martes, 10 de marzo de 2009

Colombia - Letras - Musica - Pintura - Paisajes - Parte # 2

Giovanni Quessep
ALGUIEN SE SALVA POR ESCUCHAR AL RUISEÑOR
Digamos que una tarde
el ruiseñor cantó
sobre esta piedra
porque al tocarla
el tiempo no nos hiere
no todo es tuyo olvido
algo nos queda
Entre las ruinas pienso
que nunca será polvo
quien vio su vuelo
o escuchó su canto
Jair Arteaga
Héctor Rojas Herazo
EL DESEO
El deseo es vegetal
pide caminos
aire
quiere temblar en fruto
suspenderse
pide un cuerpo abonable
pide un labio
pide comer y ser comido
quiere
entrabarse y gemir con ramas duras.
Gime por ser
quiere temblar
sentirse
palparse desde dentro
saberse entre las cosas respirando.
Quiere el viento y el ala
quiere el día
quiere el follaje de su fuerza obscura
brillando entre la luz hoja por hoja.
Es vegetal por eso:
por su destino de tiniebla y cielo
porque rompe y emerge
porque sube
porque la muerte sufre con su anhelo.
Jaime Abril
Pintor figurativo, nacido en Bucaramanga – Colombia, 1968, Estudios realizados en dibujo y pintura con el maestro Miguel Alberto Torres, estudios de arte Contemporáneo en la escuela de Artes, Finanzas y salud.
Jaime O. Abril B.
Bucaramanga - Colombia
57 – 313 – 39 59 721
jaime_abril@hotmail.com
www.jaimeabril.com
El duelo
Icaro - Serie nacimiento
Fragmentos
Retratos
Máscara
Rafael Maya
SEREMOS TRISTES
Oye, seremos tristes, dulce señora mía.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
tristes como el crepúsculo de una estación tardía.
 
Tendrá nuestra tristeza un poco de ufanía
no más, como ese leve carmín de tu belleza,
y juntos lloraremos, sin lágrimas, la alteza
de sueños que matamos estérilmente un día.
 
Oye, seremos tristes, con la tristeza vaga
de los parques lejanos, de las muertas ciudades,
de los puertos nocturnos cuyo faro se apaga.
 
Y así, bajo el otoño, tranquilamente unidos,
tú vivirás de nuevo tus viejas vanidades
y yo la gloria póstuma de mis triunfos perdidos.
Helena Pinto Pabón
Helena Pinto, pintora artistica de Bucaramanga, Santander, Colombia, dedicada desde hace más de 20 años a la pintura, se ha destacado entre las mujeres pintoras colombianas por su gran habilidad en el manejo de las diferentes tecnicas artisticas, especialmente la espatula. Aquí en esta galeria virtual de arte pueden apreciar la diversidad de su obra artistica.
Girasoles
Riachuelo
Puente
Riachuelo II
Gabriel Nieto
Parte II
Serie Paisajes
Fernando Charry Lara
EL LAGO
Érase entre la luz de la mañana
Alta y desierta nube de otro tiempo
Me mirabas llegar desconocido
Aire írio cristal pálido día

 

 
Llovía luego un agua verde entre el paisaje
Un agua azul y plata por el lago
Un agua ronca con sollozo a mares
Despedazándose rota en ventanales
 
Me veías llegar desconocido me veías
Amante que perdió su memoria el rostro amado
Me veías ráfaga de huracanadas
Olas de luz y viento y tempestades
 
Dejabas penetrado de relámpagos
Al extranjero corazón a oscuras
La ciudad que rodea de verdor el lago
Cuando a la hora última la tarde
Dejabas tu desolación en las esquinas
Cuerpo insinuándose al recuerdo
Dejabas tus sedosas violetas esparcidas
 
El mundo extraño apenas prodigando
Leves fulgores perlas por el aire
Frágil contra la sombra el muro el árbol
La viuda cabellera de las luces
De noche tiernas lunas
Sobre los pavimentos y las lluvias
 
Cuando eres tú y a tu lado impalpable
Una joven cintura entredormida
O femenino cráter insospechado ardiendo
Ebrio de tristes pasos cuando el eco
Por soledades vagas como espejos
Como calles por nadie nunca recorridas
Que hace más años tú ya presentías
Ser el desconocido
                                De súbito al encuentro
 
El rugido del viento en las orillas
Ecos de ahogados flotan sordamente en insomnio
La oscuridad el cielo inmóvil
Las aguas que noche y día son tu pensamiento
Lago tal corazón desbordado
Bajo la madrugada sollozando
A solas su imagen tan desierta
Un momente le creíste
                                    palpitación ollamarada
Como tú
De amor y luz y tiempo ausentes
Contemplar aún su claro pecho irisado
Mientras la vastedad del agua amaneciendo
Lago era entonces sin furor
Invisible al deseo
                            Cuello jazmín apenas
Solitario de silenciosa blancura
Muslos apenas grises de nácares helados
 
Alejándose entonces la presencia y el sueño
Borrando al alba en cansancio su latir obstinado
Llegar por fin a ti la vida en secreto
La vida ahora que asoma entre tus labios
Tus mudos labios volviendo a tu vida
Aquel desconocido
                                De siempre a tu encuentro
El cuerpo del pensamiento de ti mismo
                                                           Aquel
Amante que perdió su memoria el rostro amado
Huésped del laberinto y la nada.
Gabriel Nieto
Parte I
Paisaje
Negras
La noche
La iglesia del pueblo
La finca de Ariel
La Esquina
Flores
Entrada a la finca
Entrada
Entrada
Entrada
Entrada
Entrada
El Ranchito del Abuelo
Don Quijote
Entrada
Calle
Barrera
Balcón Primaveral
Almudena
Aurelio Arturo

CANCION DEL AYER

Un largo, un oscuro salón rumoroso
cuyos confines parecían perderse en otra edad balsámica.
Recuerdo como tres antorchas áureas nuestras cabezas
                                                                       [inclinadas
sobre aquel libro viejo que rumoraba profundamente en
                                                                         [la noche.
 
Y la noche golpeaba con leves nudillos en la puerta de
                                                                           [roble.
Y en los rincones tantas imágenes bellas, tanto camino
soleado, bajo una leve capa de sombra luciente como
                                                                       [terciopelo.
La voz de Saúl me era una barca melodiosa.
Pero yo prefería el silencio, el silencio de rosas yplumas,
de Vicente, el menor, que era como un ángel
que hubiese escondido su par de alas en un profundo
                                                                          [armario.
 
Mas, ¿quién era esa alta, trémula mujer en el salón
                                                                   [profundo?
¿Quién la bella criatura en nuestros sueños profusos?
¿Quizá la esbelta beldad por quien cantaba nuestra sangre?
¿O así, tan joven, de luz y silencio, nuestra madre?
 
O acaso, acaso esa mujer era la misma música,
la desnuda música avanzando desde el piano,
avanzando por el largo, por el oscuro salón como en un
                                                                           [sueño.
 
 
(A ti lejano Esteban, que bebiste mi vino,
te lo quiero contar, te lo cuento en humanas, míseras
                                                               [palabras:
Cuando estás en la sombra. Cuando tus sueños bajan
de una estrella a otra hasta tu lecho,
y entre tus propios sueños eres humo de incienso,
quizá entonces comprendas, quizá sientas,
por qué en mi voz y en mi palabra hay niebla).
 
 
Un largo, un oscuro salón, tal vez la infancia.
Leíamos los tres y escuchábamos el rumor de la vida,
en la noche tibia, destrenzada, en la noche
con brisas del bosque. Y el grande, oscuro piano,
llenaba de ángeles de música toda la vieja casa.
Luis Vidales
LA MÚSICA
En el rincón
oscuro del café
la orquesta
es un extraño surtidor.
La música se riega
sobre las cabelleras.
Pasa largamente
por la nuca
de los borrachos dormidos.
Recorre las aristas de los cuadros
ambula por las patas
de los asientos
y de las mesas
y gesticulante
y quebrada
va pasando a rachas
por el aire turbio.
En mi plato
sube por el pastel desamparado
y lo recorre
como lo recorrería
una mosca.
Intonsamente
da vueltas en un botón
de mi d’orsey.
Luego —desbordada—
se expande en el ambiente.
Entonces todo es más amplio
y como sin orillas...
Por fin
desciende la marea
y quedan
cada vez más lejanas
más lejanas
unas islas de temblor
en el aire.
Noé León
Accidente en la vía - 1971
Juan B. Elberts - 1965
Selva con pájaros - 1966
Tigre cazando sabanera - 1965
Rafael Maya
MI DOMINGO
El domingo era el día de los pájaros libres
que paseaban la casa silenciosa y abierta
pues ventanas y puertas daban fácil entrada
al sol, que circulaba por todos los rincones
encontrado las cosas hasta entonces perdidas:
un dedal, una aguja y una hebilla ya rota.
Era el sol como el dueño de la casa, que vuelve
y halla que hasta la llave gira más fácilmente
denunciando un | urgente deseo hospitalario.
El sol, como un obrero, pintaba las paredes
de blanco, y proyectaba sobre la superficie
los ramajes del patio, que trazaban dibujos
sujetos a la varia dinámica del viento.
Despertaba, después, a, los Reyes, dormidos
en los tapices, presos de largo encantamiento,
y que se desquitaba de la escoba casera
sonriendo a las Ninfas, cautivas en festones
de flores, entre fuentes y corceles alados.
Mas su mejor encuentro era con los espejos:
el sol no sabía de dónde procedía, entonces
y entre el azul ilímite y el azul enmarcado
prefería tener su origen en el muro.
Después iba sacando de la sombra los vasos
pequeños y los grandes jarrones de cerámica,
y con dedos de oro los modelaba, haciendo
que la luz, como un torno, les diese nueva forma.
Qué juego en las brillantes cerraduras. Un rayo
luminoso, al entrar por el estrecho hueco,
era un estoque en busca de las sombras perdidas
que el sueño, al despedirse, dejaba en las alcobas.
Dueño el sol de la casa, ese domingo ocioso,
conmigo, solamente, compartía su dominio,
con esta diferencia: que mi dichosa infancia
no caminaba, entonces, hacia ningún ocaso.
El jardín respiraba con virtud tan violenta
que las flores morían de su propio perfume,
entre un temblor de abejas, que caían embriagadas,
y el girar incesante de los pájaros locos.
Las rosas daban gracias a Dios porque no había
tijeras oprobiosas que, de las verdes eras,
las llevaran al árido destierro de los vasos
que poblaban la ingrata soledad de las salas.
Con qué suave descanso caían las cortinas
sobre el balcón abierto, frente a la estrecha calle,
lo mismo que, banderas libertadas del palo,
y abiertas, sin escrúpulos, al sol de una baranda.
Una pila de piedra, cercada de violetas,
se alzaba en la mitad del patio, pero nadie
escuchaba el rumor de los caños simétricos.
Sin embargo, el domingo la música sonaba
como cuando a la iglesia penetra el organista.
¡Cuántos sones inéditos había en esos caños!
¡Qué música inefable la de esa vieja piedra!
Yo escuchaba el rumor de aquellas cuerdas líquidas
y una emoción seráfica llenaba mi existencia.
Me parecía habitar un palacio de arpas
o soñar en el fondo de un caracol sonoro.
Y luego las campanas, campanas del domingo
que escuchaba ese día, remirando hacia el techo
pues pensaba, sin duda, que los sones bajaban
como aves de metal, saltando por las tejas.
¡Sones inolvidables! Repicábais en mi alma
y todavía os escucho, desde el fondo del tiempo,
subir a recordarme mis domingos azules,
con el perro sin soga y una torre en el fondo.
Luego, en el comedor, llegaban las palomas
a devorar las migas de pan. Era una fiesta
de ternura eucarística, que sobre los manteles
celebraban las cándidas aves del Evangelio.
Y, cuando declinaba la tarde, lampos de oro
manchaban las paredes. Viajeros invisibles
agitaban las manos, en el aire extenuado.
Era como si un barco de velas amarillas
dijese adiós a todas las riberas del mundo.
Yo comenzaba a tener miedo. Sombras
que se alargaban, mudas, parecían perseguirme.
Un grillo preludiaba la canción de la noche.
Sonaba, en ese punto, el portón de la calle
y el oscuro zaguán resonaba de voces.
¡Señor! Había cesado la paz de mi domingo.
María Villa
Busto de mujer
Cristo atado a una columna
El buen pastor
Florero
Luis Carlos López
MEDIO AMBIENTE
|—"Papá, ¿quién es el rey?
—Cállate, niño, que me comprometes".
|SWIFT
Mi buen amigo el noble Juan de Dios, compañero
de mis alegres años de juventud, ayer
no más era un artista genial, aventurero...
—Hoy vive en un poblacho con hijos y mujer.
… Y es hoy panzudo y calvo. Se quita ya el sombrero
delante de un don Sabas, de un don Lucas... ¿Qué hacer?
La cuestión es asunto de catre y de puchero
sin empeñar la "Singer" que ayuda a malcomer...
Quimeras moceriles —mitad sueño y locura;
quimeras y quimeras de anhelos infinitos,
y que hoy —como las piedras tiradas en el mar—
se han ido a pique oyendo las pláticas del cura,
junto con la consorte, la suegra y los niñitos...
¡Qué diablo!... Si estas cosas dan ganas de llorar
Diógenes Bustos
Salida del pueblo - 1974
Paso del tren - 1974
Fuesta Huilense - 1974
Porfirio Barba-Jacob
CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.
 
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
 
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
—¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!—
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.
 
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
 
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
 
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
 
Mas hay también ¡oh Tierra! un día.., un día.., un día
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
Guillermo Valencia
HAY UN INSTANTE...
Hay un instante del crepúsculo
en que las cosas brillan más,
fugaz momento palpitante
de una morosa intensidad.
 
Se aterciopelan los ramajes,
pulen las torres su perfil,
burila un ave su silueta
sobre el plafondo de zafir.
 
Muda la tarde, se concentra
para el olvido de la luz,
y la penetra un don süave
de melancólica quietud,
 
como si el orbe recogiera
todo su bien y su beldad,
toda su fe, toda su gracia
contra la sombra que vendrá...
 
Mi ser florece en esa hora
de misterioso florecer;
llevo un crepúsculo en el alma,
de ensoñadora placidez;
 
en él revientan los renuevos
de la ilusión primaveral,
y en él m’embriago con aromas
de algún jardín que hay |¡más allá!...
Julio Flórez
TODO NOS LLEGA TARDE
Todo nos llega tarde, hasta la muerte.
Nunca se satisface ni se alcanza
la dulce posesión de una esperanza
cuando el deseo acósanos más fuerte.
 
Todo puede llegar; pero se advierte
que todo llega tarde: la bonanza,
después de la tragedia; la alabanza,
cuando está ya la aspiración inerte.
 
La Justicia nos muestra su balanza,
cuando sus siglos en la Historia vierte
el Tiempo mudo que en el orbe avanza;
 
y la Gloria, esa ninfa de la suerte,
sólo en las viejas sepulturas danza.
Todo nos llega tarde: hasta la muerte.
José Asunción Silva
LA VOZ DE LAS COSAS
¡Si os encerrara yo en mis estrofas
frágiles cosas que sonreís,
pálido lirio que te deshojas,
rayo de luna sobre el tapiz,
de húmedas flores, y verdes hojas
que al tibio soplo de mayo abrís,
si os encerrara yo en mis estrofas,
pálidas cosas que sonreís!
 
¡Si aprisionaros pudiera el verso
fantasmas grises, cuando pasáis,
móviles formas del Universo,
sueños confusos, seres que os vais,
ósculo triste, suave y perverso
que entre las sombras al alma dais,
si aprisionaros pudiera el verso
fantasmas grises cuando pasáis!
MIDNIGHT DREAMS
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
mis sueños de otras épocas se me han aparecido.
 
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías
y de felicidades que nunca han sido mías.
 
Se fueron acercando en lentas procesiones
y de la alcoba oscura poblaron los rincones.
 
Hubo un silencio grave en todo el aposento
y en el reloj la péndola detúvose al momento.
 
La fragancia indecisa de un olor olvidado,
llegó como un fantasma y me habló del pasado.
 
Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde,
y oí voces oídas ya no recuerdo dónde.
 
Los sueños se acercaron y me vieron dormido,
se fueron alejando, sin hacerme rüido
 
y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra
y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra.