para el Farolito Azul.  Las leonas cobran tripas por el polvorín pero nosotros que andábamos a caballos nos hicimos las momias y sólo les metimos manpla y las meneamos un cacho.  Ajustamos para un lirio de serpiente bien elodia, porque mucho clavel irnos sin livais nalgas.  El Chino se puso necio con que fuéramos al Guayququi porque alli tiene un su bulto que le suelta fichas.  Como es el dueño del patas de hule no habia otra.  Cuando llegamos Coca estaba terminando el show.  El huecazo se puso a tirarle pelota al Chato, le fue a sobar la cara y solo papacito le decia.  Al rayo mandó unas chesves para la mesa.  A mi se me hace que este serote ya le pasó fierros.  El Chato se puso colorado, se hizo toda clase de bestia y sin que le preguntáramos ni miércoles dijo que solo eran cuates y que habian estado juntos en la Francos y Monroy.  El Chino dijo: a lo mejor recibiendo clases de canto.  De cama agregó el Güicho piñandose de la risa.  El Chino se metió al cuarto de la Celina, pero salió rapidol porque llegó la matrona a pumpunearle la puerta diciendo que aqui nadie coge de gratis y que si es su casera que venga por las tardes cuando no hay clientes.El Chino se alebrestó y le contestó que eran celestes porque ya no le media el aceite, que lo dejara de estar chingando y ya no le hacia naranjas agrias porque ya estaba muy flores teilor.  En un bronco llegaron dos tiras uniformados y otros oréganos con tartaja.  El puterio se alborotó porque la mayoria son guanacas y no tienen pápiros, pero la vieja calmó la onda, les pasó unas frívolas a los tirantes y marcó en la rocola para que todos le entráramos al guarachazo.  Cuando regresamos, empezaron a correr los chismes sobre la muerte de Mito.  Unos dicen que andaba en un purrún bien turbio y que la pesada le dió agua.  Pero la mera verdad es que estaba amenazado porque fué cabezón del sindicato y habia desfilado el primero de mayonesa y tambor el veinte de octubre cuando palmares a Oliverio en el Portal.  Lo secuestraron el lunes temprano en una camionetilla con placas empañueladas y apareció hasta el jueves, desnudo y torturado en un barranco de ciudad San Cristóbal.  Ni la viejita lo podia reconocer en el anfiteatro de la Verbena.  Le hicieron barbaridades.  Cabronada y media.  Si no llega a tiempo lo entierran como XX en una bolsa de nailon.  Don Chema el de la panaderia Los Tres Molletes prestó el picop para dar las vueltas y en una ambulancia lo trajeron a su casa porque no hay fichas para velarlo en una funeraria.  A mi me tocó meterlo en la caja con el Chino y su carnal Roberto y se me rodaron las de San Pedro al ver  las ingratitudes que le hicieron.  No Tienen madre.  Lloré de puro coraje, de la rabia de no poder hacer nada.  Diunavez clavamos la caja para que no lo estén viendo.  Las viejas chirmoleras del barrio vienen a preguntarme babosadas, pero yo me hago el lobo y me las sacudo de mal modo.  Quieren saber si le hicieron esto o lo otro.  Cabronas, no respetan al difunto, ni el dolor de la viejita.

El último tacuche es de puro pinocho, sin pintar, y encima pusieron un plato para que azoten co los lenes.  Casi todos dejan choca, algunos diego y uno que otro cae con pescado.  Talvez se junte algo regular para que doña Rome la pase mientras ve que camino agarra.  Ya vino mi ruquita y le ofreció posada, diciendo que donde comen dos comen tres, pero ella dijo que talvez  se va para Xela con su hermana.

No se si vaya al entierro porque el viejo sereno del taller segurola que no me va a dar permiso.  De perdido me hago el enfermo y le entro con el cuento que tengo que ir al Igss.  De planeta me va a sentir el estoque a guarumo.  Si me arma bronquitis y ladra mucho le tiro elbrete por todo el hocico.  Uno es pobre pero no tiene porqué aguantar malos tratos y mentadas de madre.  Por las buenas con miguel no hay tos, pero si me encabronan salen los catos.  Al fin y al cabo para la trama siempre se consigue y si uno se pone buso caperuso de cualquier manera se defiende, aunque sea basculeando bolatines o alivianándose un chillón que esté mal puesto.  Aunque eso de ser tacuazín es mal yoyo, porque si le cae la jura, aparte de la zanateada que le mandan en el segundo torino hay para rato en el gran pavo, y si tiene más de diez ingresos como el chero Ayuso, al salir le dan aguarrás sin hacer cola.

De madrugada cayó un maje haciéndose toda clase de baboso, pero los boys al rayo ledieron su tinte de que es conejo.  Puso cara de afligido para darle el pésame a doña Rome y se aculó en unrincón a controlar quienes llegaban.  Los muchachos le mandaron a la Tere con un tanguarnis tras otro para ponerlo a ver gatos.  Salió con el cuento de que el también es del sindicato.  Luego se puso a hablar paja y nosotros le pusimos ruedas para que se descosiera.  Nos quiso vacilar pero ya les conocemos sus mates y solo ledimos cuerda.  La Tere como es cabrona y bien atinajas se desabrochó el primer botón de la blusa y a cada rato se agachaba para que le mirara las chiches.  El pensó que ya le habia salido algodón y le hizo el reto.  Ella lo aguantó un cacho, le apachó el ojal y le dijo que mástardecito cuando ya no haya tanta gente, para no hacer clavicordio, ni darse color.  Se fué para la cocina y le sirvió un trago puritano y de tacón alto, con dos seconales.  Se lo jaló para la puerta del palomar y se dejo besuquear mientras daba el ranazo.

Ahí lo dejamos cuando ya amaneciendo, el Chino que hizo bajada a la Celina, me invitó a un par de trangayes.  Nos enzaguanamos dos octubres de venancio, sin boca y sin agua, y a escupir a la calle.  Yo mesiento algo tecolotón y estoy en el mero punto en que todo me vale.  De plástico no voy al chance.  Que trabajen los bueyes.  Cuando regresamos al tiberio, encontramos al judicial fondeado en la puerta de la casa vecina.  Ya la mara le habia pasado el dos de bastos porque tenia las bolsas del pantalón para afuera.  Con el tapis y los seconales lo pusieron a ver gabino y balin.  Si le bailaron la forifai de esta se lo sacuden de la tira.

El entierro fue a las cinco y casi oscureciendo regresamos del cementerio.  Mi vieja, doña Rome, la Tere y la güisa del Mito en el volsvaguen del Chino.  Nosotros en la palangana del picop de don Chema.  En la entrada del callejón estaba el judicial que bajaron en la madrugada en gran casaca con el Chato que ya le habia devueltos sus pápiros, las llevas y la luz que cargaba.  Boris nel, no andaba.  Llegaron los del sindicato y aclararon que el cuate es derecho. Con aqueche no hay tos, es bien tuanis dijo el secre general.  Le pedimos disculpas y lo vacilamos de a gorila.  Le quitamos lo braca, se rió con ganancias y abrazó a todos.  La Tere se acercó medio amishada, algo chiva y se lo llevó de la manuela para su cuartel general.  Parece que le llegó de a devis.

Nosotros solo nos quedamos miramón y al suave camellamos para el bartolo de la esquina, a ver si nos quitamos la gomalaca y ese nudo que le queda a uno en la garganta cuando palmolive un buen alero.