martes, 15 de septiembre de 2009

MASACRES DE LA SELVA - UN RELATO DE NUESTRA GUATEMALA

Guatemala
"Masacres de la selva": ¿Nunca más?
El sacerdote jesuita Ricardo Falla ha dedicado los últimos cinco años de su vida a acompañar a las Comunidades de Población en Resistencia y acaba de escribir un libro que relata los horrores que esta gente vivió en 1982. Envío habló con el P. Falla.

Emma G. Martínez
"¡Guerrillero a los 60 años!" Así, con incredulidad, contestó el sacerdote jesuita guatemalteco Ricardo Falla a la acusación del Ministro de Defensa de Guatemala, que lo señaló como el ideólogo de la guerrilla. "Sólo soy sacerdote", dijo.

Pero no se trata de cualquier sacerdote. Este cura antropólogo ha dedicado los últimos cinco años de su vida a acompañar a las Comunidades de Población en Resistencia (CPR), en las selvas del Ixcán, en El Quiché, zona de combates entre el ejército y la guerrilla de la URNG. Vivía con las comunidades, huyendo de los bombardeos de la fuerza aérea, los acompañaba en sus constantes desplazamientos con una pequeña iglesia móvil, y como científico social documentaba los métodos de organización y producción de la comunidad. Para esta misión pastoral contaban con toda la aprobación de la Compañía de Jesús, aunque su trabajo no era público, para protegerle a él y a esta población, considerda insurgente por el ejército.

En 1992, el libro de Ricardo Falla Masacres de la Selva fue publicado en Guatemala. En él informa, con testimonios de primera mano, sobre la campaña contrainsurgente que en 1982 llevaron a cabo en el Ixcán los militares. El libro lo convirtió en "enemigo público, número uno" del ejército guatemalteco.

Desde entonces ha sido blanco de una amplia campaña en los medios de comunicación. En diciembre, Falla tuvo que "salir al claro", como dice la gente de las CPR, dejando el Ixcán y Guatemala para salvar su vida.

"El Popol Vuh me condujo a la antropología"
ENVIO - ¿Cómo llegó usted a la antropología?

FALLA - Estando en Austria estudiando teología empecé a estudiar también el Popol Vuh. Y comencé a leer libros de sicología que comparaban la sicología del "primitivo" con la sicología del niño y con la del enfermo. En la universidad de Innsbruck fui a preguntarle a un sicólogo: "Y de esto ¡¿dónde puedo estudiar más?" Me parecía sugerente, aunque muy alejado de la realidad, "Esto se llama antropología, pero no lo busques en Europa, sino en los Estados Unidos", me dijo. Fue por el Popol Vuh dentro del contexto de la teología que llegué a la antropología.

ENVIO - ¿Y no conocía de antes el Popol Vuh?

FALLA - Sí, lo conocía y veía en él mucha fuerza, pero no lo entendía. Escribí mucho sobre él, pero no entendía su fondo porque lo estaba viendo desde fuera y no desde dentro. Y porque no tenía los instrumentos para entrar. Cuando terminé teología, fui a estudiar antropología en Tejas, y después vine a hacer trabajo de campo en El Salvador. De nuevo en Centroamérica se me fue iluminando el Popol Vuh y fui viendo cómo esta sociedad de hoy, de raíces indígenas, había resistido tantos siglos conservando intacta su misma estructura social. Con el tiempo, el Popol Vuh ya no fue para mí solamente un texto maravilloso, sino algo real. Era la raíz de un pueblo pobre que está sufriendo y resiste.

ENVIO - ¿Ha vivido y estudiado antropología en varios países?

FALLA - Antes de hacer el doctorado, leí a Levi Strauss. El habla en su libro "Los Tristes Trópicos" sobre el choque cultural que supone la antropología. Pensé: voy a ir a vivir a un lugar muy distinto y muy primitivo, para sentir ese choque, lo que no experimentás leyendo un libro. En 1968 fui a estar tres meses con los Yaruros de Venezuela. Fue una experiencia muy buena. Es algo que te cambia porque te hace imaginar la otra cara de la luna: así fuimos todos los seres humanos hace poco tiempo. Me impactó mucho.

He estado también en otros lugares de Centroamérica. A Nicaragua llegué antes de la revolución. ¿Cómo podemos ayudar?, decíamos después de la insurrección de septiembre del 78. Algunos nos dijeron: "Ayúdanos a hacer un estudio sobre cuáles son los resortes de la insurrección urbana". Lo hicimos, pero con gran dificultad, porque la mayoría de los informantes estaban escondidos. También me tocó trabajar en El Salvador a finales de los 70, para hacer una evaluación sobre el movimiento campesino, que entonces era tan fuerte. Después estuve de nuevo en Nicaragua los primeros dos años de la revolución, haciendo un estudio sobre los primeros grupos contrarrevolucionarios. Advertimos entonces a los sandinistas que la contra tenía base social y que podía crecer. Pero en aquel momento no lo creyeron.

"Me interesaba conocer cómo la gente resistió tanto"
ENVIO - ¿Cómo escribió "Masacres de la Selva"?

FALLA - Estuve en las CPR en 1983 al comienzo, cuando todavía no se llamaban así. También estuve entre los refugiados. La mayoría de los datos del libro los recogí en los campamentos de refugiados. El trabajo de campo duró cinco meses y el análisis y la redacción dos años y medio. Cuando salí de la zona, en febrero de 1984, tenía la idea de escribir una trilogía. El primer libro sería el surgimiento de la organización campesina, desde que se abre la selva en 1966 hasta las masacres de 1982. El segundo, serían las masacres, presentadas mucho más ampliamente que lo que aparecen en este libro que ahora se publicó, con más testimonios y más análisis. La tercera parte iba a ser sobre la resistencia, tanto en las CPR como en los refugios. Escribí los dos primeros libros, de 700 páginas cada uno, y los dí a leer a algunos amigos. Me dijeron que no se podían publicar, porque perjudicarían a la misma gente, por describír yo en detalle cuáles fueron los métodos de la gente para resistir y organizarse. El libro publicado ahora es un extracto de estos dos volúmenes.

ENVIO - Todas las noches, mientras leía su libro, tuve pesadillas. Aunque haya un mensaje de esperanza al final, hay mucho más horror... ¿No es duro escribir sobre estas cosas?

FALLA - Yo no ví estas masacres de las que escribo. Por eso digo en el libro que soy como Marcos el evangelista, que sólo escribió lo que le contaron. La primera vez que escuché un testimonio impactante sobre una de estas masacres, la de San Francisco , me dejó apabullado y pensando cómo era posible que quien lo había vivido lo contara tan serenamente. Viví una experiencia tristísima, de noche oscura, pero sentí que había una luz invisible que lo atravesaba todo. Yo decidí entrar en esa experiencia. Es como cuando uno lee una tragedia griega, en la que hay una grandeza tremenda. Estaba conmovido, emocionado y reflexionando qué podía hacer.

"La guerrilla cometió un error político muy grande"
ENVIO - En su libro, usted se plantea la interrogante de por qué la guerrilla no defendía a la gente, y la respuesta es que no tenía capacidad para defenderla. También describe cómo el ejército se retiró del área del Ixcán por unos meses entre 81 y 82 y hubo una especie de insurrección popular. Pensaba la guerrilla en ese tiempo que realmente podía tomar el poder? ¿Por qué alentó a la gente a una insurrección sabiendo que provocaría la reacción del ejército? ¿No fue esto una irresponsabilidad?

FALLA - Creo que la guerrilla se equivocó entonces y que fue un error político muy grande. Ellos pensaban tomar el poder antes del 82 o a principios del 82. Y quemaron todos los cartuchos. En aquella insurrección -que no fue exactamente una insurrección, pero algo parecido-, quemar cuarteles y poner banderas en ellos fue atraer más al ejército, aunque también fue una expresión de triunfo de la gente. Era como un anticipo de las zonas liberadas, pero no se calculó la fuerza que podía tener el ejército.

¿Por qué no lo calcularon? ¿Dónde estuvo el error? Yo no sé cómo lo analizan ellos, pero desde fuera, a mí me parece que hubo un doble error. La gente sintió que la guerrilla tenía las armas y la fuerza necesarias para tomar el poder. Y entonces se dejaron ir, aunque no estuvieron muy convencidos. Confiaron en la fuerza de la guerrilla. Y la guerrilla, a su vez, confió en la fuerza del pueblo. No tenemos suficientes armas, pero tenemos a todo el pueblo, decían. Se sentían invencibles. Confiaron mutuamente, sin que esa confianza tuviera bases sólidas. El pueblo no se dio cuenta de que la guerrilla no tenía suficientes armas y la guerrilla no se dio cuenta de que el pueblo sería masacrado. Se produjo un movimiento de tipo mesiánico. Hubo zonas en que este movimiento no tuvo una expresión política sino religiosa, carismática. Fue la expresión de una convicción profunda y común a la guerrilla y al pueblo: venía un mundo nuevo.

"Nos quemaron a todos"
"Los soldados agarran leña, porque hay leña jateada allí. Tiran la gente al hoyo. La gente se va al hoyo y encima echan leña y leña. Riegan gasolina encima. Bien rociada la leña.Se salen de lejos y tiran el fosforito. Cuando cae es como una bomba. ¡Pum!...el gran fuego. Toda la boca del hoyo se llena de llama hasta arriba. Está ardiendo como veinte minutos. La leña todavía se mueve, porque los finados todavía están pataleando.El espíritu esta vivo. Pero cuando miran que va calmando el fuego, ¡más gasolina! Y en media hora se termina el fuego. Ylos cadáveres quedan pura ceniza. Las manos se desboronan..En el cuerpo, ¡qué manteca hay! Agarra el fuego la mantecay al rato se terminan los pobres"."Me llevaron a mí para conocer y para que dé más información,pero por la gracia de Dios nunca cambié la información".El testigo estuvo en este lugar en 1982.El crematorio estaba situado en un campo a mediokilómetro abajo del río Chixoy, en Playa Grande, regióndel Ixcán, departamento del Quiché, Guatemala, Centroamérica.("Masacres de la Selva", Introducción)

ENVIO - ¿Entonces, la guerrilla tiene responsabilidad en las masacres del 82?

FALLA - También el pueblo, porque se engañó. La guerrilla no actuó así por gusto ni fueron ellos los que mataron. Fue el ejército. Todos, de alguna forma, somos responsables por lo que sucedió, pero a distinta escala. Responsable es el león que come y responsable el que suelta al león. El león que comió y mató es el ejército. También se podría afirmar que la guerrilla puso al ejército en una situación sociológica o sicológicamente insuperable y dado el carácter del ejército no iban a escoger otra solución. Pero el responsable de las masacres es el ejército.

ENVIO - ¿Por qué la gente de las CPR no cruzó la frontera y se fue a México a refugiarse allí, en vez de quedarse a vivir en Guatemala y en de vivir en una zona de guerra durante diez años?

FALLA - Ellos te dicen: "Aquí conozco los arroyos, los árboles, los caminos y si me vienen a atacar sé por dónde huir". También hay un lazo afectivo: el amor a la tierra y no sólo a su parcela. Evidentemente, si no hubiera habido guerrilla allí, esta gente no se hubiera quedado. No quiero decir con esto que la guerrilla los defienda, no les toca defenderlos. Pero la guerrilla controla al ejército, por más que no haya podido hacerlo en 1982. Entonces, los guerrilleros no tenían unidades militares que pudieran contener a un batallón, después sí. Desde 1982 ha habido un desarrollo de la guerrilla muy grande, aunque valorar esto parezca algo obsoleto. Pero así es.

ENVIO - Dicen que la guerrilla ha ido desapareciendo en ésa y en otras zonas...

FALLA - Aunque desde 1982 la URNG tiene muchísima más fuerza, no es como la que tenía el FMLN. Otro cambio es que hoy la gente de las CPR lucha por su tierra contra el ejército. El ejército tiene así dos enemigos. Esto no quiere decir que la población de las CPR sean guerrilleros. Conviven en la misma área que los guerrilleros, unos como población militar y otros como población civil. El ejército dice que son lo mismo para justificar sus ataques. Dicen: si atacamos a la población civil, debilitamos a la guerrilla. Y algo de razón tienen, aunque no tengan derecho de atacarlos.

ENVIO - ¿En el Ixcán, la violencia podría volver a los niveles de 1982?

FALLA - Creo que no. Por la fuerza de la guerrilla y por la experiencia de la gente de las CPR. La gente tiene un sistema de autodefensa que no tenían en 1982. Es como a quien le toca vivir un primer terremoto. Después de pasarlo, aprenden y construyen sus casas con nuevas estructuras. Cuando viene el segundo terremoto bota algunas casas, pero no todas. La sociología del desastre ayuda mucho a entender esto. Aunque quisiera, el ejército no puede repetir masacres de aquel tipo. Posiblemente, el ejército no quiere tampoco repetirlas. Pero si llegan a sorprender a una comunidad de las CPR en el Ixcán, la gente tiene que asumir que el ejército las va a matar. Para salvar la vida, tenés que asumir lo peor. Pero pienso que si capturara a alguna población, ya no la masacraría. Por la presión internacional y por la misma experiencia que a todos dejó el pasado.

"La mayoría no entiende a dónde conduce el proceso de paz"
ENVIO - ¿Qué esperanzas tiene en el proceso de paz en Guatemala?

FALLA - La mayoría no entiende a dónde conduce. Mandé un cassette a los de las CPR en el que se los explicó con una comparación. Cuando tuve que salir de las CPR - les dijo -, dos testigos me acompañaron. Pasamos por caminos donde había mucho lodo y uno se hundía hasta la cintura. Yo entré en un lodazal de ésos y no salía. Así es el proceso de paz: está metido en un lodazal. Allí están sumidas las dos partes: el gobierno y la guerrilla. El proceso quiere salir, quiere caminar y cuando más lo quiere, más se hunde. Quiere sacar una pierna, más mete la otra. Está atascado. ¿Como logré yo salir? Porque venían dos conmigo. Si no es que me sacan ellos de allí, allí paso la noche. Entre dos me sacaron, no pude salir yo solo. Así es con el proceso de paz. Por un lado, es necesario que lo saque adelante la sociedad civil, alguien que no sea la guerrilla y que no sea el ejército. Pero una sociedad civil controlada por el ejército no sirve. Tampoco sirve una sociedad civil que sea sólo una fachada de la guerrilla. Esto no quiere decir que la sociedad civil no se decante hacia un lado y tiene que decantarse hacia donde haya más justicia, hacia donde estén más representados los pobres y eso sucede en el lado de la guerrilla. Pero la sociedad civil tiene que actuar con independencia.

Los otros que nos pueden sacar del lodo son las fuerzas internacionales. Los dos pueden sacar adelante el proceso de paz. La guerrilla no pierde nada con el estancamiento, puede aguantar cinco, diez años más en la montaña, e incluso seguir creciendo. Pero aunque crezca en términos absolutos, en términos relativos se desprestigia, porque no tiene sentido desgastar sólo por desgastar. Aunque tampoco va a entregar las armas para que el ejército haga lo que quiera.

ENVIO - En febrero usted fue a testificar en Ginebra a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la Comisión decidió a favor del gobierno guatemalteco y no nombró un relator para observar la situación. ¿Qué sucedió allí con la presión internacional?

FALLA - Los dos países que tuvieron en Ginebra una actitud decisiva en apoyo al gobierno de Guatemala fueron México y España. Los Estados Unidos no fueron claves. Tal vez los intereses de Washington estaban detrás de México, pero México aparecía liderando a América Latina. El gobierno mexicano argumentaba que estaba favoreciendo el proceso democrático y que había que apoyar a Serrano, que garantiza este proceso. Eran argumentos políticos y no humanitarios, como deberían haber sido. En los días en que la Comisión de Derechos Humanos sesionaba en Ginebra, el ejército de Guatemala estaba lanzando un operativo contra las CPR en toda la frontera con México. Eso lo dijimos en Ginebra y después en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Durante un proceso de paz es precisamente cuando hace falta supervisar más de cerca el respeto a los derechos humanos, porque las partes se vuelven más beligerantes. Y quien sufre más es la población civil.

ENVIO - ¿Qué sueños le quedan ahora por realizar? ¿Esos tres libros que no pudo publicar? ¿O le gustaría escribir una novela?

FALLA - Ya estoy escribiendo un librito sobre la experiencia en las CPR. Luego, sueño con volver a Guatemala. Y pronto. Quisiera también transmitir el mensaje de todo lo vivido a más y más gente, por radio y por televisión. Y si hubiera alguien interesado, hay mucho material, como para hacer una película. ¿Un sueño más profundo? A saber... Los sueños más sueños que uno tiene, no los dice.

"Viví metido en un hoyo"
Al testigo lo tuvieron encerrado en un calabozo estrechísimo, excavado a la orilla de un cerro en Playa Grande. Allí permaneció durante cinco meses incomunicado y encarcelado. Lo sacaban únicamente cada dos semanas, a zambullirlo en el río."Me fueron a encerrar en un hoyo. Muchos me dicen que es calabozo, pero yo lo vi que es un hoyo.... Me encerraronallí y así estuve durante cinco meses sin comida. Me dan desayuno, la mitad de una tortilla. A veces, me dan una. Los soldados buenos me dan una. Y donde llegan los soldados que son meros malos, apenas me dan la mitad. Y otros soldados me tienen lástima. Lo que me dio vida allí es el agua, y como yo llevaba un galón, ese galón me ayudó en ese hoyo. Y le pedía yo... Tocaba yo la puerta y ellos, cuando llegan conmigo, les digo: "Disculpa, soldado ? le digo?, le solicito agua". "¿Quieres agua? ¿Tenés sed?", me dijo. "Sí" "¡Tomá tu orina! ? me dijo. Si tenés hambre comé tu caca", me dijo. Y allí me quedé mudo otra vez. No me dan agua. Y cuando había un pedacito así abierto de la puerta de ese hoyo, allí jalaba yo aire. Allí miraba yo un poquito de luz. Apenas se mira, como pulgada y media ese abiertito que estaba allí. Me dio vida ese abierto de la puerta".

El testigo fue sacado por el ejército del calabozo con la esperanza de que le ayudara a patrullar por la montaña delatando campamentos. En una de esas caminatas, logró escaparse gritando exclamaciones de júbilo y de insulto a los soldados, que en vano le arrojaron disparos y bombas.

("Masacres de la Selva", pág. 194?195).





Masacres de la Selva
Falla, Ricardo Managua: Latino Editores, 1992
Tipo: Libro
Idioma: ES
Materia:
Política, DDHH y Paz
Descriptores temáticos: Genocidio, Indigenismo, Violación Derechos Humanos, Víctimas
Descriptores geográficos: Guatemala
Signatura: 4-FAL-MAS
Localización:
Bilbao: 2 ejemplares
(disponible)
El propósito fundamental de esta publicación sobre las masacres de indígenas en el Ixcán guatemalteco entre 1975 y 1982, pretende ser la buena noticia de un pueblo que, sometido al poder de la muerte por el instrumento de masacres aniquiladoras y de tierra arrasada, anuncia, sin embargo, que está vivo. Denunciando la injusticia de que fue víctima, ese pueblo anuncia la buena noticia de vida. Este libro significa reactualizar a Montecinos y Las Casas en sus denuncias del pecado de la conquista arrasadora.



CASO ILUSTRATIVO No. 4



MASACRES EN CUARTO PUEBLO







"Ya no estamos como familia por culpa de la masacre, estamos desparramados. No nos olvidaremos hasta morirnos, mientras que estamos vivos no se nos olvida. Siempre recordamos las cosas sufridas. Cuando estamos muertos ya no podemos pensar nada. Ahí se nos olvida".1





I.

Antecedentes



Nacimiento y organización de la Cooperativa Ixcán Grande



El Ixcán,2 por ser una zona selvática y de difícil acceso, estuvo prácticamente deshabitado hasta mediados de los años sesenta. En ese tiempo comenzó un proceso colonizador que consistió en cuatro proyectos: dos impulsados por la Iglesia Católica y dos por el Gobierno.3



El primer proyecto colonizador estuvo dirigido por la orden Maryknoll, con el apoyo de la diócesis de Huehuetenango. El padre Eduardo Doheny llegó a Ixcán el 14 de abril de 1966, procedente de Barillas, en compañía de los 14 primeros colonos, personas que provenían del municipio de Todos Santos. El padre Doheny era una persona estricta, que sólo permitía participar en el proyecto a aquéllos que fueran católicos y estuvieran casados.4



En septiembre de 1969 el padre Doheny es sustituido por el padre Guillermo Woods, quien cambiará la filosofía del proyecto de colonización por un programa de rápida expansión. Las exigencias se flexibilizan y se permite incorporarse a los trabajos a "solteros y evangélicos".5 Se mantuvo como requisito, de todas formas, tener un buen comportamiento.6 La personalidad y obra del padre Woods dejaron una huella perenne en la memoria de quienes lo conocieron.7



El proyecto tuvo un desarrollo acelerado y los núcleos poblacionales (llamados centros), habitados por un número variable de familias, se multiplicaron con rapidez. El primer centro que se pobló recibió en 1970 el nombre de Mayalán, Xalbal se creó pocos meses después; Pueblo Nuevo -La Resurrección en 1973; Cuarto Pueblo- La Unión se inauguró en 1976, siendo por último creado Los Angeles - El Injerto.



A principios de 1970 se autoriza oficialmente el funcionamiento de la Cooperativa Ixcán Grande de Servicios Varios R.L. luego de la publicación de sus estatutos en el Diario Oficial. La cooperativa contaba en esa época con 1,800 socios provenientes de distintos municipios y departamentos, en su mayoría indígenas.8 En 1974 la cooperativa logró escriturar las tierras que ocupaba en su nombre.



Los padres Maryknoll dotaron a cada centro de una pista de aterrizaje, una clínica y una pequeña capilla. El padre Woods consiguió algunas avionetas con las cuales transportaba los productos y a los enfermos, y traía mercadería para las tiendas. Los sacerdotes realizaban, por lo tanto, una doble tarea: el trabajo pastoral y el impulso del proyecto.



Durante estos primeros años hubo algunos conflictos de tierras con los dueños de las parcelas colindantes a la cooperativa, así como tensiones por motivos religiosos. A las tradicionales diferencias entre católicos y evangélicos se agregarían luego las disputas originadas por la aparición, entre 1980 y 1981, de la renovación carismática, traída al Ixcán por el padre Stanislao, procedente de Barillas, debido a que muchos catequistas católicos no quisieron aceptar el nuevo movimiento. 9



En 1980 se producen las primeras incursiones de la guerrilla en el área de Cuarto Pueblo. En la primera oportunidad en que se presentaron en el pueblo, los guerrilleros dejaron volantes y pintaron consignas en las paredes: "Viva el EGP", "Somos guerrilleros, somos sus amigos". En una ocasión, todavía en 1980, el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) entró en Cuarto Pueblo, tomó el mercado y dio una charla política a la junta directiva.



En 1981 la guerrilla ajustició a dos comisionados militares de Cuarto Pueblo10 y en 1982 a un pastor evangélico.11



La presencia del Ejército



El Ixcán comenzó un gradual proceso de militarización desde 1975, año en el cual se producen las primeras acciones del EGP en la zona. Este proceso desencadenó que el Ejército comenzara la persecución de la Iglesia Católica pues la identificaba con la guerrilla.12 También en 1975 se producen las desapariciones de varios catequistas.13



En 1976 la Dirección General de Aeronáutica Civil retiró la licencia para volar al padre Guillermo Woods, bajo el pretexto que había violado el espacio aéreo mexicano.14 Poco tiempo después le fue devuelta, pero el 20 de noviembre de 1976 este religioso fallecía cerca de San Juan Cotzal, Quiché, al estrellarse la avioneta que pilotaba.15



Ese mismo año el Ejército comenzó a jugar un papel más activo en las cooperativas. Ofrecía vuelos en helicópteros y aviones Arava para trasladar la carga y los enfermos en un intento por ganar el espacio dejado por la desaparición del padre Woods. Amplió la pista de aterrizaje de San Luis para usar este lugar como el centro de operaciones en el área y reparó las pistas de Xalbal y Cuarto Pueblo. La comunidad de Cuarto Pueblo aceptó sin mayores problemas el apoyo del coronel Fernando Castillo, coordinador del Instituto Nacional de Cooperativas (INACOP), porque se veía como algo beneficioso para el pueblo.16



El Ejército llegó a tener presencia en las cinco cooperativas. El primer destacamento militar fue ubicado en Xalbal, y se instalaron después los de Mayalán, Pueblo Nuevo y Los Angeles. El pretexto para la ubicación de un destacamento en Cuarto Pueblo fue brindar seguridad a los aviones y helicópteros, y se construyó en una loma al norte del centro, entre finales de 1980 y principios de 1981.17



Pese a este intento del Ejército de tener injerencia en las cooperativas, en 1982 la represión contra las comunidades del Ixcán adquiere carácter masivo y forma parte de una política contrainsurgente que utiliza el exterminio y la destrucción de poblaciones enteras como arma para derrotar a la guerrilla. Es dentro de esta estrategia, que se ha dado en llamar "política de tierra arrasada", que se produce la masacre de Cuarto Pueblo, con seguridad la de mayor impacto en el Ixcán.



II.

Los hechos



La masacre del 30 de abril de 1981 en el centro urbano de Cuarto Pueblo



El 30 de abril de 1981, a las cinco de la mañana, la Columna 19 de Enero del EGP atacó el destacamento militar de Cuarto Pueblo. El combate duró unas dos horas y cuando todo hacía indicar que la posición caería en poder de la insurgencia, un avión militar comenzó a bombardear el lugar y llegaron refuerzos. Murieron muchos soldados18 y el destacamento fue destruido casi por completo. Entre los atacantes cayeron dos guerrilleros, en tanto que ningún civil perdió la vida.



A las diez de la mañana el comisionado militar Santos Velásquez visitó las casas y avisó a la gente que no fueran al centro de la comunidad porque un teniente del Ejército había dicho que iba a matar a cualquier persona que entrara.



Poco después de este aviso y como reacción al ataque, los soldados quemaron dos tiendas particulares, mataron a balazos a Marcos López Balán, detrás de su tienda en el centro urbano y llevaron su cadáver al destacamento. Elementos de la tropa detuvieron a continuación a los miembros de la junta directiva de la cooperativa, a los integrantes de su junta de vigilancia, a un promotor de salud, a un maestro de la escuela primaria y al trabajador de la secadora, y los condujeron al destacamento.19 El propio oficial visitó la casa de una víctima para decirle a su familia: "Que hay muchos que son cristianos pero que son puros guerrilleros".20



El 3 de mayo el teniente volvió a pasar por otras casas, y obligó a unos 30 hombres a recoger algunos cadáveres en el destacamento; entre éstos se encontraban algunos de los que, dos días antes, habían sido detenidos. Allí encontraron a dos de los muertos vestidos con uniformes verde olivo. Los soldados aseguraban que se trataba del comandante y del teniente de la guerrilla, lo que confirmaba, según decían, que la cooperativa apoyaba la insurgencia. Sin embargo, se trataba de los cuerpos de Catarino López Coj y Marcos Balán, pobladores de Cuarto Pueblo, el segundo de ellos asesinado por los propios soldados en su tienda el 1 de mayo. Los 30 hombres tuvieron miedo de tocar los cadáveres y los dejaron en el destacamento, llevándose sólo los cuerpos del trabajador de la secadora y del maestro, a quienes enterraron en el cementerio de Cuarto Pueblo. Una señora que fue a reclamar a su esposo en el destacamento vio otro cadáver. Los cuerpos de los demás prisioneros nunca fueron encontrados.21





Control de la zona y salida del Ejército



Desde el ataque guerrillero el Ejército aumentó el control sobre la población e intentó que los socios residieran en el centro de la comunidad y no en sus parcelas: la medida fue rechazada. En ese lugar, en definitiva, sólo se encontraban establecidas las personas que tenían una tienda o realizaban tareas de vigilancia.



Al mismo tiempo, el Ejército proveía de productos alimenticios a la comunidad y "eso fue uno de los motivos por el cual la gente no desconfió y no tenía motivo para irse del lugar".22



En noviembre de 1981 los soldados convocaron una reunión con la comunidad, "en la cual dijeron que iban a ir a Quiché y que regresarían dentro de un mes, pues estaba en problemas ese departamento".23 Desmantelaron el destacamento y se retiraron de Cuarto Pueblo, para regresar cuatro meses después.24



Tras la salida del Ejército de la región, los guerrilleros sembraron postes y plátanos en la pista de aterrizaje para que no aterrizasen los aviones militares, prepararon algunas trampas de un metro de profundidad en las que dispusieron estacas afiladas. Sin embargo, según un miembro del EGP, los combatientes no tenían las armas suficientes para contrarrestar un posible enfrentamiento con el Ejército. Sólo poseían "unos tristes rifles, a veces escopetas" 25 y por eso la insurgencia orientó a la población para que guardara la comida en el monte, ante la eventualidad de tener que refugiarse en allí.





La masacre del 14 de marzo de 1982 en el centro Nueva Concepción de Cuarto Pueblo



El 13 de marzo el Ejército regresó. Desde el polígono 14 y por la montaña, un grupo de soldados cruzó el río Xaelbal a las cinco de la tarde y entró por la frontera de México en la región de Ixcán Grande, para acampar a la orilla del río.26



A las seis de la mañana del día siguiente empezaron a movilizarse: llegaron una hora después al Centro Nueva Concepción, situado al noreste del centro urbano de Cuarto Pueblo. En el hogar de Francisco "Chico" Ramírez Vargas, un animador de la fe de la Iglesia Católica, los soldados arrojaron vivos a todos los componentes de la familia al fuego de la casa, a la que antes habían incendiado. Sólo uno de los hijos de Ramírez, de nueve años, logró escapar.27 Los demás miembros de la familia murieron entre las llamas.

Figura 1

Varias familias fueron "a buscar aviso"28 a la casa de Martín Ramírez y Ramírez, un líder del centro. Sin embargo, los soldados se encontraron con ellas y fueron juntando a la gente para matarla y quemarla. "Pude observar, como a una distancia de 50 metros, cómo mataron a Don Hermelindo atravesándole un machete a un costado del cuello saliéndole por el estómago, sentado en una fogata y ahí quedó muerto".29 Los sobrevivientes huyeron a la montaña.



Los testigos de la incursión de los soldados informaron a las demás personas que el Ejército estaba en la frontera. "Hay gente que decía que vienen los soldados por la frontera, pero no nos asustemos. No hacen nada con nosotros".30



Los soldados permanecieron en el Centro Nueva Concepción durante casi dos horas. Quemaron siete casas, con sus milpas, y mataron a cinco familias enteras,31 a machetazos y prendiéndoles fuego, sin realizar ningún disparo. "Si hay una balacera en Nueva Concepción se escucha en Cuarto Pueblo, pero no hubo".32



De Nueva Concepción los soldados caminaron al centro de Cuarto Pueblo y algunos niños fueron a dar la noticia a los habitantes del Centro San Luis, que quedaba al lado de Nueva Concepción, mientras que un testigo fue a advertir a los demás pobladores de Cuarto Pueblo; pero en general no se prestó mucha atención al aviso.33 El comisionado militar, Santos Velásquez, estaba en el mercado y dijo: "Si vienen los soldados, voy hablar con ellos, no hay pena".34





La masacre en el centro urbano de Cuarto Pueblo



Domingo 14 de marzo de 1982



Muchos habitantes de Cuarto Pueblo, de Pueblo Nuevo y de los Angeles se habían reunido en el centro de Cuarto Pueblo porque era un día de mercado, mientras que otros llegaron para asistir a los oficios religiosos.



A las nueve de la mañana un helicóptero civil de color blanco y azul, procedente quizá de Playa Grande, efectuó dos vueltas sobre la comunidad y se retiró. Una hora después, los efectivos del Ejército rodearon Cuarto Pueblo por las lomas que hay alrededor del centro, desde donde comenzaron a disparar. Había dos grupos de militares: uno que llegó por el camino del cementerio y de la escuela y el otro por el campo donde estaba la pista de aterrizaje. Los soldados bajaron desde las lomas disparando y gritando: " Pinches guerrilleros, no corran, párense como hombres. Hijo puta guerrillero, párense cabrón!".35 La gente se asustó y empezó a correr en todas direcciones.



El comisionado militar Santos Velásquez avisó a la gente que no corriera, porque era delito, y muchos confiaron en él. Se dirigió desde la plaza central del mercado a la pista, se detuvo sobre una piedra y dirigió un saludo militar a los soldados.36 Dijo: "Nosotros, compañeros, hicimos reunión cada 15 días con ustedes. Yo soy comisionado".37 Pero los soldados, sin darle ninguna respuesta, le dispararon al pecho y murió en el acto. Un militar que tenía radio dijo: "¨Con este payaso, uno hace reunión?".38



Un sobreviviente recuerda: "Yo estaba caminando hacia el mercado con mi mamá y mi sobrino (...) [cuando] topamos con una señora quien nos informó que el Ejército estaba matando a la gente. Mi mamá me explicó que 'no debemos tener miedo, porque trajimos nuestros papeles'. Con estas últimas palabras, mi mamá fue baleada en la espalda y se murió".39



La gente se dispersó para huir. Algunos trataron de salir por la pista o subir la loma, pero los soldados les dispararon indiscriminadamente. La mayoría de los que lograron escapar huyeron por la parte sur y oeste del centro, antes que llegara la segunda patrulla de soldados. Un señor que trató de entrar en una tienda no pudo porque ya estaba llena de gente y decidió huir en su caballo. El caballo fue herido por las balas y cayó, pero su dueño logró escapar corriendo. Las personas que corrían a refugiarse en la clínica que quedaba más alta que el centro fueron asesinadas por los militares que les disparaban desde abajo, mientras otro grupo de soldados ya había llegado a la parte superior de la loma. "Me di cuenta que en el lugar en donde caían las personas se veía una gran humazón, por lo que considero que era en donde pegaban las balas, y por la cantidad de ellas que fueron disparadas".40



Un número significativo de vecinos se refugió en el centro. Las tropas rodearon la capilla evangélica, las tiendas del mercado, la tienda de la cooperativa y sus bodegas, la clínica de salud y la casa social. Dispararon contra la gente enfrente de la letrina del centro de capacitación. Muchas personas murieron cerca de las aulas de la escuela.



La capilla evangélica estaba llena de feligreses. Lloraban pero no podían salir porque los soldados habían bloqueado la puerta. "Un grupo de personas del Ejército se encontraba rodeando el templo evangélico y los que querían escapar los mataban y muertos los tiraban adentro del mencionado templo".41 El hermano predicador dijo: "Seguimos a Cristo, hermanos, vamos con él, vamos a ir donde vive el Cristo".42



Alrededor de 70 personas estaban en una celebración en la casa social, que servía como templo católico mientras se terminaba de construir otra iglesia. Ellos no corrieron porque los catequistas dijeron a los fieles que no debían asustarse, que "no va a pasar nada (...)".44 La persona que dirigía la celebración les invitó a arrodillarse y orar a Dios. Levantando sus manos, decían: " Vamos ir a Dios. Ya viene Satanás. Aleluya hermanos, vamos a vivir con Él!".45 Gritaron cuando ya no podían salir porque estaban rodeados, y las mujeres y los niños empezaron a llorar. Cuando los soldados entraron en la casa social, los carismáticos dijeron: "No estamos haciendo nada, estamos orando a Dios. Queremos ir a donde vive Dios, que está preparando nuestro lugar".46



Los soldados rieron y respondieron disparando. Todos los que estaban en la casa social murieron.



Después concentraron en el centro de la comunidad a todos los prisioneros y un oficial dijo: "Hay que repartir a la gente, aparte las mujeres, aparte los hombres".47 "Seleccionaron a los ancianos, a quienes les dieron muerte en el mismo lugar y llevándose a las mujeres en donde las tuvieron en la escuela (...) dejando sólo a los jóvenes, hombres y niños a los que los obligaron a trabajar limpiando la pista".48 Los soldados obligaron a cavar algunas zanjas cerca de la tienda de la cooperativa a un grupo de unos 30 hombres, donde después lanzarían a los muertos, y les ordenaron que recogiesen palos, para ponerlos alrededor de la tienda de la cooperativa y la clínica para quemar los cadáveres.



Formaron dos grupos con las mujeres: uno de ellos, compuesto por las madres y sus hijos, fue encerrado en la escuela. "Las iban a usar en la noche".49 Al otro grupo, de 12 mujeres, lo dividieron en seis pares. Cada par tenía que quedarse con cinco soldados en cada uno de los seis puestos de vigilancia que había en los caminos de acceso al centro de Cuarto Pueblo.



Los soldados también llevaron otros dos grupos de personas: uno al bordo cercano a la casa social, y otro a donde se encontraban la secadora y la escuela; dispararon contra el primero. Un soldado dijo: "Vamos a matarlos, acabar, no podemos dejar a un guerrillero, si no va a chingar a nosotros más después",50 y otro llamó por la radio diciendo: "Queremos bastante gasolina para quemar la guerrilla. Ya logramos la guerrilla. La guerrilla se quedó. En esta zona ya no va haber nada".51 Le contestaron: "El señor comandante va a mandar gasolina, al ratito llega",52 y en la tarde aterrizó un helicóptero en la loma transportando el combustible. Los soldados atraparon a algunos jóvenes, y los condujeron al destacamento de Playa Grande, donde los sometieron a tortura. Además, se apoderaron de toda la mercancía de las tiendas, incluso se llevaron las tablas, y la pusieron en costales que durante los siguientes días cargaron en varios helicópteros.



A lo largo de todo el día los soldados siguieron torturando y matando a niños, mujeres y hombres. Utilizaban diferentes métodos. Primero separaron a los niños de sus madres, incluso a los que estaban mamando, y "les quebraron su cabeza".53 A muchas mujeres capturadas, las violaron.



Los pobladores heridos fueron rematados. "Déle, déle al pinche guerrillero",54 decían los militares. Ninguno quedó con vida. Los soldados arrojaron los cadáveres en los hoyos, echaron leña y gasolina y les prendieron fuego, mientras que otros cuerpos eran quemados en el mismo lugar donde se encontraban.



Alrededor de las siete de la tarde ya no se escuchaban ruidos. En la noche se vieron grandes fogatas en tres lugares: cerca de la tienda, en el comedor del mercado y en la clínica.55 Los soldados habían colocado bastante gasolina y madera, "para que se quede bien quemado el hueso de la guerrilla. Ya toda la guerrilla se quedó aquí",56 dijeron los militares. Toda la noche hubo humo y se sintió olor a carne quemada.





Lunes 15 de marzo de 1982



Al día siguiente pudo verse un gran humo negro hasta el mediodía. Los soldados seguían incendiando las casas y matando a la gente. Entre las nueve y media y las diez de la mañana los elementos de la tropa quemaron la capilla evangélica, con la gente dentro.



"Mataron a los jóvenes a punta de machete y a golpes. Sólo escuchaba los lamentos y gritos de niños a los que quemaron vivos juntamente con los jóvenes hombres".57 Encerraron a la gente en la antigua cárcel y en la casa del juzgado. Los soldados continuaron el saqueo; llevaban las pertenencias de la comunidad a la pista de aterrizaje para trasladarlas en helicóptero. Después, el Ejército prendió fuego a todo el mercado.



Terminaron de matar a las mujeres embarazadas y a las ancianas: sólo sobrevivieron las jóvenes.58 A las diez de la mañana el oficial dijo: "Mejor repartir a las mujeres, una para cada dos soldados. Estas mujeres van a hacer la comida y las demás es para aprovechar. Quince días vamos a estar aquí y estos quince días vamos a usarlas.59 Y si ustedes tienen paciencia, no van a cansar".60



"Había turnos para mantener cada mujer a cinco soldados, para usar, no para cocinar. 'Usted quiere usar una, te vas donde están los soldados', así decían. Después de que la usaban, regresaban a sus puestos sin tocarlas más. El teniente les dio la orden: 'Si ya tocaste hoy, ya no vas a tocar mañana, porque no hay bastante' dijo él".61

Martes 16 de marzo de 1982



El martes 16 permanecían aún algunas personas encerradas en la casa de los alcaldes auxiliares. A las nueve de la mañana los soldados sacaron a los hombres jóvenes, uno por uno, con las manos amarradas, y les llevaron hasta la casa que estaba a la par de la secadora de cardamomo, donde los apalearon hasta darles muerte. Muchos soldados gritaban y cantaban.



También había personas encerradas en la bodega. Los soldados les sacaron uno por uno, les llevaron a donde había una fosa y les pegaron hasta que murieron. Golpearon a los niños contra un horcón "agarrándolos de los pies, sacudiéndolos contra el horcón, golpeándoles la cabeza. A las mujeres las llevaron a cargar agua del río y después las dispersaron y las violaron".62



De nuevo llegó el helicóptero para sacar los costales de cardamomo y todo lo que había sido encontrado en la clínica y en la tienda de la cooperativa. También mataron el ganado y los guajolotes,63 y llevaron la carne a Playa Grande.



Al tercer día de la masacre terminaron de quemar a casi toda la gente. "Los habían matado a todos (...) a las pocas horas vi la gran humazón y luego se sintió el olor a carne quemada".64 Todo el cielo se cubrió de humo, "como una gran nube".65



Los soldados seguían con sus comentarios:



"Ya se fueron a México, hay que traerlos, esos pinches guerrilleros. Venimos para acabar con las cinco cooperativas de guerrilleros. Tenemos un plan, hicimos una reunión en Guatemala con todos los comandantes del país sobre las cinco cooperativas de guerrilleros. Tenemos primero que acabar con estas cooperativas de guerrilleros y con toda la frontera tenemos que acabar".



Querían exterminar a toda la gente.





Miércoles 17 de marzo de 1982 y días siguientes



Hasta el final los soldados conservaron vivas a algunas mujeres para que cocinaran; todavía el miércoles podía verse humo salir de las casas que fueron incendiadas y aún se oían los gritos de las víctimas. Durante sus últimos días en Cuarto Pueblo, los soldados siguieron robando los productos de la comunidad y prendiendo fuego a las casas y la escuela, con la gente adentro.



La CEH logró identificar a 166 víctimas entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Asimismo estableció que las víctimas de las tres masacres fueron en total más de 400 personas.69



III.

Después de los hechos



El Ejército abandonó Cuarto Pueblo entre el 23 y el 25 de marzo de 1982 y sólo entonces algunos moradores sobrevivientes regresaron a la comunidad para constatar lo que había sucedido. "Sólo quedaban cenizas y huesos".70 "Regresé a Cuarto Pueblo y en la fosa que estaba al lado del comedor encontré el huipil de mi esposa".71



En la capilla evangélica sólo encontraron huesos, muchos cabellos largos de mujeres y aretes. Había un gran hoyo debajo de la escuela, que había sido incendiada y en el interior hallaron pedazos de ropa de mujeres y hombres, restos de huesos, collares y aretes. En la clínica aparecían huesos pequeños de niños, del mercado sólo quedaban cenizas. "Ya estaba todo quemado, donde pasa el Ejército todo está quemado".72



La noticia de la masacre se difundió con gran rapidez por todo Ixcán. A partir de este momento ya nadie dudaría de las intenciones del Ejército cuando éste se aproximara a las comunidades de Ixcán Grande. Se establecieron sistemas de vigilancia y, ante el aviso de su presencia, la población emprendería la fuga. Las muestras de confianza en el Ejército que algunos vecinos todavía sentían, por las acciones cívicas que había desarrollado y su apoyo a las cooperativas, desaparecen por completo.



Después de la masacre la gente se dispersó y poco a poco se fueron concentrando las familias: unas se refugiaron en la montaña y otras en México.



Con el paso del tiempo los sobrevivientes de Cuarto Pueblo y de otras comunidades que también fueron destruidas por el Ejército, que se habían refugiado en las selvas más profundas de Ixcán, se fueron juntando para dar origen a las Comunidades de Población en Resistencia (CPR), en diciembre de 1983. Por su parte, el Ejército continuó patrullando por esta región, siguiendo las huellas de los pobladores.



Entre 1983 y 1986 los soldados destruyeron por sistema todos los cultivos, así como los campamentos de la gente. Muchas personas murieron por el hambre y las enfermedades. Los que no soportaron la vida en la selva huyeron a México.



Entre 1986 y 1987 el Ejército ejecutó la Ofensiva de Fin de Año. Durante seis meses varios miles de soldados patrullaron el Ixcán y hubo bombardeos contra las CPR, además de producirse importantes enfrentamientos con la guerrilla.



Diez años después, en 1996, las CPR abandonaron los terrenos de la Cooperativa Ixcán Grande para trasladarse a la finca San Isidro, en Alta Verapaz y crear la comunidad Primavera del Ixcán.



Muchos de los que se habían refugiado en México regresaron a Cuarto Pueblo entre el 1993 y el 1994, una vez que fue retirado el destacamento militar,73 mientras que otros decidieron no regresar, por el miedo.



El 24 de marzo de 1995 un grupo de socios, a través de la Coordinadora de Derechos Humanos del Ixcán (CORDHI), presentó una denuncia ante el Ministerio Público de Cobán por los cementerios clandestinos que existían en Cuarto Pueblo y el 5 de junio de 1995 el Equipo de Antropología Forense de Guatemala (EAFG) inició las exhumaciones. Un mes más tarde se presentó una denuncia ante MINUGUA por violaciones al debido proceso en el caso. Al año siguiente se presentó otra denuncia por igual motivo.



Durante 1996 y 1997, en cuatro ocasiones74 el Ministerio Público solicitó información sobre la masacre a la zona militar 22 de Playa Grande y al Ministerio de la Defensa Nacional, hasta que el 24 de junio de 1997 éste último respondió indicando que la "Zona Militar 22 Playa Grande, Ixcán, Quiché, fue fundada el 23 de marzo de 1983, según Acuerdo Gubernativo n. 167-83; lo anterior imposibilita materialmente a este Despacho para responder lo relacionado (...) ya que se refiere a una época en que la indicada Zona Militar no existía".75



El 19 de diciembre de 1997 la CEH solicitó comentarios sobre esta masacre, entre otros casos, al ministro de la Defensa Nacional. El ministro respondió el 5 de enero de 1998, inhibiéndose de realizar comentarios sobre el hecho.76



El Centro de Acción Legal para los Derechos Humanos (CALDH), que asesora a los demandantes, ha solicitado repetidas veces la creación de una fiscalía especial para exhumaciones, iniciativa que aún no se ha concretado. A pesar de los esfuerzos realizados para que el proceso avance, en la actualidad se encuentra paralizado en los tribunales.



Por su parte, la comunidad de Cuarto Pueblo está dividida. Existe un importante grupo, próximo al Ejército y liderado por la junta directiva de la cooperativa, que es de la opinión de no continuar con el proceso porque esta acción podría, a su entender, perjudicar el desarrollo de la comunidad y la aprobación de proyectos. Por otro lado, se encuentran los socios o familiares que impulsan el proceso. Debido a su postura, estos últimos han sido amenazados con la expulsión del lugar. Esto fue constatado por los investigadores de la CEH.



IV.

Conclusiones



Atendidos todos los antecedentes reunidos, la CEH ha llegado a la plena convicción de que alrededor de 400 pobladores inermes de Cuarto Pueblo, entre ellos numerosas mujeres y niños, fueron ejecutados por miembros del Ejército de Guatemala, violando su derecho a la vida, constituyendo ésta una de las masacres más numerosas del enfrentamiento armado interno y una de las más graves violaciones de derechos humanos.



Asimismo, la CEH llegó a la convicción de que hombres, mujeres y niños sufrieron violaciones de su derecho a la integridad física y moral y que un número alto de mujeres fueron objeto de repetidas violaciones sexuales. Todos estos actos fueron cometidos por los mismos agentes del Estado.



La CEH considera este caso ilustrativo de las tácticas desarrolladas, a comienzos de los años ochenta, por efectivos del Ejército en Ixcán. La primera masacre del 30 de abril de 1981 es un ejemplo de represión selectiva contra líderes comunitarios, mientras que los hechos ocurridos a partir del 14 de marzo de 1982 muestran la aplicación de la denominada "política de tierra arrasada", concebida para el aniquilamiento de la población a la que consideraban potencial base social del movimiento guerrillero.



Del análisis de los mismos antecedentes, la CEH considera que efectivos del Ejército cometieron actos de extrema crueldad que van más allá, incluso, del objetivo criminal de eliminar, en todo o parte, a la población, tales como la comisión sistemática de violaciones sexuales de mujeres, la eliminación sistemática de niños, la destrucción total de la aldea y el intento de hacer desaparecer, a través de la quema de los cadáveres, cualquier evidencia de los hechos.



El desplazamiento provocado por la masacre y la constante persecución a que se vieron sometidas las personas que no huyeron a México, agregó mas penalidades a las personas que sobrevivieron.



Finalmente, el caso es ilustrativo de las carencias de la administración de justicia así como las dificultades que ésta encuentra para lograr el castigo de los responsables, en particular por la negativa del Ejército de brindar información sobre los hechos.







LISTADO DE LAS VICTIMAS



Ejecución arbitraria





Adelso Diaz Mendez

Adolfo Luz

Alberto Alvarado

Alberto Perez

Alonso Ramirez Vargas

Alonso Ramírez

Ana Francisco

Andres Diaz Ramirez

Andres Domingo Perez

Andres Martin

Andres Ramirez Diaz

Angel Garcia Godinez

Angel Morales Velasquez

Angelina Ramirez Diaz

Angelina Vargas

Anita Vargas

Antonio Domingo

Antonio Francisco

Antonio Gaspar Ramon

Antonio Gómez

Antonio Jimenez Domingo

Baltazar Ramírez

Balvina Diaz Perez

Bartolo Baltasar Diego

Bartolome Gaspar

Basilio Bravo

Benjamin Herrera

Catarina Baltasar

Catarina Mateo

Catarino López

Cecilio Domingo Lopez

Comane Escalante Cesensa

Cristina Jacinto

Cristobal Tum

Diego Gaspar Francisco

Diego Tercero

Diego Tercero y Tercero

Diego de Diego Alvarado

Dirineo Geronimo

Dominga Antonio

Domingo Antonio

Domingo Miguel

Domingo Paiz Velasquez

Domingo Velasquez

Doroteo Jimenez

Eduardo Sub Choc

Efraín López

Elvia Gaspar

Emilio Sub Bolom

Eugenio de Leon Lopez

Eulalia Baltasar

Eulalia Ramirez Vargas

Evaristo Sub Choc

Fabiana Joachim Andres

Fabiana Vargas

Federico San

Felipe Fabian Mendoza

Felipe Sebastian Mateo

Felix Cumacxil Vargas

Francisco Baltasar Sebastian

Francisco Perez Domingo

Francisco Vargas

Gaspar Aylom

Gaspar Cardona Camposeco

Gilberto Perez

Gregorio Ramirez

Guadalupe Lopez

Guillermo Diaz Domingo

Guillermo Diaz Mendez

Hugo Gonzalez Tercero

Jairito Abel Figueroa Cruz

Javier Xol

Jesus Jimenez

Jesus Jimenez Perez

Jesus Juan

Jose Manuel

Josefa Recinos

Juan Diaz

Juan Fabian Mendoza

Juan Hernandez Monterroso

Juan Martin

Juana Calmo Lopez

Juana Jimenez Domingo

Juana Matias Garcia

Juana Miguel

Juana Vargas

Lorenzo Baltasar Sebastian

Lorenzo Francisco

Lorenzo Luz Ramirez

Lucia Mendoza Matias

Luis Mendoza Matias

Magdalena Domingo

Magdalena Jose Jimenez

Magdalena Ramírez

Magdalena Ramírez

Manuel Lopez

Manuel Ramirez

Manuel Ramirez Vargas

Manuela Cardona

Marcelino Diego Gaspar

Marcelino Matias

Marcos Diaz

Marcos Diaz Perez

Marcos López Balam

Margarita Diaz Domingo

Margarita Diaz Mendez

Maria Diaz Perez

Maria Francisco

Martín Ramírez de Ramírez

Mateo Baltasar Sebastian

Mateo Juan

Mateo Tercero

Mateo Tercero y Tercero

Matilde Matias Garcia

Merceda Gaspar

Nicolas Francisco

Nicolas Francisco Velasquez

Nicolas Juan Bartolome

Ovidio Perez

Pablo Cardona

Paolo Ramírez

Pascual Lopez Lopez

Paviana Mateo Juan

Pedro Domingo

Petrona Diaz Mendez

Petrona Domingo Mendez

Petrona Mateo Juan

Petrona Mendez Godinez

Rafael Crisanto Morales Gonzalez

Ramona Silvestre Camposeco

Ramón Díaz Jiménez

Rigoberta Garcia Calmo

XXX Ramírez González

José XXX

Rigoberto Perez Ramos

Santiago Mendoza Matias

Santos Luis Velasquez

Sara Diego Gaspar

Sebastian Francisco

Sebastian Pablo

Sebastian Tomas Sebastian

Silveria Escalante Garcia

XXX Marroquin Gaspar

Gémenis XXX

Hugo XXX

Eustacio XXX

Simeona Velasquez Rodriguez

Telesforo Pablo

Teresa Nicolas Miguel

Valentin Mendoza Matias

Vetilvina Figueroa Cruz

Viviana Baltasar

Viviano Casteñeda



XXX Ramírez







Desaparición forzada



Diego Marroquín

Jesús Marcos

José Antonio Hernández Bravo

Ovidio Perez Ramos





Torturas, Privación de Libertad



Manuel Francisco Manuel





Otras Violaciones



Mapolio Palacios Cario

Maria Pascual

XXX Pascual





Muertos por Desplazamiento forzado



Betelvina Figueroa Cruz

Isaias Mendoza Perez

Juana Jimenez Jose

Vicenta Mendoza Perez









Víctimas Colectivas/Desconocidas: 254



1 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

2 Por lo general el término "Ixcán" se utiliza para referirse a un territorio localizado al norte del país, en el departamento de Quiché, comprendido entre el río Ixcán (fronterizo entre los departamentos de Huehuetenango y Quiché) y el río Chixoy, límite entre Quiché y Alta Verapaz. Desde 1985 esta región de 1,574 kilómetros cuadrados adquirió la figura administrativa de municipio. El nuevo municipio de Ixcán, cuya cabecera es Playa Grande (popularmente conocida como Cantabal), se constituyó a partir de territorios que anteriormente pertenecían a los municipios de Uspantán y Chajul, en Quiché y Barillas, en Huehuetenango. Regrese al Texto

3 La Iglesia Católica promovió a partir de 1966 los proyectos colonizadores de Ixcán Grande, y desde 1970 los de Santa María Tzejá, mientras que el Gobierno impulsó el proyecto de la Franja Transversal del Norte, entre 1970 y 1979, y el proyecto 520, entre 1980 y 1982. Regrese al Texto

4 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

5 Ibidem. Regrese al Texto

6 Testigo directo CEH. "Cuando entré tuve que estar seis meses. Me daban 20 cuerdas para sembrar como prueba, ver si cumple con las reglas y si no cumple no se le dará parcela". Regrese al Texto

7 Testigos directos CEH. "Era bueno, generoso, querido por la gente, ni modo adorado por la gente que les está consiguiendo la tierra, los medios económicos, porque él compró las tierras", "Guillermo Woods (...) tiene amor a los pobres, por eso luchó por asegurar la tierra donde estamos ahorita". Regrese al Texto

8 Testigo directo CEH. "La mayoría son mam y q'anjob'al y nos tocó aprender de otras etnias. El enlace de entendimiento fue el castellano. Todos teníamos que cooperar sin distinción de raza ni de color". Regrese al Texto

9 Testigo directo (catequista) CEH. "Aquí se inició la división en la Cooperativa Ixcán Grande y se aprovecharon de esta división en un principio los evangélicos y después los pentecostés". Regrese al Texto

10 C 11240. C 11241. Regrese al Texto

11 C 11580. Regrese al Texto

12 Testigos directos (ex soldados) CEH. "Los oficiales decían que las cooperativas de Ixcán Grande y el padre Guillermo Woods fueron de la guerrilla". Regrese al Texto

13 C 11493. C 11634. C 925. Regrese al Texto

14 Para varios declarantes ante la CEH, se trató de un acto administrativo manipulado por el Ejército. Regrese al Texto

15 Testigo directo (catequista) CEH. "(...) ya se oían las amenazas contra el padre Guillermo porque él estaba haciendo todo el trabajo de la cooperativa en cuanto al asunto de la tierra junto con las directivas. Era quien asesoraba porque tenía claridad sobre los criterios para organizar la cooperativa. Se oía fuera de Ixcán que todos los cooperativistas del padre Guillermo eran guerrilleros. El mismo adelantaba que el Ejército lo estaba persiguiendo". Regrese al Texto

16 El INACOP es un organismo nacional de promoción y apoyo al cooperativismo. Testigo directo (miembro de la junta directiva de Pueblo Nuevo) CEH. "(...) el coronel Castillo era un asesor de la cooperativa. Fuimos a hablar con él en 1981. Nos dijo: 'Ustedes no van a negar que en Ixcán hay guerrilla y ustedes están jodidos. Nada va a quedar neutral, siempre hay dos caminos, en ustedes está la decisión. Yo sé cual es el buen camino pero ustedes deciden, pero ya están jodidos". "¨Dónde está el futuro?", en AVANCSO, Cuadernos de Investigación, agosto de 1992, pg. 41. En declaraciones posteriores del general Héctor Alejandro Gramajo Morales, Ministro de la Defensa Nacional de 1987 a 1990, este militar afirmó: "Hemos llegado a la conclusión que eran pueblos que vivían artificialmente, porque dependían del padre Woods, quien con su avión llevaba y sacaba personas y alimentos de esas comunidades que ensayaban un nuevo tipo de vida. Ese ensayo del padre Woods despertó los celos del gobierno de esa época y en un acto de demagogia política, empezó a llevar en masa a los campesinos en avión y a sacar sus productos por vía aérea". Regrese al Texto

17 Testigos directos Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95, "En el destacamento había entre 100 y 300 soldados". Regrese al Texto

18 Mario Payeras, El trueno en la ciudad, Juan Pablos Editor, México (1987), pg. 17, "Durante el cruento ataque, en efecto, nuestras fuerzas le ocasionaron a la tropa enemiga sitiada cerca de cien bajas". Testigo directo CEH. Según este testigo, murieron aproximadamente 150 soldados. Ricardo Falla, Masacres de la Selva, Editorial Estudiantil Fénix, Guatemala (1997), pg. 38-39, Ricardo Falla indica que la guerrilla causó 130 bajas al Ejército, entre muertos y heridos, y que los muertos fueron "enterrados ocultamente por los soldados en dos grandes hoyos detrás de los destacamentos". Las cifras que se mencionan, sin embargo, no son confirmadas. Tampoco se cuenta con un informe oficial de bajas elaborado por el Ejército. Regrese al Texto

19 Según los diferentes testimonios fueron capturadas entre 14 y 18 personas. Regrese al Texto

20 Testigo directo (familiar de la víctima) CEH. Regrese al Texto

21 Aunque no hallaron los cadáveres de las demás víctimas, hay unanimidad entre los declarantes ante la CEH en afirmar que todos los desaparecidos fueron asesinados en el destacamento. Sin embargo, para Ricardo Falla, algunos miembros de la junta directiva "fueron sacados en helicóptero, probablemente a Playa Grande y desaparecidos, y otros fueron torturados y asesinatos en el destacamento". Ricardo Falla, Masacres de la Selva, Editorial Estudiantil Fénix, Guatemala (1997), pg. 39. Los testimonios de la CEH confirmaron nueve de estos nombres; las declaraciones ante el Ministerio Público, uno; las entrevistas del Equipo de Antropología Forense de Guatemala (EAFG) once. En total once de los quince nombres fueron confirmados por los testimonios. Regrese al Texto

22 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

23 Ibidem. Regrese al Texto

24 Testigo directo (alto mando del Ejército de Guatemala) CEH. "El 12 de noviembre de 1981 el Ejército sacó a todas sus unidades [de Ixcán] y las trajo para Chimaltenango (...) Sólo quedó el destacamento de Playa Grande". Regrese al Texto

25 Testigo directo (miembro del EGP en la época de los hechos) CEH. Regrese al Texto

26 Testigo directo CEH. Según este testigo, los soldados acamparon en su parcela, comiendo su maíz. Al descubriros, decide refugiarse con su familia en un bordo cercano. Cuando regresa para buscar comida, ve a los soldados entrar a la casa y quemarla junto con la milpa. Regrese al Texto

27 Testigo directo CEH. Ricardo Falla, Masacres de la Selva, Editorial Estudiantil Fénix, Guatemala (1997), pg. 74. Regrese al Texto

28 Expresión utilizada para indicar que fueron a preguntar qué estaba pasando, en este caso a la casa de un antiguo miembro del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) que había prestado servicio militar. Regrese al Texto

29 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

30 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

31 La CEH ha confirmado los nombres de 14 víctimas, el Ministerio Público tres y el Equipo de Antropología Forense de Guatemala (EAFG) otros 12. Ricardo Falla, Masacres de la Selva, Editorial Estudiantil Fénix, Guatemala (1997), afirma, sin embargo, que en estos hechos murieron 38 personas. Regrese al Texto

32 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

33 Testigo directo CEH. "Hubo aviso con algunos que venía el Ejército pero no se hizo mucho caso". Testigo directo CEH. "Nadie creía que van a matar a la gente". Regrese al Texto

34 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

35 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

36 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

37 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

38 Ibidem. Regrese al Texto

39 Ibidem. Regrese al Texto

40 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

41 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

42 Testigo directo CEH. El testigo estaba en el centro cuando llegaron los soldados. En principio huyó pero después regresó para recoger su carga y cuando estaba de nuevo en el centro una bala le atravesó la playera sin herirlo. Para salvar su vida se tiró al suelo haciéndose el muerto en medio de los fallecidos. Regrese al Texto

43 Mapa elaborado sobre los datos aportados en: Ricardo Falla, Masacres en la Selva, Editorial Estudiantil Fénix, Guatemala (1997), pg. 87. Regrese al Texto

44 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

45 Ibidem. Regrese al Texto

46 Ibidem. Regrese al Texto

47 Ibidem. Regrese al Texto

48 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

49 Testigo directo CEH. La expresión significa que iban a ser violadas. El mismo testigo escuchó al oficial decir a los soldados: "No las queremos mucho porque son las novias de la guerrilla. No podemos casarnos con ellas". Regrese al Texto

50 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

51 Ibidem. Regrese al Texto

52 Ibidem. Regrese al Texto

53 Ibidem. Testigo de referencia CEH. "Conocí a un soldado que participó en la masacre de Cuarto Pueblo (...) Me contó que hubo una matanza grande (...) Cuando los niños veían caer a sus padres, salían huyendo y había un soldado detrás de la pared y con un machete les cortaba el cuello según pasaban". Regrese al Texto

54 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

55 El EAFG realizó excavaciones en los sitios que en otro tiempo ocuparon la escuela, el mercado, la capilla evangélica y la clínica. En sus conclusiones precisa que "la evidencia recolectada en los sitios mencionados mostraba la polifragmentación y carbonización de todos los restos óseos recuperados, prueba de la exposición de estos a altas temperaturas por espacios de tiempo prolongados. Así lo demuestran también otros objetos recuperados al mismo tiempo y los cuales se encontraban entremezclados con los restos óseos, tal es el caso de los objetos de metal y fragmentos de vidrio fundido". Regrese al Texto

56 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

57 Testigo directo (sobreviviente) CEH. Regrese al Texto

58 Testigo directo CEH. Respecto de las mujeres mayores, el mismo testigo recuerda que los soldados dijeron: "Ya son huesos, no puedo usar (...) hay que acabar". Regrese al Texto

59 "Usar" corresponde a "violar sexualmente". Regrese al Texto

60 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

61 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

62 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

63 Especie de pavo. Regrese al Texto

64 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

65 Testigo directo (sobreviviente) CEH. Regrese al Texto

66 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

67 Ibidem. Testigo directo CEH. Este testigo trabajó muy próximo al Ejército en Ixcán, "muchas comunidades eran campesinos de día y guerrilleros de noche (...) buena onda de día y de noche combatientes. En Ixcán no viven aislados y sobrevivir [la guerrilla] en la selva era imposible. Había grupos en la selva pero la mayoría vivía con su familia y era donde el Ejército entraba en psicosis y comenzaba a matar a todo el mundo y mataban a toda la familia porque si uno quedaba era lógico lo que iba a pasar". Regrese al Texto

68 La fecha precisa del fin de la masacre no está confirmada, tampoco lo está la fecha exacta de la salida del Ejército del centro. Según varios testigos que declararon ante la CEH los soldados estuvieron en el lugar más de una semana. Regrese al Texto

69 Ricardo Falla reporta 324 personas muertas o desaparecidas. Además de estas víctimas, los testimonios ante la CEH aportaron 54 nuevos nombres, los declarantes ante el Ministerio Público añaden otros 17 y las entrevistas del EAFG incorporan otras 53 víctimas. Regrese al Texto

70 Testigo directo CEH. Regrese al Texto

71 Testigo directo Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

72 Testigo directo CEH. Este testigo acudió a Cuarto Pueblo poco después de la salida de los soldados. Regrese al Texto

73 El destacamento militar permaneció en el centro de Cuarto Pueblo hasta abril de 1994. Regrese al Texto

74 Oficios de fecha 16 de octubre de 1996, 27 de noviembre de 1996, 26 de febrero de 1997 y 19 de junio de 1997. Regrese al Texto

75 Ministerio Público de Cobán, Expediente 1370-95. Regrese al Texto

76 Oficio No. 002-MDN-acom/98. 1 24



FALLA, Ricardo
Masacres de la selva
Editorial Universitaria, Guatemala 1992.
I. El foco del libro.
El autor es un sacerdote jesuita, también antropólogo, nacido en Guatemala en 1932. Profesor de las universidades de los jesuitas en Guatemala, El Salvador, Nicaragua y de la estatal de Guatemala.
Entre sus obras están la editada por la Universidad estatal de Guatemala, Rebelde (1978) y la editada por la UCA de El Salvador, muerte que nos hace vivir (1986).
La obra de la selva, ha sido editada por la USAC, con un tiraje de dos mil ejemplares. Comprende 229 páginas de texto y un apéndice fotográfico.
Geográficamente el autor centra su "denuncia" —así califica su obra— en la región selvática del Ixcán, situada en el departamento del Quiché, que colinda con los departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, Baja Verapaz, Alta Verapaz, Petén y la frontera con México. La cabecera departamental es Santa Cruz del Quiché.
Región montañosa, selvática, de muy difícil acceso y tránsito. Su aislamiento de siglos apenas ha disminuido con la inmigración de campesinos en las últimas décadas. Los pobladores son los descendientes de los diferentes grupos étnicos asentados ahí desde la época de la decadencia maya. Poseedores de una gran tradición, rica en los valores de lo sagrado de la vida, de la familia, de la tierra, de la propiedad, han vivido dispersos y aislados. La labor de evangelización ha sido ardua. El olvido por parte de la autoridad civil, ha sido de siempre.
Con más precisión, el área geográfica delimitada por el autor es la región de Ixcán, desde el río Chixoy, límite entre los departamentos de Quiché y Alta Verapaz, hasta pasado el río Ixcán.
Hacia el sur el Triángulo Ixil, que lo forman los municipios de Nebaj, Cotzal y Chajul. Ixcán propiamente dicho es una aldea constituida como municipio del Quiché en agosto de 1985.
Cronológicamente el autor circunscribe su denuncia a "un periodo pequeño de historia (1975-82) que es el foco del libro" (p. V).
Algunas consideraciones pueden ayudar a comprender este "foco".
La historia nacional marca una fecha importante con la revolución política llevada a cabo en octubre del 44. Alentaron grandes esperanzas. Hubo reformas sociales. Se planteó seriamente una reforma agraria. Los sindicatos y los partidos políticos iniciaron una vida como nunca antes se había tenido en el país. Al terminar el primer periodo de gobierno (45-50), comenzaron a perderse esas esperanzas. La reforma agraria se había convertido en instrumento político; los sindicatos eran unos grupos de presión manejados por el Partido Guatemalteco del Trabajo (Partido Comunista); el "antiimperialismo yanqui" era una bandera nacionalista agitada por un internacionalismo que llevaría al país a ser víctima de la guerrilla internacional comunista hasta la fecha actual. Una literatura alimentada por el sentimiento de la revolución, ha hecho un mito de lo que era un sano movimiento popular. Los líderes del movimiento dieron un violento viraje hacia la dictadura del partido único, lo que determinó que en el año 54 se produjera otro movimiento popular que acabaría con un régimen que se anunciaba como una dictadura al modo de la de Castro en Cuba y de los sandinistas en Nicaragua.
El movimiento no gozó de la popularidad compacta que había tenido la revolución de octubre del 44. Y a partir de entonces puede decirse que comenzaron dos historias: la historia de Guatemala, entendiendo en este caso por guatemalteco lo que generalmente se entiende por ciudadano, y la historia del "pueblo revolucionario de Guatemala", tomando pueblo en el sentido marxista y socialista: prerrogativa aplicable a una persona, a una institución o al anonimato.
Para algunos el movimiento del año 54 frenó la revolución de octubre y trazan un paréntesis que se cierra hasta en el año 60.
En ese año, con el alzamiento de los que constituyeron el Movimiento llamado de Noviembre (movimiento militar no popular), se reivindicaría la revolución. Podría suponerse que era la revolución de octubre. La realidad era muy distinta: era la revolución internacional marxista que pretendía hacer de cada país centroamericano un Vietnam.
Tomó cuerpo la historia paralela: la del de Guatemala y la del revolucionario de Guatemala.
En esta historia paralela, "la popular" acusaba a la historia "oficial" de estar escrita con sangre del pueblo, y empezó a escribir la suya propia con sangre de ciudadanos. Y fue a partir del año 1960 que empezó una violencia como nunca se había vivido en los años de las dictaduras más crueles: el secuestro, el asesinato, el genocidio, la masacre, el saqueo, tomaron carta de naturaleza en todos los rincones del país, legitimados por "ajusticiamientos del pueblo", "botín de guerra", "impuesto de guerra", "insurgencia", "contrainsurgencia". Los guerrilleros se han servido —igual que lo ocurrido en todos los países víctimas de la guerrilla— de la población civil como escudo humano para sus operaciones militares. La destrucción de los servicios públicos y los daños morales y físicos al pueblo, serían muy difíciles de determinar.
Esta historia alcanza su punto culminante con el triunfo sandinista (1979), hecho posible por el apoyo del "imperialismo" norteamericano. La guerrilla operante en Guatemala celebra el triunfo como propio.
La historia "oficial", mientras tanto, continuaba acumulando en su haber la descomposición moral derivada de una burocracia que rebalsaba de los poderes públicos, de las instituciones públicas, de la misma universidad estatal, e inundaba el país, y del centralismo paralizador de un Estado burocrático.
Todas las instituciones del país han sufrido una sacudida violenta y se han visto acorraladas por el terror de la llamada "izquierda" y de la llamada "derecha". Las dos tuerzas han competido en crueldad y en cinismo.
La lucha a muerte, conforme el pueblo que trabaja y saca el país adelante ha ido consiguiendo escaparse de la manipulación, ha quedado finalmente entre los dos enemigos de las mismas características militares, aunque no jurídicas ni políticas: el ejército y la guerrilla.
La guerrilla ha contado siempre con la ventaja de unos medios de comunicación social que le han hecho resonancia internacional, y una prensa nacional amedrentada por el asesinato de periodistas.
La denuncia de Masacres de la selva hay que situarla en este contexto. Hay que tomar en cuenta que el autor afirma que él ha hecho su "opción": denunciar las masacres de uno de las dos ejércitos.
II. El libro.
Masacres de la selva consta de una introducción y dos partes. La primera parte tiene cuatro capítulos y la segunda diez. El capítulo 14 recoge las conclusiones. El libro finaliza con las páginas 231-33 de bibliografía y un apéndice fotográfico. Su fecha de impresión es de 21 de agosto de 1992.
Introducción.
Tres subtítulos señalan las ideas fundamentales: Testigo de cosas tremendas, ¿Para qué escribir sobre masacres?, Un vistazo a la historia reciente de Guatemala.
Un testigo cuenta al autor lo que vio en la base militar Playa Grande: "Hay dos que son destazadores. Tienen una estrella en la frente y una cruz en el brazo y en medio de la cruz una espada... Sólo embrocan al hombre que agarran y, taz, le meten el puñal y lo sacan con sangre y lo lamen!... "sabroso el pollo", dicen los soldados matagentes... ".
A la pregunta que él mismo se hace, por qué escribir sobre masacres, el autor responde que es dar testimonio, anunciar la realidad existencialmente positiva del testigo que dice "estar vivo". Su testimonio es una buena noticia y el autor del libro, que no ha sido testigo inmediato de nada, hará de intermediario del anuncio. Dice el autor: "Nos parecemos al evangelista Marcos, que narró la buena nueva sin ser testigo inmediato. Como él, hemos intentado recoger cientos de testimonios y darles una estructura interpretativa. La buena noticia que proclama Marcos es, como la que estamos proclamando, "la narración inconclusa de una práctica violentamente truncada", la narración de un judío fracasado que —sin embargo— vive en la fe de las comunidades perseguidas que creen en él". Prosigue el autor: "En esta cadena del anuncio, la fe es un elemento indispensable que atraviesa todos los testimonios, porque la buena noticia no puede ser aceptada más que voluntariamente". Señala la dificultad de creer que tendrán muchos, ya que al mismo testigo y a las víctimas "les costaba trabajo creer que el ejército cometiera esos crímenes, y como veremos en muchos testimonios, esa falta de fe les costó la vida". El autor confiesa que él también tuvo que pasar la barrera de la incredulidad, en 1982, cuando oyó la historia del testigo más privilegiado de la masacre de San Francisco, Nentón, Huehuetenango. De acuerdo con su papel de nuevo evangelista afirma: "Allí metimos los dedos en las manos de este pueblo y nuestra mano en su costado, para probar que ese pueblo había estado mortalmente herido, pero que vivía". Insiste en su incredulidad anterior y de su búsqueda del testigo entre los campamentos de refugiados "hasta dar con él, porque nos parecía increíble que pudiera darse la masacre".
Se plantea la exigencia de una actitud crítica ante los testigos para tener fe en ellos, pues los hay falsos que "su intención no es el anuncio de la vida, sino la satisfacción de intereses creados". De ahí la necesidad de cotejar los testimonios, de "encontrar la coherencia interna de los mismos Jerarquizando su valor de acuerdo con la cercanía de los hechos a la capacidad retentiva e interpretativa del testigo y a la veracidad y honradez del mismo". Y continúa la justificación de su libro: "En los lectores el anuncio también exige la fe para ser comprendido. Muchas personas al sólo ver el título del libro, lo excluirán visceralmente, porque dirán que es bazofia ideológica pasada de moda. Otras con la primera página se sentirán repelidas y golpeadas. Otras se adentrarán en su lectura pero los pájaros de las distracciones se llevarán la palabra. Otras se conmoverán, tal vez se convertirán y se preguntarán 'qué podemos hacer'. Habrá reacciones muy diversas, pero todas harán referencia a la fe en el anuncio". En nota a pie de página señala: "Véase la parábola del sembrador: Mateo 13, 4-23". La respuesta a la pregunta: ¿Para qué escribir sobre masacres?, se encuentra aquí: porque es escribir no una buena nueva, sino la buena nueva, es escribir el nuevo evangelio de un Jesús nuevo, un pueblo nuevo, una fe y una salvación nueva. Pide fe al lector, "pues sobre la aceptación de su mensaje gira la vida o la muerte". Tanto más fe cuanto que "el entorno social y político sigue siendo amenazante y peligroso para los testigos y por eso no se les puede identificar para que cualquiera pueda reconfirmar las entrevistas". Se pide al lector una fe ciega en unos testigos anónimos, interpretados a su vez por el autor. Se da cuenta de este vacío de su testimonio-interpretación y se ve obligado a justificarse: "La peligrosidad del anuncio deriva de la cara de denuncia que necesariamente exige el anuncio. El testigo, al anunciar que vive, lo hace con la fuerza de la denuncia de que el ejército tiene a soldados matagente especializados en acuchillar a las víctimas antes de quemarlas. La denuncia es un grito que despierta agresividades tremendas, incluso, aunque parezca paradoja, que puede inducir a repetir las mismas atrocidades. La denuncia grita: ustedes asesinaron al justo". Otra vez acude a la Sagrada Escritura con una cita de los Hechos de los Apóstoles, 7, 52-53, para compararse, esta vez, con el protomártir San Esteban: "A los diez años, también nosotros estamos denunciando lo que hemos oído". Reconoce lo complejo de la tarea que ha tomado: exigir la investigación de los hechos, autores materiales, intelectuales, teorías y prácticas contrainsurgentes y reconoce que no podría remontarse "a todas las causas". Y acota su campo: "Por brevedad y fuerza nos centraremos en los hechos de sangre o semejantes: desapariciones, torturas, asesinatos selectivos, asesinatos de varias personas a la vez, masacres de grupos, masacres masivas de aldeas enteras, que pueden bien catalogarse de genocidio'. No tratará por lo tanto de ningún otro aspecto, ni aludirá a las causas, que no interesan al objetivo que persigue: la denuncia del ejército del Estado.
Su vistazo a la historia reciente de Guatemala lo plantea desde lo que se ha dado en llamar "movimiento popular" y que necesitaría algunas precisaciones históricas. Lo divide en 4 períodos caracterizados por "flujos y reflujos de grandes fuerzas en pugna. El flujo —dice— es una oleada popular que con expresiones políticas se alza en busca de una sociedad más justa, y el reflujo es el golpe de represión que la hunde de nuevo y la aletarga".
Desde su perspectiva los cuatro períodos serían éstos:
I Periodo (1944-1954)
Flujo. Oleada popular.
Organización de sindicatos, los pueblos indígenas comienzan a participar de las votaciones, se autorizan los partidos políticos, se extiende la educación, se reparten las tierras entre los pobres. Este flujo toca los intereses de los terratenientes nacionales e internacionales.
Reflujo. Golpe de represión.
Invasión de Castillo Armas. Y el autor señala las primeras masacres de su relato: "... hemos oído testimonios de testigos de Tiquisate en la costa sur, donde estaban las posesiones de la compañía frutera, que cuentan de los cadáveres que en 1954 se enterraron con tractor en la finca Jocotán de ese municipio" (p. VII).
II Periodo (1954-1966)
Flujo. Oleada popular.
"Se caracteriza por el nacimiento de las primeras fuerzas guerrilleras que, después del triunfo de la Revolución Cubana (1959) se organizan a partir de un alzamiento frustrado de oficiales (1960) y de brotes guerrilleros fracasados, como el de Concuá (1962) en Baja Verapaz. Se fundan las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) ese mismo año de 1962 y operan en zonas predominantemente ladinas (no indígenas) del país, que son las de Oriente, y en la ciudad capital".
Reflujo. Golpe de represión.
1966. El ejército desarticula la guerrilla "causando en el proceso de pacificación muerte de nueve mil civiles".
Surgen muchos movimientos pacíficos que "abonarían el campo para la guerrilla del siguiente periodo. Las selvas del norte del país, se abren a la colonización y grandes números de población indígena las roturan, cultivan y pueblan" (p. IX).
El autor señala en estos años un poderoso resurgimiento religioso que organiza a los indígenas "para romper con costumbres que, como totalidad, ya no podían dar salida a la problemática de esos pueblos. Se organizan bases en las aldeas y parajes y se promueve a los líderes que primero lucharán en la Acción Católica (principal organización de tipo religioso), y luego se integran a partidos que entonces ocupaban el espacio de la izquierda en el espectro político, como la Democracia Cristiana" (p. IX).
III. Periodo (1966-1982)
Flujo. Oleada popular.
"El tercer periodo (1966-2982) ve nacer en 1972 a dos organizaciones guerrilleras: la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA) en el altiplano y bocacosta, y el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), que inicia su trabajo político precisamente en el área donde luego se darán las masacres que describiremos en este libro, el Ixcán. El movimiento popular encuentra un estimulo en el renacimiento de la guerrilla, ya sea que tenga una relación con ella, sólo converja, o simplemente camine paralelo. La victoria sandinista en Nicaragua (1979) hace relucir el triunfo de la revolución guatemalteca en el horizonte como una posibilidad muy cercana, generándose un aceleramiento muy grande en las movilizaciones y una radicalización en las acciones populares" (p. XI).
Reflujo. Golpe de represión.
"A la vez el ejército comienza a responder y a impedir que el pueblo encuentre una salida a sus aspiraciones organizativas, y la represión se vuelve muy sangrienta, culminando con la política de tierra arrasada del año 1982. Culmina el periodo con las terribles masacres que se abren como llagas en el mapa vivo de Guatemala, especialmente en el área indígena del país. 440 aldeas son destruidas, según el ejército, y el número de los muertos, principalmente población civil, se calcula —según las primeras estimaciones, más conservadoras— entre 10 y 20 mil, y según estimaciones con base en datos más confiables, entre 50 y 75 mil" (p. XI).
IV. Periodo (1982— )
Flujo. Oleada popular.
"El cuarto periodo (1982— ) es el que actualmente estamos viviendo. Después de los años sangrientísimos de 1982 y 1983 en que los gobiernos militares del general Lucas García (1978-1982) y del general Efraín Ríos Mont (1982-83) quisieron quitarle el agua al pez para que el pez muriera, y derramaron sangre inocente como si fuera agua" (p. XI).
Reflujo. Golpe de represión.
"... el movimiento guerrillero ya unificado en la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) levantó de nuevo su lucha militar y política hasta encontrarse actualmente en negociaciones con el Gobierno" (p XI).
III. Observaciones a la introducción.
Es importante tener en cuenta cómo estrecha su mira el autor para elaborar un esquema en el que la guerrilla se encuentra siempre colocada en la "oleada popular", aunque los hechos digan lo contrario (IV periodo).
En cuanto a las estadísticas, conviene tener en cuenta cómo se manejan. Después de develados los mitos de la revolución y el progreso del Partido Comunista soviético y el mito deslumbrador de la revolución cubana, no pasan de tener un valor de "referencia".
En cuanto al primer periodo, según su esquema, pasa por alto —de acuerdo con su "opción"— el asesinato del Coronel Javier Arana y los innumerables torturados y asesinados en los años 52-54 acusados de "anticomunistas" o "antirrevolucionarias' Según su esquema y método quedaría justificado el reflujo popular de un país formado en su mayoría por creyentes ante un grupo opresor que torcía buena nueva de la revolución de octubre del 44. También seria necesario precisar —por respeto a la verdad de los hechos y poder formarse juicio el lector— que no hubo repartición de tierra a los pobres: se les dio el usufructo de tierras estatales (Cfr. Carlos Manuel Pellecer, Algunas cuestiones de la tierra en Guatemala, Serviprensa Centroamericana, p. 62).
El dicho popular de que la guerrilla siempre negocia con cadáveres, dice cuál es su popularidad. Los dos ejércitos han mantenido la impopularidad de la guerra, y la impunidad de la guerrilla ha elevado a grado académico la impunidad del militarismo.
Respecto al tercer periodo y el repunte de la guerrilla, ha de tomarse en cuenta lo señalado en el Simposio Internacional sobre la lucha contra el narcotráfico (Madrid, 1993), en el que se ha señalado cómo la guerrilla estrechó vínculos con el narcotráfico en los años 70.
En el terreno de los hechos, el asesinato, por parte de la guerrilla, del político Jorge Luis Arenas, que vivía en el Ixcán, marcó el inicio de la intervención contrainsurgente.
IV. Primera Parte: Represión selectiva.
Después de este esquema teórico el autor comienza su relato. De acuerdo con sus testigos, el 10 de junio de 1975 el ejército llevó a cabo una primera redada en el poblado de Xalbal (Ixcán). Con lista en mano recorrieron las casas para dar con los guerrilleros o con los presuntos guerrilleros de la población.
El 6 de julio llevó a cabo una segunda redada. Era domingo y la población había asistido al mercado. En total, según los testigos, habrían desaparecido en estas redadas "alrededor de quince personas". De otras partes de Ixcán habría desaparecido una persona. "El número que se ha manejado en las denuncias nacionales e internacionales es de más de 30 personas desaparecidas" (p.71).
Las denuncias nacionales rápidamente alcanzan el nivel internacional al llevarse la denuncia al Congreso de los Estados Unidos. Se elaboró un informe basado en "entrevistas" hechas en el Ixcán y "el informe de estas personas —no se señala quiénes fueron— pasó al Consejo Nacional de Iglesias de Cristo de los Estados Unidos. El Reverendo William L. Wipfler viajó a Guatemala (30-1-76) para entrevistarse con las autoridades antes de presentar una denuncia formal ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos" (p 9). El Ministerio de la Defensa le aclaró que habla llevado a cabo "una operación contrainsurgente". Wipfler denunció a Guatemala —no al ejército ni a la guerrilla— ante el Congreso de EEUU. Luego Amnistía Internacional haría la denuncia de los secuestros del Ixcán al final de ese año de 1976.
El "contexto político militar" de estas redadas, era la insurgencia y los asesinatos efectuados por los guerrilleros. "El ejército capturó, torturó y desapareció a los quince parcelistas, por considerarlos guerrilleros". El autor hace un relato rápido del fracaso de las FAR "por no tener raíces en la población" (p. 9), más las derrotas que le infringía el ejército. Sin darse por vencida y con el apoyo económico y militar de Castro, luego del sandinismo, de la guerrilla salvadoreña y de todos los afines a este "movimiento popular", la insurgencia vuelve a organizarse en enero del 72. Comercializa lo de "popular", ya que seguía sin raíces en el pueblo, con el membrete de EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres) en mayo de 1975.
Comienza a cobrar su "impuesto de guerra", con la muerte de un sospechoso de "espía del ejército"; exige la colaboración de la población civil que ha de colaborar o sufrir el secuestro, la tortura y el "ajusticiamiento". La cooperación exigido supone el abastecimiento y el "reclutamiento forzoso de guerrilleros.
El año 66 lleva a los primeros colonos al Ixcán un sacerdote de Maryknoll, el P. Eduardo Doheny, y está con ellos para tomar posesión de las tierras en el marco de un proyecto en combinación con el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA). En 1969 el P. Doheny es sustituido por el P. Guillermo Woods, que da un giro al proyecto: lo desliga del INTA, invita a más gente del altiplano e insiste en la tenencia colectiva de la tierra. Así se forma la Cooperativa Ixcán Grande (1970).
Al terminar este capítulo el autor emite su juicio: "como decíamos en la introducción, estamos movidos por la urgencia de los testigos a decir: ustedes asesinaron al justo". Y añade: "también queremos adelantar que al hacer sobre la acción del ejército estamos prescindiendo del juicio sobre la acción de la guerrilla. Prescindir significa que no decimos que no, ni sí: no reprobamos ni aprobamos los hechos. Lo hacemos por método" (p. 13).
En el capítulo segundo "Persecución a la Iglesia", narra la muerte del P. Woods en un accidente aéreo, junto con otros cuatro norteamericanos al Norte de los Cuchumatanes al aproximarse al pueblo de Cotzal. "Todos los testigos del Ixcán con quienes hemos hablado, invariablemente acusaron al ejército de haberlo bajado (20 de noviembre de 1976)".
Le sucedió en la tarea el P. Carlos Stetter, alemán, que fue apresado en Huehuetenango y expulsado del país el 19 de diciembre de 1978. El autor afirma en el texto que el P. Carlos sí 19 de diciembre de 1978 "fue apresado en Huehuetenango por el ejercito y expulsado del país". A pie de página anota: "Según algunos testigos el ejército lo sacó del Ixcán en 1980. Pero no es una opinión generalizada, ni bien fundada, aunque tal vez pueda ser cierto. La última vez que dejó el Ixcán fue en marzo de 1980".
En febrero del 79, con el nuevo sacerdote de Maryknoll llega el "movimiento carismático católico" al Ixcán, que en el relato de las "Masacres de la selva" tendrá el papel, según el autor, del "incrédulo de la buena nueva anunciada por el pueblo" y por esto, por no creer en el pueblo, los carismáticos serán víctimas de la masacre.
El 4 de junio de 1980 el P. José María Gran, sacerdote español del Sagrado Corazón, de la diócesis del Quiché, es emboscado (insurgencia-contrainsurgencia) junto con su sacristán, al volver del Ixcán a Chajul. Según el comunicado del ejército "dos subversivos murieron en combate".
"El ejército ejercía control sobre las celebraciones de los animadores y sospechaba de todo y de todos. Buscaba guerrilleros. Amenazaba, adulaba y prometía. Buscaba aprovecharse de las divisiones entre los grupos religiosos. Católicos y evangélicos corrían la misma suerte. En un momento determinado el ejército llega a considerar que la religión era pantalla sólo de la guerrilla" (p. 24).
Capítulo Tercero: "Secuestros y torturas (1979-81)".
"Durante los años 1979 a 1982 se dio en el Ixcán Grande una racha de secuestros individuales consumados (la persona no fue luego liberada) y de asesinatos nocturnos individuales. Estimamos que deben haber sido unos 50 casos, aunque nosotros no tenemos documentación más que de los 22 siguientes", y el autor da los nombres y la cooperativa a la que pertenecían. "Si el el Ixcán Grande es tan sólo parte de todo el municipio actual del Ixcán, en todo el Ixcán el número de secuestros consumados y asesinatos nocturnos individuales seguramente pasó de 100" (pp. 25-26).
Relata cómo sucedió con algunas de estas víctimas de la violencia de la insurgencia-contrainsurgencia. Pasa luego con sus testigos anónimos a hablar de la tortura, de la estrategia de la resistencia a la tortura. Registra el autor que en estos años "el movimiento guerrillero fue creciendo, sobre todo con el impulso que le dio el triunfo sandinista (19 de julio 1979). La generalización de la guerra de guerrillas se inició en el altiplano Ixil en octubre de 1979 y se preparó en el Ixcán una concentración de fuerzas, que el ejército debe haber detectado. Y así en esta generalización de la guerra y el triunfo sandinista "la contrainsurgencia desembocó en las grandes masacres" (p. 35).
Capítulo Cuarto: "Masacres selectivas y terror (1981)".
"El 30 de abril de 1981 cayeron víctimas de la represión del ejército 15 hombres de Cuarto Pueblo en el mismo poblado de esa Cooperativa. Seis fueron desaparecidos y nueve fueron asesinados allí mismo".
Ese día 30 la guerrilla "había lanzado un ataque al destacamento de Cuarto Pueblo. Pretendía tomar el cuartel y repartir las armas para formar otras unidades militares" (p. 38). "Según los partes guerrilleros de entonces, la guerrilla le causó 230 bajas al ejército, entre muertos y heridos, y estaba ya para tomar el cuartel, cuando llegó la fuerza aérea para bombardear y dejar tropas de refuerzo". Derrotado el ejército insurgente, la compañía atacante era la "Compañía 19 de enero", el ejército del gobierno entró a sangre y fuego. "En los meses posteriores a] combate de Cuarto Pueblo, los secuestros no fueron haciéndose sólo para lograr información sino más aún para intimidar al pueblo".
V. Segunda parte.
La segunda parte "Tierra arrasada", se inicia con lo ocurrido entre el 13 y el 28 de febrero de 1982. El ejército del gobierno se había retirado de todos los destacamentos del Ixcán (excepto Playa Grande) el 17 de noviembre de 1981. El ejército insurgente aprovechó esta oportunidad para afirmarse y presionó de tal manera que el ejército gubernamental tuvo que regresar a mediados de 1982. Según los datos del autor, en esas tres semanas de febrero (del 13 al 28) este ejército habría matado a 117 personas en el área oriental del Ixcán: en Santa María Tzejá, en Santo Tomás, en San Lucas.
A las masacres de las semanas de febrero se sumó la de Cuarto Pueblo, cuando la guerrilla, a principios de marzo lo ocupó militarmente, y la de Nueva Concepción.
Los sobrevivientes de estas operaciones militares de la insurgencia-contrainsurgencia, optaron por la montaña y por buscar refugio en México.
El ejército (gubernamental) permaneció en Cuarto Pueblo hasta el 23 de marzo en la madrugada, en la que salió para Xalbal. Este día, a las 3:30 de la tarde el presidente Lucas se rendía al golpe de Estado. Tomaba el mando Ríos Mont. Ahora "en vez de masacrar, los oficiales intentarían organizar una aldea estratégica con patrullas civiles" (p. 131)
El general Ríos Mont al frente de la Junta surgida del golpe de Estado tomó sus medidas: "La medida principal de la Junta fue suspender la Constitución, con el fin de reestructurar el aparato de Estado para acomodarlo al modelo de un ágil Estado contrainsurgente. La sola cohesión del ejército lograda por el golpe, aumentaría la capacidad de contrainsurgencia en el interior del país".
"Al domingo siguiente de la reunión de pantalla con los carismáticos, la guerrilla hizo una incursión armada de Xalbal (21 de marzo) para persuadir a la gente que saliera del poblado" (p. 145). El ejército gubernamental se presentaría ahí el 31 del mismo mes y permanecería hasta el 5 de abril, en operaciones de rastreo: capturas y muertes en cadena. Apenas abandonado, el ejército insurgente volvió a hacerse presente. El ejército gubernamental volvería en mayo al mismo campo de operaciones. Ya no había poblaciones. Ahora se trataba de campamentos. Golpeados por la insurgencia y la contrainsurgencia, hombres, mujeres y niños huían de un lado a otro.
El autor señala en el capítulo doce la tortura del fuego, quemados vivos, el rastro del cuartel del Quiché, el crematorio de Playa Grande, los calabozos. Al término del capítulo, el autor resume lo dicho y vivido por los testigos en lo que llama "experiencia religiosa": contraposición de dos actitudes ante la muerte, la que se resigna y la que lucha.
VI. Conclusiones.
"Hemos documentado —escribe en el último capítulo— el caso de 773 víctimas civiles de la contrainsurgencia guatemalteca en Ixcán durante el periodo de ocho años, entre 1975 y 1982. Dado que nuestro estudio no es exhaustivo, especialmente para la parte oriental del Ixcán, una estimación global del número de víctimas lo ubicaría por encima del millar., entre un mil y mil doscientas personas. Es decir, una proporción de 2 a 2, 7% del total de la población" (p. 217). Después de resumir lo expuesto en el libro, llega a las siguientes conclusiones:
a) "Se corrobora la idea de que la contrainsurgencia lleva intrínsecamente la dinámica de la violación del derecho más sagrado de los derechos, el de la vida. Esa dinámica es intrínseca a la contrainsurgencia, porque trata de detener las aspiraciones populares, y es tanto más sangrienta cuanto dichas aspiraciones toman cuerpo con más y más fuerza para su realización".
b) "Las masacres han de interpretarse también como la expresión remodelada de la contradicción tradicional entre la comunidad indígena corporativa y el Estado ladino. El carácter racista y discriminatorio de la sociedad ladina se plasma en el Estado y en el ejército confiriéndole a la contrainsurgencia una particular crueldad".
c) "El ejército marginó a la Iglesia de la tramitación de tierras y de la comercialización de los productos, pues ella no cumplía con su papel tradicional de legitimación del Estado ladino" (p. 223).
d) "En el proceso de interferir y tratar de controlar a la comunidad indígena, el Estado ladino (ejército ladino) chocó con una barrera cada vez más impenetrable de información".
e) El ejército actuó desde el estereotipo ladino del indio. "Tres aspectos del mismo (estereotipo) son los más salientes: a) que el indio es un ser vil y despreciable, cuya vida vale menos que la de una persona normal y puede eliminarse sin escrúpulos para salvar a la patria de un gran mal, como el comunismo; b) que el indio es por naturaleza traidor y mentiroso, de modo que aunque no esté mintiendo, el ladino sospecha que lo engaña v no hace falta comprobarlo, incluso si de esa sospecha depende la vida del indio; c) que el indio es como un niño, fácil presa del engaño por parte de otros".
f) "El proceso de decisión de las masacres pone de manifiesto la inseguridad del Estado ladino en su identidad, una inseguridad que llevamos oculta" (p. 224)
g) ¿Por qué el ejército mató también a los ladinos de esas comunidades? "Una razón podría ser que muchos de ellos eran racialmente indígenas. Pero no parece ser esta una razón suficiente, porque también masacró a "ladinos viejos", de ancestros blancos, aunque pobres. Entonces la razón más plausible es que el ejército identificaría a la comunidad indígena, como un todo, donde no se podría concebir que hubiera una parte sana porque la mayoría indígena habría contagiado de su manera de ser, decidir y defenderse a la minoría ladina".
h) ¿Por qué el ejército no trató de acabar con toda la comunidad indígena? "La respuesta es que nunca pudo el ejército querer terminar a todo el pueblo indígena, aunque el indígena reprimido así lo sintiera, por dos razones: porque el indígena es brazo de la economía nacional y porque no toda el área indígena del país era lugar de insurgencia. El racismo sólo especifica a la contrainsurgencia, no la sustituye".
i) La persecución del ejército tuvo "una veta de persecución a la Iglesia. "La persecución a la Iglesia fue una muestra de desconfianza de fondo contra ella por no cumplir con su papel tradicional de legitimadora del Estado ladino".
j) Las comunidades indígenas son organizaciones populares como las de los desplazados, mujeres, damnificados y campesinos (p. 226).
k) De estas masacres brota algo nuevo, "un colectivismo flexible y humano que no rompe el sentimiento del hogar (la cocina era familiar, no colectiva), ni desoye los gustos o necesidades personales o de cultura (se mantienen parcelas familiares), ni destruye las identidades sociales étnicas o del municipio de procedencia (de "paisanos"). Sólo las relativiza, englobándolas en la comunidad, donde la reunión del grupo asigna a cada uno su tarea en la producción o en otros menesteres. Todas estas semillas de aurora son los temas más o menos explícitos que los testigos destacan sobre la sombra de muerte sobre masacres. Por eso, hemos dicho desde el principio que este libro trae una buena noticia".
l) "El localismo indígena se pierde, porque para el refugiado es más importante el ser de Guatemala que el ser de tal pueblo. Pero no se rompen los lazos de paisanos, ni se suprime la identidad étnica de los campamentos abigarrados de tantas lenguas y trajes, sólo se adquiere una conciencia más viva de nacionalidad".
m) "Esta identidad nacional se profundiza también por la experiencia de la lucha política a nivel de los gobiernos de México y Guatemala, cuando el refugiado quiere hacer valer sus derechos para una vida digna y para un retorno seguro, porque la sangre derramada del pueblo de los refugiados no puede ser olvidada".
El último párrafo del libro dice: "En este libro hemos querido trasladar la buena noticia de los testigos damnificados del Ixcán, pero la buena noticia exige la fe para creer en ella, de la misma forma en que los testigos creyeron en las medidas de autodefensa para salvarse, mientras otros que no creyeron en ellas fueron masacrados. Gracias a esa fe, que nosotros recibimos y trasladamos a los lectores, en los torrentes de sangre de las masacres, vemos "densos vinos derramados", vinos de esperanza, o "fasto de rubíes" (expresiones de un verso de la poetisa Alaíde)" (p. 229).
VII. Observaciones al libro.
Claramente señala el autor que se trata de una denuncia con una opción definida y un método. El relato podría ser más macabro, las estadísticas mayores y mayor el número de testigos, ya que el manejo del anonimato lo permite. Por esto el método seguido es pedir un continuo "acto de fe". Este acto de fe, no es en último término, en el relato sino en el autor. De ahí que su labor la equipare a la de un "escritor sagrado" y reclame para su testimonio y para sus testigos un reconocimiento semejante al del "protomártir" San Esteban.
El libro, como denuncia de un ejército en lucha contra una sociedad al amparo (y al arbitrio) de otro ejército, tiene la importancia que se le quiera dar. Según el autor, parece que debe dársele especialmente en el aspecto religioso y en el aspecto político. Nos limitamos, pues, a estos dos aspectos, dejando de lado los otros que se desprenden de las conclusiones recogidas.
Aspecto religioso.
A través del relato, el autor revisa y reinterpreta la Fe, el acto de fe, la Religión, la Iglesia, el Evangelio. Reflexionar acerca de la fe y del "acto de fe" que solicita insistentemente, lleva por caminos inesperados. En Sobre la libertad esclava, M. Lutero afirma que la fe consiste en creer lo absurdo, y creerlo porque uno quiere. Afirma: Sólo haciendo el mal el individuo se pone a sí mismo en su plena y libre singularidad totalmente desvinculada". Y es en este ámbito teórico —creer supondría renunciar a la razón y a la realidad— en el que Feuerbach escribirá en La esencia del Cristianismo que "la fe es la potencia de la imaginación que transforma lo real en irreal y lo irreal en real: la contradicción directa de la verdad de los sentidos, con la verdad de la razón. La fe niega lo que la razón afirma y afirma lo que la razón niega". Su crítica a la Religión y su ataque a la oración —el trato filial con Dios— como actitud propia de la criatura, queda recogida en su fórmula: no es Dios el que ha creado al hombre, sino el hombre el que ha creado a Dios con la fantasía, con el sentimiento". Para Feuerbach, "la esencia de la Teología es la antropología". Desde este punto de mira, el acto de fe pedido por el autor está justificado: consistiría creer en la insurgencia, en la guerrilla, es decir, creer que la injusticia será corregida con la injusticia, que la violencia acabara con la violencia, que hará feliz al hombre y a la sociedad lo que Juan Pablo II ha llamado en la IV Conferencia del CELAM "la anticultura de la muerte" (Discurso de apertura, 12-X-1992, n.16).
Un católico por fe entiende "la respuesta del hombre a Dios que se entrega y se revela a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 26), "la fe no se opone a la razón humana" (n. 35), "es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado" (n.150). Para un católico creer es "un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia (n. 150), "...el asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu" (n. 156).
Por lo que se refiere a la Iglesia, el autor parece adherirse a la tesis de "la Iglesia legitimadora del Estado ladino". No pasa de ser un tópico derivado de la teología de la liberación de matiz marxista que premeditadamente confunde pueblo de Dios en el sentido estricto de Iglesia, con la "insurgencia".
En cuanto a la Buena Nueva propuesta por el autor y el modo como la propone, está lo señalado por Juan Pablo II: "La nueva evangelización no consiste en un nuevo evangelio que surgiría siempre de nosotros mismos, de nuestra cultura, de nuestros análisis de las necesidades del hombre. Por ello, no sería "evangelio", sino mera invención humana y no habría en él salvación. Tampoco consiste en recortar del evangelio todo aquello que parece difícilmente asimilable para la mentalidad de hoy. No es la cultura la medida del evangelio, sino Jesucristo la medida de toda cultura y de toda obra humana. No, la nueva evangelización no nace del deseo de agradar a los hombres o de buscar su favor (Gal 1, 10), sino de la responsabilidad para con el don que Dios nos ha hecho en Cristo, en el que accedemos a la verdad sobre Dios y sobre el hombre y a la posibilidad de la vida verdadera " (Discurso CELAM, 12-X-1992, n. 6). El planteamiento que hace el autor puede explicarse por lo siguiente: "...hoy la fe sencilla... sufre el embate de la secularización, con el consiguiente debilitamiento de los valores religiosos y morales. En los ambientes urbanos crece una modalidad cultural que, confiando sólo en la ciencia y en los avances de la técnica, se presenta como hostil a la fe Se transmiten unos modelos de vida en contraste con los valores del evangelio. Bajo la presión del secularismo, se llega a presentar la fe como si fuera una amenaza a la libertad y autonomía del hombre. Sin embargo, no podemos olvidar que ]a historia reciente ha mostrado que cuando, al amparo de ciertas ideologías, se niegan la verdad sobre Dios y la verdad sobre el hombre, se hace imposible construir una sociedad de rostro humano" (id. n. 11). La fidelidad al Evangelio no supone ningún olvido ni abandono de los pobres, sino su defensa real: "la Iglesia afirma la opción preferencial en favor de los pobres. Una opción no exclusiva ni excluyente, pues el mensaje de la salvación está destinado a todos. Una opción, además, basada en la Palabra de Dios y no en criterios aportados por ciencias humanas o ideologías contrapuestas, que con frecuencia reducen a los pobres a categorías sociopolíticas económicas abstractas. Pero una opción firme e irrevocable" (Discurso a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana, 21 diciembre 1984, n. 9).
Aspecto Político.
El autor declara abiertamente que ha hecho su opción: los malos están de un lado, los buenos de otro. Y los buenos son buenos porque están con el pueblo, son el pueblo, y el pueblo siempre es bueno. Un texto clave para entender el pensamiento del autor: "Se corrobora la idea de que la contrainsurgencia lleva intrínsecamente la dinámica de violación al derecho más sagrado de los derechos, el de la vida. Esa dinámica es intrínseca a la contrainsurgencia..." (p. 222).
A treinta años de esta guerra fraticida, con el despilfarro de millones y millones de dólares, la destrucción de poblados y, lo más doloroso, el genocidio permanente llevado a cabo por el ejército de los guerrilleros y el ejército estatal, resulta inconcebible que los políticos de la guerrilla no hayan alcanzado el poder. El argumento podría ser el de siempre; "el imperialismo yanqui. Pero ese imperialismo ayudó decididamente en la instalación del sandinismo en Nicaragua. El ejército de la guerrilla ha contado permanentemente con el apoyo internacional. Algún día será posible estudiar, sin la amenaza de la masacre guerrillera, lo referente a la manipulación de la información, la libertad de prensa y la guerrilla. Con todo el apoyo económico y el apoyo de innumerables organizaciones como aparecen en sus manifiestos, y el apoyo de una opinión pública internacional oprimente, no han alcanzado el poder. Fracasados en la ciudad, se replegaron en el campo. Habiendo fracasado con el campesino, han acudido al "indígena" —de la clase social han pasado al "racismo—; le han despojado de lo que tenía y le han lanzado como "antítesis" del ladino. Los ideólogos de la guerrilla se han convertido en los representantes del mundo "indígena" es decir, los intelectuales de la guerrilla se han visto necesitados de retroceder 500 años para justificarse. La verdad es simple: el movimiento guerrillero no ha sido, no ha logrado ser un movimiento popular. El autor lo señala (p. 9), aunque no lo acepta.
En este sentido es oportuno recordar la experiencia de la revolución de octubre del 44 y lo acontecido en el 52: cuando el pueblo de verdad quiere, quita el poder al que lo detenta. Cuando se trata de movimientos que se arrogan a si mismos el título de "pueblo", pasa lo vivido en estos treinta años. Por lo demás, en cuanto al aspecto político, el autor declara abiertamente su "opción".
VIII. Consideraciones finales.
La verdad es que la guerrilla que viene operando en Guatemala desde hace treinta años, es una ideología político militar al margen de toda legalidad, tanto del Derecho natural como del Derecho positivo del Estado y del Derecho Internacional. Se sirve de la población civil, indiscriminadamente, como escudo humano para sus operaciones bélicas; tiene cono método el secuestro, la tortura y la muerte de las personas; la destrucción de los servicios públicos; el daño de la industria y del comercio; el amedrentamiento de los ciudadanos. Ha violado permanentemente todos los Derechos Humanos con el rechazo completo de cualquier autoridad y ley.
Resulta inadmisible, pues, proponer o defender aún tácitamente, con reticencias y restricciones mentales, como solución a la injusticia social, la violencia injusta de la guerrilla; a la violación de los Derechos Humanos, una ideología y un programa político militar que durante treinta años ha procedido como la guerrilla marxista. Por su misma naturaleza —"anticultura de la muerte", la ha llamado Juan Pablo II— se muestra incapaz de construir.
Las poblaciones que han sufrido el flagelo de esta guerra, continúan sufriendo el acoso y el terror impuesto por una "insurgencia" que no reconoce más autoridad y ley que la violencia de las armas. Ha hecho de esas poblaciones, masas de refugiados apátridas que manipula, nacional e internacionalmente, para aprovecharse de su sufrimiento en beneficio de su ideología y de su programa político militar.
La conclusión última de esta "denuncia" puede ser que en esta guerra de treinta años, la guerrilla marxista ha sido la hoz, y el ejército el martillo: los dos han golpeado despiadadamente sobre el pueblo. De un nacionalismo presentado como "antiimperialista", la guerrilla ha pasado a presentar su verdad de internacionalismo imperialista: ayer un imperialismo, hoy otro. De la misma manera, de una ideología que pretendía una bandera de la justicia social, ha terminado con la bandera del narcotráfico (Simposio Internacional sobre la lucha contra el narcotráfico. Madrid, 1993.) Y del ejército que pretendía destruir ha hecho un poder sólido y omnímodo.
Si la "denuncia" se convierte en interrogación: "En Guatemala ¿qué se debe hacer?", la respuesta podría encontrarse en el horizonte del nuevo milenio que América ha de preparar: "...crear una cultura de la vida que contrarrestre la anticultura de la muerte, la cual —a través del aborto, la eutanasia, la guerra, la guerrilla, el secuestro, el terrorismo y otras formas de violencia o explotación— intenta prevalecer..." (Juan Pablo II IV Conferencia CELAM, n. 18). Crear este mundo nuevo es posible si se sabe conjugar los tres elementos doctrinales y pastorales, que constituyen como las tres coordenadas de la nueva evangelización: Cristología, Eclesiología y Antropología. Contando con una sólida y profunda Cristología, basados en una sana Antropología y con una clara y recta visión eclesiológica, hay que afrontar los retos que se plantean hoy a la acción evangelizadora de la Iglesia en América" (id. n. 5). Masacres de la selva puede tomarse como una urgente invitación en Latinoamérica, a esa sana Antropología". Una "sana antropología", en efecto, ayudaría a liberar a la persona de las ideología que la han sumido en la miseria del materialismo y permitiría respirar con libertad a los pueblos víctimas del militarismo marxista y del militarismo estatalista.


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
I. Introducción
Por Pausanias el Ácrata (noviembre 2005)
Índice Guatemala --- Siguiente capítulo

Guatemala representa el tristemente paradigmático caso de violencia institucional en su máximo grado. El país centroamericano, con unos ocho millones de habitantes, de los cuales aproximadamente más del 50% son indígenas maya parlantes (1), ha conocido uno de los más escandalosos casos de violación sistemática de los derechos humanos ante la supervisión atenta de Estados Unidos. Instigador de gran parte de los dramáticos acontecimientos que la segunda mitad del siglo XX presenció para el país del quetzal, los EE. UU. vigilaron con celo que esa pequeña parcela en su “patio trasero” no cediera a la presión de un pueblo que reclamaba justicia e igualdad, consignas que hacían peligrar sus intereses en la zona. Ante esta insidiosa situación para la estabilidad del modelo que los Estados Unidos querían implantar para América Latina, el titán del norte comienza a financiar una serie de dictaduras militares que regirán la vida política del país guatemalteco durante prácticamente todo el siglo XX. Esta institucionalización de la violencia cobra mayor virulencia a partir del año 1954, tras el único periodo democrático de la historia del país centroamericano, momento desde el cual las actividades de los escuadrones de la muerte y la represión sistemática desde el poder militar hacia el pueblo inician una espiral de masacres y asesinatos sin precedentes en la triste historia del subcontinente americano.

Este somero trabajo tiene como intención realizar un sucinto análisis de la evolución histórica de la violencia como herramienta de represión y mutilación de la voz del pueblo en el país de Guatemala. Para ello y a través de la utilización de diversas fuentes documentales se rastreará la enquistación en el poder de regímenes militares, en ocasiones y como se verá, maquillados con carácter civil a través de gobiernos títeres, de carácter genocida y represor de las libertades básicas. Las ignominiosas masacres, torturas, violaciones y matanzas que se cometieron en el país durante la segunda mitad del pasado siglo han sido comparadas por Ricardo Falla (1992) con las perpetradas 500 años atrás por los conquistadores castellanos, a mi entender quedándose corto. Porque si algo ha caracterizado a los innumerables gobiernos que ocuparon el poder en Guatemala durante ese nefasto periodo de su historia es el uso de las más crueles y despiadadas tácticas para acallar una revuelta generada por las tremendas contradicciones de un sistema salvajemente neoliberal y oligopólico. El país veía escurrirse su riqueza natural, sus recursos y materias primas hacia el extranjero de manos de compañías trasnacionales que celosamente vigilaban que todo siguiera como estaba. Los gobiernos conservadores de abierto carácter represor favorecían a estas empresas afincadas en el país para mantener sus prerrogativas y exenciones fiscales y seguir drenando los inmensos recursos que esatierra les ofrecía por un bajo costo. La mano de obra, semiesclavizada en los grandes latifundios de la United Fruit Company, recordaba a las encomiendas de la conquista. Las privatizaciones se sucedían en un país donde la mutilación de los sindicatos y la ablación de los derechos civiles más elementales y básicos le convertían en un paraíso para las corporaciones estadounidenses.

La segunda mitad del siglo XX se saldó con unas cifras vergonzantes y dolorosas. Las frías estadísticas, distantes matemáticas que hacen olvidar que hablamos de seres humanos, cobran verdadera dimensión cuando se les suman los escalofriantes testimonios de sobrevivientes a matanzas y ataques de los militares y comandos paramilitares. Sus palabras, marcadas por el dolor y el miedo, dotan de carne y hueso esas cuantificaciones y nos recuerdan el horror que se cernió y, no nos engañemos, en gran parte sigue presente en el pequeño país centroamericano. Las elecciones se han ido sucediendo dotando de apariencia democrática un sistema dictatorial. La baja participación en las llamadas a urnas y la prohibición explícita de los partidos de izquierdas y sindicatos convertían el sistema participativo guatemalteco en una auténtica farsa diseñada para mantener lo insostenible. El país se convirtió en esta segunda mitad del siglo pasado en un polvorín. La guerrilla nacida en los años 60 cobraba fuerza y apoyo popular. Desde la selva y la montaña los guerrilleros hostigaban al ejército. Los sucesivos gobiernos optaron por incrementar la represión y la violencia para mermar el avance de los subversivos. Las olas de terror se iniciaron. El infierno se desató para la población guatemalteca. Los escuadrones de la muerte y el ejército regular desencadenaron unas campañas de exterminio que iban destinadas a eliminar el apoyo que desde el pueblo campesino e indígena recibían las organizaciones armadas. Lejos de lograr este objetivo, lo que si consiguieron estos actos genocidas fue establecer una clara divisoria: el pueblo inerme, de un lado, el gobierno, con su brazo armado, del otro. Se abrió una enorme brecha imposible de salvar que empujó a miles de indígenas a unirse a los movimientos guerrilleros que hacían suyo el único recurso que dejaba el poder de facto y el nominal para el intento de cambio: la lucha armada. Como quinientos años atrás, los indígenas mayas de Guatemala se enfrentaban a los colonizadores. Como quinientos años atrás, la suerte estaba echada. Solo fue cuestión de tiempo... y sangre.

El presente trabajo representa un breve bosquejo de la situación del país mesoamericano. Abordar la historia guatemalteca del pasado siglo podría llevar una investigación de varios volúmenes. De hecho, existe una extensa y nutrida bibliografía que ha analizado desde diferentes ángulos y encuadres el genocidio que padeció el pueblo guatemalteco durante el extinto siglo XX. Esta queda reflejada al final del ensayo con el objetivo de que las lagunas que este sumario escrito deja puedan ser rellenadas con la ayuda que los títulos reseñados al final prestan. He dividido el siglo pasado en diversas etapas. Esta sistematización responde a motivos estructurales y de organización política y social. Espero que sirva para una mejor estructuración y comprensión del desarrollo histórico de Guatemala a lo largo de esos cien años así como a mi me ha facilitado la investigación y su ulterior redacción. Dado la imposibilidad por espacio y tiempo de abarcar todos los aspectos y facetas de la complicada política e historia del país, he debido obviar ciertas cuestiones, pasar de puntillas por otras y resumir hasta la saciedad algunos puntos de tremenda importancia. Pido disculpas por ello y la comprensión e indulgencia del lector que encare este ensayo, quedando ya avisado de los defectos que encontrará en el transcurso de las siguientes páginas. Espero que con las líneas generales y las claves que se dan a lo largo del texto, aunadas a la bibliografía final, el cuadro se complete para acercar una visión global de la tragedia que Guatemala vivió desde 1954 hasta nuestros días.


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
II. Se abre un siglo: 1901, revolución democrática: los terranetientes
Por Pausanias el Ácrata (dciembre 2005)
Índice Guatemala

Desde el siglo XIX se había venido desarrollando en el país centroamericano una oligarquía terrateniente que decidida a mantener sus prerrogativas y prebendas comienza a influir fuertemente en la vida política guatemalteca. A esta clase influyente responden los diversos gobiernos que se suceden en la segunda mitad del siglo XIX que, con la salvedad del que preside el general Justo Rufino Barrios, desde 1871 y hasta 1885 con corte autárquico y liberal (2), encaminan todo su esfuerzo para favorecer y hacer perdurar el poder económico de la clase a quien representan. Estos líderes personalistas de derechas y marcada ideología conservadora tienen su continuación en este periodo que abre el siglo XX en Guatemala. Así, los dictadores que por prolongados espacios de tiempo controlan con mano de hierro el país desde 1901 lo mantienen anclado en un sistema de latifundios con un régimen de semiesclavitud para los campesinos que se adscriben a la tierra.

Manuel Estrada Cabrera (dominó el país desde 1898 hasta 1920), Jose María Orellana o Jorge Ubico encabezan gobiernos represivos y totalitarios con todos los poderes concentrados en su persona. Ejecuciones sin juicio previo, anulación de cualquier derecho de los trabajadores, entrada de capital extranjero, exención fiscal para las empresas,...

En este primer tercio de siglo comienza amparada por estos gobiernos conservadores y represivos la penetración de la United Fruit Company junto con otras empresas norteamericanas. Atraído por las favorables condiciones que los regímenes guatemaltecos ofrecían, el capital estadounidense se vuelca en el rico país. En 1901 la empresa norteamericana UFCO consigue su primera concesión. A partir de aquí, el titán capitalista yanqui comienza una sospechosa campaña, ambiguamente legal, de adquisición de tierras (3). Solo en 1924 firma el primer contrato con la presidencia de Orellana que le concede suculentos derechos de explotación. En 1930 consiguen nuevos territorios en la costa pacífica a condición que construyeran un puerto sobre ese mar. En 1936, el caprichoso Ubico dispensó esa obligación y le otorgó los derechos de explotación por un periodo de 50 años más. Además y por si fuera poco las ventajas que los gobiernos chapines adscritos a la política de Washington ofrecen a la entrada de su capital, los monopolios resultantes estafaban y defraudaban al Estado de distintas formas. La UFCO, por ejemplo y no es el único caso (4), ocultaba sistemáticamente las cifras reales de su exportación de banano para defraudar al fisco guatemalteco y el peso real por racimo para defraudar al fisco de Estados Unidos. Solo en 1949, cuando se realiza una investigación de la mano del FMI, se pudo establecer el ocultamiento de más de la mitad de exportaciones anuales.


Cultivos controlados por UFCO

Como se puede apreciar sin demasiado esfuerzo neuronal, esta serie de gobiernos atan al país a una situación feudal de servidumbre. La postración ante los EE.UU. de los diversos líderes represivos que manejan el país con mano de hierro se refleja en una pobreza extrema para el pueblo y una posición ventajosa para el capital extranjero y la elite terrateniente que mantienen este sistema tiránico estrangulando al bello país centroamericano.
Jorge Ubico representará el último periodo de esta primera mitad del siglo XX antes del alzamiento que se ha dado a conocer por “Revolución de 1944”. Estandarte de la burguesía terrateniente, Ubico se reeligió en dos ocasiones. La totalidad del poder gubernativo se concentraba en su persona. El gobernante llegaba incluso a resolver asuntos judiciales, administrativos y legislativos. Dada la flagrante arbitrariedad jurídica, su principal soporte se encontraba en el aparato militar y policial. La represión se institucionalizó llegándose a realizar fusilamientos de personas cuya culpabilidad nunca se probó judicialmente. En el plano social, el sistema que Ubico representaba empujaba al campesinado hacia un estado de servidumbre y pobreza perenne: la ley de la vagancia garantizaba mano de obra forzosa a la fincas cafetaleras en las condiciones de trabajo que fijaran los patrones o la ley de vialidad que obligaba a los campesinos a prestar una semana de trabajo sin remuneración alguna en la construcción de obras públicas son representativos ejemplos de la idiosincrasia de este régimen despótico.

Desde 1930 el régimen ubiquista despliega su brutalidad en pro de los intereses de la clase social poseedora de la tierra a la cual representa. Durante los 14 años que este preboste se mantuvo en el poder se perpetúa un gobierno autoritario que ancla el país en las viejas fórmulas medievales de tenencia de tierra y explotación campesina. Sin embargo, la dictadura llegó a un punto de agotamiento histórico cuando las características que el país reunía no se correspondían con las necesidades que el desarrollo capitalista mundial demandaba. Jorge Ubico, de escasas miras y una perspectiva mental incapaz de asimilar los cambios requeridos por las nuevas circunstancias sociales, es derribado tras una serie de manifestaciones en su contra llevadas a cabo desde posicionamientos liberales entre los que destacaba la burguesía industrial y comercial, la pequeña burguesía (especialmente afectada por la carencia de alternativas bajo la dictadura) entre la que se incluían artesanos, así como estudiantes y algunos profesionales democráticos. El general Federico Ponce Vaides intentó suceder a Ubico, pero un movimiento armado con participación de oficiales de la pequeña burguesía se lo impide y remata el moribundo sistema ubiquista.

Esta reacción desde la burguesía industrial, comercial y la pequeña burguesía en contraposición al bloque burgués-agropecuario que había acaparado la hegemonía en el poder desde inicios del siglo, abre lo que, erróneamente, se ha nominado como “periodo revolucionario” y que durante diez años encauzó una reforma social y económica destinada a la regeneración del país y sus gentes, en especial aquellos más agredidos por los sistemas dictatoriales anteriores. Como se verá en el siguiente capítulo, el proceso que se inició con el fin de crear unas condiciones adecuadas en Guatemala para la reproducción capitalista (instigado por esa burguesía lesionada en el sistema anterior) derivó hacia un sistema social basado en reformas y leyes que muchos, los más conservadores, tildaron de socialistas y, finalmente, no dudaron en apoyar el golpe de estado que decapitaría las esperanzas del pueblo de Guatemala.


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
III. La experiencia democrática: 1944-1954
Por Pausanias el Ácrata (enero 2006)
Índice Guatemala --- Siguiente capítulo

“Las tácticas torpes de una minoría de agitadores en el gobierno de Guatemala, minoría de pillos comunistas latinoamericanos, están tratando de damnificar a una estimable compañía de este país, como resultado de la conspiración internacional del Soviet”.
Joe McCormack, congresista por el Estado de Massachussets, al Congreso de los Estados Unidos el 21 de febrero de 1949.



El régimen autoritario de Jorge Ubico que venía perpetuándose desde 1930 por espacio de 14 años se ve desbancado por lo que en Guatemala se ha conocido históricamente como “Revolución de 1944”. La dictadura ubiquista había representado los intereses de una burguesía agropecuaria que ahora presenciaba sin atisbo de reacción el cambio de los tiempos hacia un capitalismo de mercado para el que el país no se encontraba preparado. Ubico imposibilitó el desarrollo de la democracia liberal que una burguesía comercial e industrial anhelaban. Incluso los Estados Unidos comienzan a desconfiar de su voluble personalidad llena de excentricidades y caprichos. Durante los años de guerra, el secretario asistente de Estado, Nelson Rockefeller, había ideado una estrategia para inducir a los países latinoamericanos a aceptar préstamos del gobierno norteamericano y de bancos privados y así aumentar su dependencia financiera con Estados Unidos. Ubico, cerrado conservador fiscal, rechazó esos préstamos además de expresar simpatías por los nazis (por ello recibió un buen tirón de orejas en privado, eso sí, de los estadounidenses). Una comisión del FBI acudió al país, supuestamente con el consentimiento de Ubico, para inspeccionar que las órdenes norteamericanas se cumplían y las propiedades alemanas en Guatemala eran confiscadas y sus propietarios recluidos en campos de concentración. Esta escasa muestra de confianza en el dictador guatemalteco fue seguida de la creación de una base aérea por los militares estadounidenses en las proximidades de Guatemala Ciudad para vigilar el canal de Panamá... y quizá de paso también a Ubico.

El descontento de todos los sectores pronto se dejó notar. Manifestaciones en su contra recorrieron las calles. El 20 de Octubre de 1944 un alzamiento armado de los oficiales de la pequeña burguesía sirve como punto y final para el decadente sistema que Ubico había petrificado en Guatemala. Se abría la “década revolucionaria”.

Durante estos diez años se van a dar una serie de leyes que pretendían modificar y desarrollar el Estado capitalista guatemalteco anquilosado por tantas décadas de dictaduras feudales. Se practicó una profunda reforma agraria (5) , se legalizan los partidos y sindicatos, se emite el primer Código del Trabajo que establece salario mínimo, pago del séptimo día, pago de vacaciones, indemnización por despido injustificado, reconocimiento del derecho a huelga... Se organizó la primera colonia en el Petén destinada a experimentar con nuevos cultivos, se concede autonomía a la universidad San Carlos, se realizan investigaciones fiscales a las transnacionales que, como ya hemos visto, venían eludiendo el fisco y estafando al Estado guatemalteco desde tiempo atrás... Además se incentiva la organización de los trabajadores (Confederación General de Trabajadores (CGT) y Confederación Nacional Campesina (CNC)) como poderosa arma de clase en contra de la burguesía. La organización libre de partidos políticos, incluyendo el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), el partido comunista, fue otro hecho de peso en el pánico que embargó a la burguesía local y extranjera.

En el plano internacional, el gobierno de la “revolución” para dejar patente su actitud rompe relaciones diplomáticas con la España de Franco, con Bolivia, Nicaragua, Perú y Venezuela, países todos ellos regidos por dictaduras militares (G. Selser, 1961). Los dos gobiernos durante este lapso de tiempo mantuvieron una conducta adversa a la penetración de capital extranjero, actitud resumida en una frase de Arévalo en uno de sus discursos: “En Guatemala, no hemos recibido empréstitos porque sabemos muy bien que cuando se reciben dólares con la mano derecha, con la izquierda se entrega la soberanía” (G. Selser, 1961). Su posición contra el colonialismo y a favor de la no intervención era recalcada en cada reunión de ámbito internacional, invocando el principio universal de los derechos humanos relativos a la autodeterminación de los pueblos.

Todas las medidas tomadas en este espacio de diez años van acrecentando el descontento de las empresas nacionales y extranjeras que percibían la reforma como hostil a sus normales actividades. Los Estados Unidos, azuzados por las empresas con intereses en la zona, la más relevante en ese momento la latifundista UFCO, comienzan a atacar este sistema, tildándolo de comunista y orquestando una campaña de descrédito en el plano internacional. La UFCO encabezó una campaña difamatoria con todo rigor, temerosa más que por las expropiaciones por una posible extensión de la política nacionalista a otros de sus feudos. El imperio del banano temblaba. Intentó por la vía legar derogar la ley de la reforma agraria que le privaba de gran parte de sus terrenos baldíos. Con un tribunal comprado, ganaron el litigio hasta que el gobierno descubrió magistrados con intereses personales en suspender la ley e indicios de soborno por parte de la bananera. La ley volvía a tener vigor. Ante este fracaso por la vía de la “legalidad”, Spruille Brande, jefe de Relaciones Públicas de la Frutera, comienza a urgir al Departamento de Estado de los Estados Unidos para que abra una guerra contra Guatemala. La acusación que validaba la intervención era, en palabras del relaciones públicas de la compañía norteamericana, el peligro que representaba un país comunista, criticando duramente el principio de no intervención de Roosevelt. La petición de Brande cobra dimensiones de realidad cuando “el 14 de Octubre de 1953, se produjo la primera manifestación oficial pública contra Guatemala de parte del Departamento de Estado; John Moros Cabot, en su discurso ante la Federación de Clubs de Mujeres en el Auditorio del Departamento de Estado en Washington, se refirió extensamente a Guatemala: ‘a los ataques gratuitos contra Estados Unidos y sus nacionales de fuentes oficiales guatemaltecas’, postulando por último, ‘que ningún régimen que abiertamente juegue al juego del comunista puede esperar de nosotros la cooperación positiva que normalmente tratamos de extender a todas nuestras hermanas repúblicas’.” (G. Toriello Garrido, 1956)

Pese a que Guatemala rechazó categóricamente todas las acusaciones y denunció la amenaza de Brande, incluso frente a la Naciones Unidas, organización a la que pide que tome medidas para garantizar la libre autodeterminación de los pueblos, la sentencia estaba firmada. El presidente de la UFCO, incombustible, afirmaba: “De aquí en adelante, ya no se tratará del pueblo de Guatemala contra la UFCO, la cuestión se convertirá en el caso del comunismo contra el derecho de propiedad, la seguridad y la vida del hemisferio occidental.” (G. Selser, 1961).

Se empieza así a preparar la “Operación Guatemala”. A la contaminación informativa y la difamación del gobierno de Arbenz comienza a unirse un plan militar que derribaría el régimen guatemalteco. Esta operación incluía una novedosa forma de intervención con respecto a las anteriores practicadas por el omnipresente país de Norteamérica. En el pasado, ante cualquier eventualidad o falta de “colaboración” por parte de algún país colonizado, EE.UU. enviaba sus tropas, esos marines aguerridos y patrióticos que solventaban cualquier contratiempo en menos que se dispara a un civil. Sin embargo, para esta intervención se decide que no se involucre la fuerza militar estadounidense y se dispone que sean las propias guarniciones chapinas las que derroquen la presidencia de Jacobo Arbenz. La CIA y el Departamento de Estado, en comunión con la Embajada en Guatemala, resuelven que sea el Coronel Castillo Armas quien lidere el golpe y dirija las tropas adiestradas y financiadas desde Estados Unidos. Honduras y Nicaragua ofrecerían apoyo a los golpistas.

Sin embargo sería injusto y falto de probidad achacar la caída del sistema democrático guatemalteco tan solo a este acto de brutal imperialismo. Si bien fue el golpe de gracia y el brazo ejecutor, otra suerte de factores internos se conjuraron para derrocar a Jacobo Arbenz. Por un lado, nos encontramos una burguesía atemorizada ante el avance de los derechos sociales. La burguesía local comienza a desarrollar su actividad de forma legal (impugnación sistemática de las resoluciones político-administrativas del régimen) así como mediante maniobras ilegales (sabotaje a las actividades del gobierno). Cuando comienzan a atisbar que no será suficiente no dudan en apoyar la intervención norteamericana con la esperanza de frenar su paulatina pérdida de privilegios. Por otro lado, el clero ejerció notable influencia en la opinión y ánimo de ciertos sectores de la población. En esta estrategia debe enmarcarse la acción enérgica y tenaz que llevó a cabo el, por aquel entonces, arzobispo de Guatemala, Mariano Rossell y Arellano. Su incendiario discurso se puede resumir en estos párrafos extraídos de la carta pastoral que publica el 4 de Abril de 1954, meses antes de la intervención:

“...obedeciendo los mandatos de la iglesia que nos ordena ‘combatir y desbaratar los esfuerzos del comunismo’ debemos una vez más elevar nuestra voz de alerta a los católicos en este momento, cuando la peor de las doctrinas ateas de todos los tiempos, el comunismo anticristiano, prosigue sus avances descarados en nuestra patria y tarta de insinuarse ocultándose bajo la capa de reivindicaciones sociales para las clases menesterosas, a las que ha llamado para que le ayuden en su campaña devastadora, para mañana mandar a trabajos forzados y a la peor miseria, a los mismos obreros y campesinos que ayudaran a escalar el poder...”

“El pueblo de Guatemala debe levantarse como un solo hombre contra el enemigo de Dios y de la Patria. Nuestra lucha por el destierro del comunismo debe ser por consiguiente una actitud católica nacional.” O “ la gracia de Dios que todo lo puede, ha despertado en Guatemala una cruzada sincera contra el comunismo, que encabezan los mismos obreros y campesinos, que al oír las prédicas anticristianas de los líderes, han descubierto al hipócrita, al criminal intruso en la vida social de Guatemala: el comunismo.” (J. García Bauer, 1954).

Por si estas ardientes palabras, aunque desprovistas de sensatez y cordura, no hubieran sido suficiente para alertar a los sempiternos temerosos cristianos, las autoridades eclesiásticas permitieron que la imagen del Cristo Negro de Esquipulas fuera utilizado como instrumento político e ideológico, presentándolo como comandante general de las fuerzas invasoras, lo cual, ciertamente, impresionó a la población católica.

Esta confluencia de factores, externos, los más poderosos, e internos, en segunda instancia, acaba con la primera y única experiencia democrática de Guatemala en toda su historia. Los bombardeos se suceden por dos días, las emisiones radiadas escupen insultos contra el gobierno de Arbenz, las tropas enemigas inician un hostigamiento por tierra penetrando a través de las fronteras... La suerte del régimen democrático estaba echada. Los últimos llamamientos del presidente a su población permanecen vivos en la historia del siglo XX. Ni siquiera las bombas pudieron borrar aquel emotivo y enojado discurso en lo que fueron sus últimas horas:

...“Nuestro único delito consistió en decretar nuestras propias leyes y aplicarlas a todos sin excepción. Nuestro delito es haber iniciado una reforma agraria que afectó a los intereses de la United Fruit Company. Nuestro delito es desear tener nuestra propia ruta hacia el Atlántico, nuestra propia energía eléctrica y nuestros propios muelles y puertos. Nuestro delito es nuestro patriótico deseo de avanzar, progresar y obtener una independencia política. Hemos sido condenados porque hemos dado a la población campesina tierra y derechos.”... (citado de S. Schlesinger y S. Kinzer, 1984).


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
IV. Los gobiernos militares: 1954-1996
Por Pausanias el Ácrata (febrero 2006)
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3.1. LOS MILICOS EN EL PODER: 1954-1986

“La Alianza para el Progreso tiene como propósito aunar todas las energías de los pueblos y gobiernos de las repúblicas americanas, para realizar un gran esfuerzo cooperativo que acelere el desarrollo económico y social de los países partícipes de la América Latina, a fin de que puedan alcanzar un grado máximo de bienestar con iguales oportunidades para todos, en sociedades democráticas que se adapten a sus propios deseos y necesidades.” - Parte de la Carta de Punta del Este, uno de los documentos de la Alianza para el Progreso. Reunión en Punta del Este, Uruguay, 1961.

Una vez derrocado el lesivo régimen que por periodo de diez años minó los intereses de los sectores dueños de los medios de producción, la oligarquía local y los intereses norteamericanos volvieron a descansar tranquilos aunque siempre expectantes de la situación sociopolítica. Los milicos se encargaron de restablecer el cauce a su discurrir. Castillo Armas destruyó totalmente el modelo de Estado que el decenio democrático burgués potenció en el país: las tierras se devolvieron a sus dueños anteriores a la reforma (el 99’6% de las tierras expropiadas), se abolieron las medidas a favor de los trabajadores, se acabó con los sindicatos, la libertad de prensa... Durante el mandato de este coronel de mano dura instruido en Fort Leavenworth bailó al son que el padrino del norte le dictó. Este destinó parte importante de sus esfuerzos a industrializar en cierta medida el país centroamericano. La política de inversiones se encaminó a fortalecer el sector privado.

Estados Unidos aprovechó el nuevo régimen instaurado en Guatemala para iniciar una ágil política de inversiones que favoreciera la industria privada. A través de la empresa privada Klein and Saks- K&S (empresa consultora estadounidense dedicada a vender las excelencias de la iniciativa privada más allá de sus fronteras), de préstamos realizados a través del Banco Mundial y promoviendo la construcción de obras viales de envergadura considerable, el patrón del norte intentaba modernizar el atrasado sistema capitalista guatemalteco. El Plan Quinquenal para el desarrollo guatemalteco diseñado por asesores norteamericanos definía los puntos a seguir para lograr dicha modernización sin dañar los intereses de la vieja oligarquía, los de las corporaciones y multinacionales extranjeras. Los esfuerzos de Washington se encaminaban a fomentar la inversión privada extranjera en el sector industrial.

Pero el tiránico coronel no duró mucho en el cargo. Su actuación servil ante los EE.UU. levantó cierto malestar entre sectores de la burguesía local mientras que su “ejército de liberación” no era bien observado entre el cuerpo armado regular guatemalteco. En 1957 es asesinado por uno de sus guardias personales (la vieja historia de siempre...). La represión con que Castillo Armas oprimió al país, que algunos autores han calificado de “primera ola de terror”, terminaba como debía terminar. Sin embargo, el terror como mecanismo de control solo acababa de comenzar.

Y es que por periodo de más de 40 años, Guatemala siguió padeciendo una suerte de muerte lenta y agónica. Estrangulada por el imperialismo, de un lado, y su propia oligarquía, de otro, valiéndose de unos militares sin escrúpulos, asistieron al lento proceso funerario con sus mejores galas y las arcas repletas de beneficios.

Desde 1954 hasta 1986 una serie de dictaduras militares se instalan el Gobierno guatemalteco (ver ANEXO I). El rastro de cadáveres y tierra arrasada que van dejando tras de sí es limpiado por una efectiva propaganda internacional que a modo de cortina de humo evita la filtración de los hechos de cara a un mundo de comodidades y confort que vive de espaldas a los problemas endémicos del “Tercer Mundo”. Estados Unidos en primera instancia, pero también Israel y Europa colaboran económicamente con sustanciosas ayudas que a través de los organismos internacionales, tales como el FMI o el BM, o países aliados en América Latina (Argentina, Chile, Brasil...) hacen llegar de manera ininterrumpida a manos de los genocidas. Genocidas que mantienen un bendito orden provechoso para el liberalismo que Estados Unidos quiere implantar en la zona. El experimento Castillo Armas (era la 1ª vez que Estados Unidos no intervenía directamente enviando a los Marines a resolver conflictos en su “patio de atrás” y usaba un títere local) dio un excelente resultado que perpetuaron hasta que el desgaste, la presión de las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y las denuncias de las atrocidades cometidas socavaron los cimientos de la fórmula.

Las elecciones de 1957 debieron ser anuladas por abierto fraude. En las siguientes celebradas, en 1958 y con un fraude ligeramente encubierto, resultó vencedor el general Miguel Idígoras Fuentes.

“... entrevistado por la periodista Georgie Anne Geyer en San Salvador, Idígoras dice que, no bien ganó las elecciones, fue abordado por cuatro hombres de la CIA que lo amenazaron con tomar represalias si no pagaba el saldo de la deuda de tres millones de dólares que Castillo Armas había contraído para financiar su invasión teñida de gloria.” (Eduardo Galeano, 1967, pág. 42).

De nuevo, el presidente del país centroamericano se convertía en un muñeco al servicio de los postulados y demandas que llegaban desde el norte.

Para el año 1963 se habían previsto nuevas elecciones. A ellas presentó su candidatura el que fuera presidente de la etapa “revolucionaria”, el doctor Juan José Arévalo. La posibilidad de triunfo de Arévalo no agradaba en Washington. Aunque el otrora presidente había realizado declaraciones contrarias a la Cuba de Castro y mostraba escasa simpatía por el comunismo, el que resultada elegido era un riesgo que desde la administración Kennedy no se quería correr. En el año 1963 se financia un nuevo golpe de Estado que lleva al coronel Enrique Peralta Azurdia a abrir un nuevo periodo sangriento en la historia chapina.

Desde el gobierno de Julio César Méndez Montenegro (1966) se inició la fórmula del terror. Curiosamente se trataba del único civil que ascendió a la presidencia. Hombre reputado de izquierdas y ex decano de la Facultad de Derecho de la USAC, se vio forzado a firmar un acuerdo con los militares por el cual concedía el poder real a la alta cúpula militar, la cual lo ejercía a través del Ministro de Defensa (6). Económica y socialmente no introdujo reforma alguna pese a los discursos lanzados durante el periodo electoral. Su mayor contribución fue su nueva visión represiva. Los asesores militares que llegaron al país y el novedoso armamento y pertrechos militares promovieron nuevas fórmulas de contrainsurgencia. Extender el miedo y el terror entre los civiles era la consigna. Terrorismo de Estado en su sentido más feroz. Secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, descuartizamientos... todo valía con el fin de acabar con el pensamiento disidente. Líderes estudiantiles, sindicales, de la izquierda,... son eliminados sistemáticamente bajo el régimen montenegrista. Los escuadrones de la muerte proliferan en este oscuro periodo, actuando con total impunidad. Instigados y estructurados desde la extrema derecha (Sandoval Alarcón fue uno de sus máximos responsables) y por los Estados Unidos, se nutrían de ex militares y militares fuera de servicio que contaban con total apoyo institucional. Unos ocho mil civiles fueron víctimas de esta ola de terror que sacudió el país entre el 66 y el 68. Estados Unidos “extendía el progreso a las repúblicas hermanas del continente”.

Esta primera oleada de terror se reduce en el 68 solo para volver a recrudecerse bajo el mandato de su sucesor, Carlos Arana Osorio, conocido con el sugerente sobrenombre de “El Carnicero de Zacapa”. Con Arana Osorio se llevó a la potenciación máxima el sistema de Estado de contrainsurgencia, llegando a ocupar altos cargos en su gobierno líderes, tanto civiles como militares, de escuadrones de la muerte (Susanne Jonas, 1994). A partir de la instauración de este sistema criminal de represión y eliminación de la insurgencia, los siguientes gobiernos lo mantienen en vigencia en mayor o menor medida creando un Estado de terror continuo para la población civil, en especial para los numerosos grupos indígenas que son siempre vistos desde la óptica ladina como insurgentes en potencia. En la zona del Ixcán, el Quiché y las Verapaces, así como en el Petén, se persigue a esta población de manera militar y paramilitar en un intento descarado de “limpiar” el terreno para la concesión de tierras a militares destacados, compañías internacionales mineras, madereras, ganaderas y frutícolas, entre otras, que pudieran formar latifundios con mano de obra excepcionalmente barata.

El relevo de Osorio llega en 1974 con el general Kjell Eugenio Laugerud García, quien inaugura un periodo caracterizado por las contradicciones que surgen entre distintas facciones de la burguesía y el ejército. Se llegan a producir enfrentamientos entre los propios escuadrones de la muerte. Es ahora cuando se inicia la represión sobre el movimiento cooperativista del Ixcán Grande con el asesinato del padre Guillermo Woods, fundador de la cooperativa, así como la desaparición de varios líderes campesinos.

El año 78 trae consigo nuevas elecciones y un régimen que surge de ellas con tan solo un 15% de participación. El Ministro de Defensa del anterior gobierno, el general Fernando Romeo Lucas García, fue el “ganador” de los comicios. El desgaste del sistema guatemalteco era tan profundo que Lucas García no contaba con el consenso suficiente para gobernar. Más de diez mil asesinatos se le atribuyen a este gobierno que entendía el “progreso y desarrollo” promovido desde la Casa Blanca de una manera extremadamente sui generis. Asesinatos en calles céntricas de la ciudad, secuestros masivos de sindicalistas, miles de desaparecidos, asesinatos de periodistas... La administración Carter y su política de respeto de los Derechos Humanos no tuvo más remedio que retirar oficialmente la asistencia militar a Guatemala ante la descarada y bestial represión que Lucas García ejercía. Obviamente, hemos de recalcar la palabra “oficialmente” dado que la suspensión que cacareaba Carter nunca fue real ni efectiva.

Además de la cruel campaña de asesinatos y desapariciones, el gobierno del 78 había colapsado debido a una corrupción que estaba dejando vacías las arcas del Estado. Sucesivos proyectos colosales como las hidroeléctricas de Chixoy y Chulac, el Anillo Periférico de la capital y varias carreteras al interior, el Hospital San Juan de Dios, entre otros, llenaron los bolsillos de varios funcionarios y encadenaron al país a una deuda astronómica y una crisis galopante (7).

La guerrilla contaba en 1981, según ciertas fuentes, con unos 25.000 miembros y su victoria era una posibilidad cercana así como su control sobre ciertas zonas del país era ya un hecho. El flujo de armas que llegaba desde el norte se había reducido. Ante estos serios reveses, el Alto Mando comenzó a diseñar el Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo que contemplaba los planes de campaña que en los sucesivos años serían puestos en marcha. La fórmula que se abriera en el 66 estaba demasiado gastada. El pacto oligárquico-burgués-militar necesitaba nuevas formas. Sacar a los militares del gobierno público y derrotar la insurgencia armada que proliferaba por todo el país se convertía en objetivo primordial. El nuevo corpus ideológico pasaba por un gobierno fuerte que materializara las nuevas directrices sin escrúpulos y con enérgica decisión. El 82 era el año. Ríos Montt, Horacio Maldonado Shaad y Francisco Luis Gordillo eran los elegidos. Guatemala estaba en sus manos.

3.2. 1982-1986: LOS AÑOS DUROS.

“Nosotros tenemos la organización y la fuerza para evitar que esto siga ocurriendo. No importa quién caiga en esta lucha, con tal de lograr nuestra sagrada misión de librar Guatemala del comunismo. Lo haremos a cualquier precio.
Como pruebas de que hablamos con la verdad tenemos treinta mil tumbas campesinas y clandestinas como testigos”.
Volante. “Para una Guatemala libre aplastaremos al comunismo ateo” de la MANO.

En 1982 un nuevo golpe de Estado instala en el poder el triunvirato formado por Horacio Maldonado Shaad, Francisco Luis Gordillo y el fanático religioso Efraín Ríos Montt. Quizá este último fuera el líder que elevó a sus mayores consecuencias la contrainsurgencia con el diseñado patrón genocida conocido como Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo. Bajo las directrices de este organigrama contrainsurgente, se crean las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) y los Polos de Desarrollo, dos de las mayores lacras que el país guatemalteco ha arrastrado desde ese funesto año. Las primeras consistían en reclutamientos obligatorios de campesinos que eran forzados a colaborar con el ejército en su lucha contra la guerrilla. Estas patrullas paramilitares civiles derivaron en violaciones de los derechos humanos de tremendas consecuencias.

Los Polos de Desarrollo eran la agrupación de diversas Aldeas Modelo, pequeñas comunidades diseñadas por los militares donde agrupaban forzosamente a población civil con el fin de controlarla mejor. Han sido comparadas con campos de concentración. Valladas, con salidas y entradas controladas por milicos, eran el cuadro ideal para el control de la población que se veía forzada a participar el las PAC dejando de lado la atención de sus tierras y familia.

La guerrilla se enfrentaba a un dilema: les estaban obligando a combatir contra población civil. Los militares, sabedores de la reticencia de los guerrilleros a disparar sobre civiles, utilizaron prestamente las PAC como escudos humanos, lanzándoles sobre los destacamentos guerrilleros en primer lugar para luego seguirles las tropas con la vanguardia cubierta. A su vez, este entramado de paramilitares civiles sirvió para que se cumplieran venganzas entre el mismo pueblo. Algunos miembros de las PAC, armados y sintiéndose con poder efectivo, se escudaron en su posición para asesinar a otros civiles con los que habían tenido discusiones, rencillas pasadas, litigios o problemas amorosos. La espiral de violencia crecía y el gobierno, lejos de interceder, observaba complacido como su táctica militar obtenía éxitos medidos en números de muertos. Es en estas fechas cuando huyendo del terror y la persecución, miles de personas encuentran refugio en la espesura selvática y en las escarpadas montañas del altiplano. Estos miles de refugiados pronto se organizan en Comunidades de Población en Resistencia (ver apartado 7.2.).

Ríos Montt pronto se deshizo del triunvirato que surgiera del golpe. El 9 de Junio, dos meses después, con una hábil maniobra se quedó solo manejando el país a su antojo. Maldonado Shaad y Francisco Luis Gordillo fueron relevados de sus puestos en la junta mientras Ríos Montt se proclamaba Presidente de la República. El pastor evangelista conseguía lo que durante años el fraude electoral le había negado: su ascensión al trono presidencial. Esta jugada supuso un mal trago para los oficiales de alta graduación al tiempo que el Alto Mando perdía a dos piezas claves en el gobierno. La virulenta y visionaria forma con que el dictador de la Iglesia del Verbo conducía el país otorgó argumentos a la cúpula militar para buscarle pronto sustituto. Había traicionado la necesidad que tenía el Estado de recuperar vínculos con la sociedad civil, uno de los objetivos que promovían los golpistas (“... reencauzar el camino de Guatemala por la ruta de la verdadera democracia.”) y que el dictador no estaba cumpliendo.

También los Estados Unidos pusieron su granito de arena en la caída del demente genocida. En los primeros momentos tras el golpe del 82, la administración Reagan había mostrado su beneplácito a la nueva junta de gobierno. El embajador de Estados Unidos en Guatemala declaraba un mes después que su país estaba dispuesto a brindar una ayuda económica estipulada en 50 millones de dólares ante (ojo al dato) la evidente mejoría en la situación de los derechos humanos en el país. Los senadores norteamericanos que en junio visitaban Guatemala mostraron la satisfacción estadounidense ante el dictador por los cambios observados desde 1982.

Pero con el tiempo, las cosas fueron cambiando. El gobierno guatemalteco estaba siendo demasiado independiente de los dictados que llegaban desde la Casa Blanca, empeñada en crear en el triángulo norte centroamericano una fuerza militar capaz de enfrentar la “amenaza sandinista”. Una invitación para visitar un portaviones norteamericano alejaba a Ríos Montt del país el tiempo necesario para que los 30 comandantes, encabezados por el Ministro de Defensa, Oscar Mejía Víctores, acordaran destituirle el 9 de Agosto de 1983 (hecho que se llevó a cabo finalmente 24 horas antes, el día 8). El Alto Mando volvía a tener las cosas en su sitio.

Tras el sangriento y bestial régimen ríos monttista, bajo el lema “quitarle el agua al pez” (confeccionado conjuntamente con EE.UU e Israel), con sus devastadoras consecuencias, se instaló una última dictadura militar, la que presidió Oscar Mejía Víctores, entre 1983 y 1986, para luego dar paso a unos gobiernos civiles.

Los Estados Unidos mostraron su satisfacción por el nuevo rumbo materializa en un incremento considerable de la “ayuda”. De 82.1 millones de dólares en programas de créditos y donaciones en 1983 se pasó a 135.12 millones de dólares en 1984. A cambio, se esperaba la sumisión del nuevo gobierno guatemalteco ante los planes militares tremendamente agresivos que EE.UU. tenía para la zona. El enemigo de Managua debía ser expulsado. Para ello, y con la intención de no emplear sus propias tropas (la experiencia de Vietnam estaba fresca en la memoria colectiva), se hacía necesaria la creación de una fuerza militar en el istmo que enfrentara la amenaza del ejército sandinista, así como las insurgentes tropas que crecían en El Salvador y Guatemala. “El Bloque Tegucugalpa” unía a Honduras, Guatemala y El Salvador en la lucha que se promovía desde el norte.

Mejía Víctores mantuvo el acoso y represión en las áreas rurales, al tiempo que se daba un decisivo empuje a la estrategia que naciera en el periodo anterior y que asentaba sus bases en las Aldeas Modelo y las Patrullas de Autodefensa Civil. Era el “Plan de Campaña Firmeza del 83”. El muro de impunidad seguía intacto. Valiéndose de los Polos de Desarrollo y las Coordinadoras Inter-Institucionales (CII) que los administraban, el gobierno surgido del golpe del 83 supeditó la sociedad civil al poder militar. El gobierno controlaba la Coordinadora Inter.-Institucional Nacional (CIN), a la cual estaban supeditados todos los proyectos de las comunidades. A su vez, en cada departamento existía una coordinadora, comandada por el jefe militar de la zona, con las mismas atribuciones que la CIN pero con limitación a su departamento. Con este entramado de organismos dependientes, el ejército se aseguraba el control efectivo de la vida civil. A su vez, la crisis económica era acuciante y Mejía Víctores no era optimista con los pronósticos para el 84. En el 85 se llega a un crudo enfrentamiento entre el gobierno militar y los empresarios guatemaltecos dada la exigencia gubernamental de que estos últimos pagaran impuestos. La deuda externa del Estado de Guatemala es muy elevada y el propio FMI recetó medidas económicas para intentar revitalizar un país al borde de la quiebra. Los intentos del poder militar de fiscalizar las actividades empresariales chocaban de lleno contra un sector acostumbrado a la exención y al liberalismo más extremo. Mientras se normalizaban las relaciones entre los rumores de un nuevo golpe de Estado, se acercaban las elecciones de 1985 que, regadas de muerte en las zonas rurales, iban a suponer la entrada del primer gobierno civil en 32 años.

Solo fachada. El ejército y su cúpula militar seguían teniendo el control fáctico de la situación. El modelo de Estado Contrainsurgente que avalaba la represión y la violencia estatal como vía de combate a los terroristas, permanecía incólume. Nada había cambiado. Las elecciones de 1985 limpian la cara y las manos de los asesinos. En 1986, el primer gobierno civil toma la férula del país. Bombo y platillo.

3.3. LA MÁSCARA CIVIL: 1986-HOY DÍA.

“Todo debe cambiar para que todo permanezca igual” El Gatopardo.

Marco Vinicio Cerezo Arévalo marca el antes y el después. En el campo, la represión continúa. El ataque a la disidencia ideológica es brutal. Las CPR sufren en sus carnes la devastadora acción del ejército. Los créditos y la financiación aumentaron en 1986 de manera considerable pese a la recomendación de la ONU de 1984 de no asistir al régimen guatemalteco. Las expectativas de un mercado tan vasto como el centroamericano eran demasiado suculentas como para que unos rumores sobre violaciones de Derechos Humanos las echaran por tierra.

El aumento del presupuesto militar hasta un 60% sobre el de 1985 indica las prioridades de un gobierno volcado en complacer a la inversión extranjera y la elite nacional allanando el terreno. La apisonadora pasó por el Ixcán (Ricardo Falla, 1985). La “Ofensiva Fin de Año” de 1987 castigaba los departamentos de el Ixcán y el Quiché, lugares donde la población en resistencia se refugiaba. La lluvia de fuego se continuó en el año 1988 (Fortaleza 88). Pero no se conseguía asestar ningún golpe meritorio a la URNG ni capturar población en resistencia. EE. UU. colaboró con 150$ millones en forma de ayuda económica y una asistencia militar de 7,5 millones de dólares al despuntar el 88. También el gobierno japonés firmaba acuerdos de ayuda con Guatemala por valor de 45 millones de dólares.

Pero no solo los efectivos militares son utilizados como herramienta. En el afán de mantener el orden imperante y contradictorio, Vinicio Cerezo se empeñó en crear una capacitada policía que, con la excusa de luchar contra la delincuencia, se convirtió en una eficaz implemento de represión: a finales de 1987, 300 radiopatrullas llegan de México, se compra al gobierno español 85 unidades motorizadas y el envío de 130 agentes, oficiales e investigadores a Venezuela a recibir capacitación (X. Albesa, 1998). Una terrible policía política dispuesta y capaz de reprimir cualquier brote de rebelión urbana. Los desaparecidos aumentaron, los cadáveres mutilados volvían a configurar el paisaje de las cunetas o barrancos guatemaltecos.

Nadie confiaba ya en esas alturas en este gobierno. Solo militares, terratenientes y empresarios brindaban su apoyo a esa maquinaria de reprimir y matar. Las esperanzas que algunos depositaron en él, se habían evaporado. Nadie prestaba ya su confianza en él (8). Incluso la Iglesia se alejó de este gobierno y editó una circular (Clamor por la Tierra) donde denunciaba la injusta situación de los pobres y se posicionaba junto a ellos.

Los siguientes gobiernos otorgaron al ejército una alta cuota de poder y autonomía dentro de los planes de “pacificación”. Se sucedían los decretos mientras en las zonas de “resistencia” las operaciones continuaban. El ejército destruía campos, aperos, herramientas, masacraba animales de granja y las personas que podía capturar. Se acusaba a la guerrilla o se negaban las acusaciones. Los medios de comunicación no descansaban. Se atribuían gloriosas victorias al ejército frente a los insurgentes. La realidad era otra. La URNG crecía en efectivos. El EGP atacaba diariamente los destacamentos militares. La presencia de la guerrilla en el área de las CPR era constante. Entre las organizaciones armadas y las comunidades en resistencia la relación era cordial. “Entonces la guerrilla (qué) va a decir. Tranquilos. La guerrilla pasa. La guerrilla no va a machetear la milpa ni nada, nada. Al contrario, da buena idea la guerrilla: ‘ustedes hay que cuidar sus tierras, nosotros no con ustedes tenemos problema, con el ejército sí, porque ellos vienen a matar a ustedes también, entonces nosotros estamos aquí con ustedes’ y así no nos molestan pues” (Testimonio de Antonio Pérez García, centro San Francisco, CPR- Ixcán. Citado de X. Albesa, 1998).

En las elecciones de 1991 con un 45% de participación, Jorge Serrano Elías alcanza el sillón presidencial. Con su discurso de toma de posesión ya sentó sus intenciones de no introducir cambios. La iniciativa privada descansaba con tranquilidad. Los ministerios pertenecientes al área económica quedaban en manos de personas vinculadas con el sector privado. Los empresarios vieron la hora de afianzar su posición ahondando las raíces del pacto tradicional con los militares, por un lado, y con Washington, de otro. Desde la Casa Blanca se veía con esperanza el ascenso en el poder de la clase empresarial, la única a sus ojos de permitir la sostenibilidad económica a largo plazo e, incluso, asumir la conducción política de los procesos que la generan. Todo seguía en su sitio. El revestimiento democrático del régimen aseguraba la llegada de préstamos desde organismos internacionales y países amigos. El Alto Mando no debía preocuparse por los fondos. Recuperados los lazos con el gobierno, los coletazos en las zonas de resistencia guerrillera y los golpes en la zona urbana proseguían. La paz parecía quedar fuera de nuevo de los planes que Serrano tenía para el país.

Su sucesor en el cargo hizo revivir esperanzas de cambio. Un antiguo Procurador de los Derechos Humanos de retórica fácil y de aparente discurso sincero, siempre acusó al gobierno de la violación sistemática de estos. Ramiro de León Carpio significa el cambio frustrado. Los deseos de cambio que mucha gente depositó en su figura pronto se demostraron equivocados. No hizo nada por desmilitarizar el país ni reducir el poder político del ejército. Su decisión de mantener las Patrullas Civiles, el reclutamiento forzoso, los comisionados militares, el Estado Mayor presidencial y otros mecanismos de militarización supusieron un malestar en un amplio sector de la sociedad. En lo económico se doblegó ante la cúpula empresarial y los dictados del FMI. Sus promesas de diálogo con las CPR y mejora de la situación social para el país quedaron en pocos meses archivadas. La comisión que las CPR enviaron a Guatemala Ciudad tardaron en entrevistarse con el recientemente electo presidente y cuando al fin llevaron a cabo su propósito solo escucharon evasivas y discurso barato. Los deseos de cambio gestados en las urnas se truncaban en amargura y resignación.

Los siguientes gobiernos han mantenido una tónica similar. Tras el maquillaje de sociedad democrática, respetuosa con los Derechos Humanos y país en “vías de desarrollo”, con industria naciente y paraíso inversionista, la población sigue sin superar los umbrales mínimos de dignidad. Una verdadera y profunda reforma agraria sigue sin llegar. La propiedad de las tierras guatemaltecas sigue concentrada en una mínima proporción de personas mientras que comunidades y cooperativas ven violados continuamente los acuerdos que firmaran con el gobierno. El acoso que terratenientes y narcos mantienen sobre las comunidades se incrementa anualmente sin que el Estado implemente medidas para impedirlo. Los indígenas guatemaltecos siguen siendo el escalafón más pobre y bajo de la racista sociedad chapina. En fin, la fachada se reformó, pero la estructura centenaria sobre la que se levanta el país centroamericano sigue intacta a remodelaciones o reformulaciones. Los militares, por si acaso, siguen vigilando.


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
V. La paz firme y duradera. 1996-actualidad. La falacia
Por Pausanias el Ácrata (marzo 2006)
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“El simple cese al fuego no va a solucionar las enormes desigualdades económicas y sociales, la crisis política ni la contradicción étnica-cultural, el irrespeto, la marginación hacia el pueblo maya, como tampoco sería la base para el respeto de los derechos humanos de los guatemaltecos (...). El acuerdo de paz firme y duradera debe estar sustentado en la resolución de las problemáticas económicas, políticas, sociales y étnico-culturales de los guatemaltecos”.
Coordinadora de Sectores Civiles, Mayo, 1993.

“Todo queda atado y bien atado”.
Francisco Franco.

4.1. LAS PRIMERAS TENTATIVAS.

En 1986 la URNG da un paso clave en la turbulenta situación política guatemalteca. Durante varios meses dejo en suspenso sus operaciones militares con el objeto de no entorpecer un posible proceso democratizador. El gobierno democristiano instalado en el gobierno en ese año era el primero civil en 32 años y las expectativas de cambio y reforma aún estaban vivas. Junto a este alto el fuego, la comandancia guerrillera realizó una serie de demandas que debería satisfacer el recién nacido gobierno para iniciar una democratización real: esclarecimiento de los asesinatos políticos, masacres y desapariciones junto con las responsabilidades que ello acarrearía. También pedían el cese de la represión, la disolución de las patrullas civiles y aldeas modelo que tanto daño estaban causando a la población campesina, el cese del control de la población a la par que se concediera la libertad de organización y movilización popular. Todo ello acompañado de la adopción de medidas socioeconómicas a favor de los sectores populares. Pocos meses después de realizar estas peticiones base, la guerrilla propuso al gobierno de Vinicio Cerezo la iniciación de un proceso de diálogo para dar solución política a la guerra intestina que Guatemala llevaba padeciendo desde los años 60. Sin embargo, el gobierno, con el ejército siempre espectante, insistió en la solución militar. Como ya se apuntó en el punto 3.3., el ejército comenzó un intenso rearme que se aceleró después del intento de golpe de Estado de mayo del 88. Los cuerpos de policía se fortalecieron también sensiblemente. La asistencia exterior, en especial desde Estados Unidos, posibilitó el aprovisionamiento del sector castrense. La imagen del país engañosamente restaurada con el cambio del poder militar por el civil facilitaba la obtención de asistencia. El plan que el Alto Mando diseñara iba dando resultado. Pronto, como también se indica en capítulos anteriores, la institución armada estuvo lista para realizar importantes campañas contra las cooperativas fuerzas guerrilleras, las cuales, fueron pronto consciente de la escasa intención de diálogo que mantenía el nuevo gobierno civil. Las operaciones que se ensayaron no fueron tan efectivas como los militares parecían desear. De hecho, a principios de los 90 la URNG extendieron su influencia a nuevas zonas así como reactivaron la actividad en otras que el ejército aseguraba tener “pacificadas”.

En 1987 había iniciado la radiación La Voz Popular, emisora de la guerrilla. Según los datos que esta emisora hacía públicos, entre 1986 y 1992 la insurgencia había llevado a cabo más de 11800 operaciones de distinto tipo en las cuales había causado casi 14000 bajas militares; destruyó 47 blindados, 66 transportes militares terrestres, 2 aviones y 9 helicópteros; averiaron 25 blindados, 69 transportes terrestres, 23 aviones y avionetas y 150 helicópteros; además, 609 armas fueron capturadas. Mientras, el gobierno y las fuerzas militares restaban importancia a la guerrilla, a la que presentaban como pequeños grupos en extinción y acusándolos de terroristas y maleantes. Estaba clara la falta de decisión de negociar por parte del bloque democristiano.

Vinicio Cerezo había exigido en enero de 1986 como condición previa a cualquier encuentro la deposición de las armas por parte de la URNG. “Tendrían que dejar de ser guerrilleros para convertirse en un partido político” declaraba el nuevo presidente. Apabullado por la presión internacional, el gobierno hubo de ceder. En 1987 se llevó a cabo un primer contacto entre delegaciones del gobierno y la guerrilla. Esto sucedía en Madrid y prometía ser un primer paso. Sin embargo, lo que parecía el conato de una negociación fue abortado prestamente por decisión del ejército.

En 1990 una nueva intentona de acercamiento de ambos antagonistas se llevó a cabo en Oslo, Noruega. Allí delegados de la URNG y de la Comisión Nacional de Reconciliación expresaron su inclinación a la finalización del conflicto por medios políticos. Se nombró al obispo católico Rodolfo Quezada Toruño conciliador y se sucedieron los contactos entre ambas fuerzas: por un lado, la Comandancia General de la URNG, por otro los sectores políticos, empresariales, religiosos, populares, académicos y profesionales. Todos los grupos parecían estar de acuerdo en la necesidad de diálogo directo entre militares y guerrilla, de cambios institucionales y constitucionales en Guatemala, así como del respeto a los Derechos Humanos y de la creación de una democracia real y participativa.

Ya en 1991 bajo el gobierno de Jorge Serrano, se concreta la primera entrevista directa entre gobierno-militares y la URNG en Ciudad de México. Se aprobó un “Acuerdo de procedimiento para la búsqueda de la paz por medios políticos”, así como una agenda de puntos para ser discutidos en nuevos careos. Dos reuniones más se sucedieron, en julio de 1991 en Querétano donde se concretó un acuerdo marco dentro del cual deberían desenvolverse los demás temas que constituían la agenda programada den el D.F. mexicano. Se expresaba la necesidad de una sociedad civil donde las fuerzas armadas estuvieran sometidas al poder civil para establecer un Estado de Derecho. Muy buenas palabras se desgajaron de estas reuniones: democratización, establecimiento de la vigencia de los Derechos Humanos, derechos de todos los ciudadanos a beneficiarse de la riqueza nacional, derecho a relaciones de trabajo justas, de mantener las formas culturales y de organización popular...

Pese a ello, existían divergencias importantísimas de fondo. El principal objetivo del gobierno y ejército pareciera ser la capitulación de las fuerzas insurgentes, punto por el cual debía pasar toda la negociación. Las exigencias de la URNG de establecer una Comisión de la Verdad con marco internacional para esclarecer los acontecimientos de violaciones de las pasadas décadas y vigilar el cumplimiento del acuerdo sobre Derechos Humanos. Dicha comisión entraría en vigencia a la par que firmado el acuerdo, mientras que gobierno y ejército se negaban a dotarlo de nivel internacional y solo entraría en funcionamiento después de la rendición incondicional del frente guerrillero. Lo único que parecía perseguir el gabinete de Serrano y el Alto Mando era la rencición de la guerrilla sin prestar demasiada importancia a las reformas por las que clamaba gran parte de la ciudadanía guatemalteca. En Crónica del día 19 de Mayo de 1988 el ministro de defensa declaraba “El diálogo es un eufemismo que usamos para hablar de rendición”. Quedaba patente la falta de voluntad desde las partes más reaccionarias del ejército, gobierno y sector empresarial para acometer ningún cambio con respecto a las posiciones de la URNG (derechos humanos, desmilitarización, cambios en estructuras políticas y económicas...) los cuales les alejarían de las ventajosas posiciones que habían disfrutado desde tiempo atrás. La URNG busca acuerdos que transformen significativamente la política, economía y sociedad nacional. La negociación, para la organización armada, debe concluir con transformaciones verificables. La Coordinadora de Sectores Civiles, otro importante sector nacional, apoyaba la moción transformativa que promulgaba la URNG. Incluso la Iglesia concordaba con la guerrilla. Señalaba que “para alcanzar la paz no basta solamente con el cese del fuego, el fin del conflicto armado; sino que hay que crear las condiciones, sentar las bases para que le pueblo tenga mejor vida, más acceso a bienes y servicios necesarios para su sobrevivencia; para que cese la violencia institucionalizada y la impunidad, y podamos vivir en un Estado de Derecho”.

Se aprecia una convicción generalizada de que para alcanzar la paz habrá que realizar cambios profundos en lo que venía siendo la vida política del país. La visión del grupo empresarial, militar y gubernamental no es la misma. Adoptar y aprobar las proposiciones de la URNG para alcanzar la paz supondría ceder parte importante del poder que durante años se había concentrado en sus manos. La corrupción que campaba en el gobierno de Serrano no veía conveniente que se investigara, los militares no deseaban depurar responsabilidades y los empresarios y latifundistas no creían pertinente mejorar las condiciones de vida de los trabajadores en merma de sus abultados beneficios. El camino hacia la paz y el cambio estaba cercado con alambre de espinos.

4.2. CAMINO DEL GOLPE.

Mientras, en ese marco de la negociación abierto desde 1986, los sectores civiles se habían movilizado y ganado espacios para la protesta. Una conciencia sobre la situación política y social del país fue surgiendo y nacieron nuevas agrupaciones populares en busca de cambios. El ejército era cuestionado y acusado desde esta nueva propuesta popular. A dicha institución se la hacía responsable de masacres, matanzas, desapariciones e innumerables violaciones de los derechos humanos. La propaganda que tan afanosamente se había elaborado se resquebrajaba.

En esta situación de recalentamiento de la situación social y pérdida de credibilidad de las instituciones nacionales por excelencia (gobierno y ejército), los militares comenzaban a no sentirse cómodos. La promesa de Serrano de acabar con la URNG consiguiendo su desarme incondicional se demostraba vana. Lo que hubiera sido un perfecto escaparate para el nuevo modelo civil que los milicos querían instaurar para Guatemala se agrietaba. Los sectores más conservadores y violentos del ejército estaban disgustados. A finales de 1992 se decide romper la negociación con la URNG que se estaba haciendo fuerte al calar sus demandas en la sociedad civil. Al comenzar el 93, Serrano de manera desesperada se ofrece a reconocer las peticiones de la URNG sobre derechos humanos a cambio de un alto el fuego sin tratar los demás temas propuestos por el movimiento guerrillero. Al tiempo el ejército había iniciado una ofensiva contra los rebeldes. Se buscaba derrotarlos y obligarlos a aceptar las condiciones impuestas por el gobierno. Las dos vías de acción, política y militar, se complementaban de nuevo. Sin embargo, ambas fracasaron dejando al sector militar en una desesperada situación. La ofensiva bélica fue intranscendente y la URNG se negó a abandonar el programa de cambios y reformas como paso previo a la paz. La situación se tronaba desesperada para el gobierno y militares. Además, el ambiente social se degradaba enormemente. La eliminación de subsidios a servicios esenciales y el alza de los combustibles y transportes, la energía eléctrica, y la subsiguiente elevación del costo de la vida generaron una crisis de relevantes proporciones. La pobreza seguía creciendo. La impunidad persistía, la inseguridad ciudadana iba en aumento y las violaciones de los derechos humanos no se reducían. 252 guatemaltecos fueron asesinados o secuestrados por la represión política durante los cinco primeros meses de ese año. El ejército lanzaba centenares de bombas sobre áreas pobladas por población civil no combatiente. Esto detona en el Primero de Mayo cuando unas 500 organizaciones populares reúnen a unas 60.000 personas en la celebración de tal día. Los participantes en los actos reclaman la desmilitarización, mejoras económicas y sociales, disolución de las patrullas civiles, firma del acuerdo de paz, cese de la corrupción e impunidad... Los siguientes días son testigos de movilizaciones reivindicativas importantes de estudiantiles, maestros y sectores populares en general. Ante esta revuelta ciudadana masiva, el poder saca a la calle tanques y perros amaestrados. La represión cobra fuerza como medio de ejercer el poder. Los estudiantes enfrentaban con piedras las fuerzas represivas en acontecimientos sin precedentes.

Los analistas del ejército perciben en este repudio y rechazo al gobierno y a las fuerzas armadas una amenaza importante de desórdenes civiles y levantamientos de mayor envergadura y repercusión. A su vez, fuertes intereses económicos están presionando al gobierno para la emisión de leyes que facilitaran la privatización de servicios y empresas estatales. El Congreso frenaba este requerimiento y su disolución agilizaría las cosas. En este ambiente de insurrección generalizada e intereses privados, se programa un viro de timón, algo que nadie esperaba: el golpe de Estado del 25 de Mayo de 1993.

4.3. SERRANO ELÍAS, DICTADOR CIVIL.

Con Serrano como peón, el ejército toma las medidas oportunas para bloquear el rumbo que estaba tomando la situación. Los sectores más reaccionarios de la institución (con un prolongado diálogo con la URNG que debilitaba al ejército, el rencor contra él y la posible revuelta desde las clases populares, los juicios teatro contra algunos militares que empezaban a debilitar la inmunidad del organismo...) comenzaban a no sentirse cómodos. Imponer la mano dura para regresar al orden, acabando para ello el diálogo con la guerrilla, y prevenir una revuelta social de mayores consecuencias, movieron a los militares a consumar este nuevo levantamiento golpista. Esta vez, utilizaron a Serrano Elías como marioneta. Este asumió la autoría del golpe librando de culpa a los militares, pero como se ha señalado en varias ocasiones (9) las condiciones sociales y económicas empujaron la alta oficialidad a moldear esta nueva situación. Hacer encabezar un golpe por un civil y así eximirse de pagar el alto costo político fue una ingeniosa estrategia pero hay que señalar que no engañó a nadie. A esas alturas, todo guatemalteco sabía que era “imposible realizar un golpe de Estado por parte de ningún sector, sin la participación del ejército” (Coordinadora de Sectores Civiles –CSC-).

Nadie festejó el golpe esta vez. Las primeras manifestaciones contra el nuevo dictador fuero acalladas con letal eficacia por las fuerzas policiaco-militares. Pero el rechazo que se congregó en torno al nuevo gobierno fue haciendo percibir al Alto Mando de la inviabilidad del programa. La comunidad internacional sentenció la imposición del nuevo régimen dictatorial. Se suspendieron las ayudas desde Norteamérica, Japón y Europa hacia el herético gobernante chapín. Los tiempos habían cambiado. Lo que décadas atrás se subvencionaba abiertamente, hoy día se censuraba. Los “demócratas” del mundo entero habían comprendido. Manteniendo una retórica de libertad y derechos, los países que años atrás financiaban o consentían regímenes tiránicos del cariz del que ahora implantaba Serrano volvían la espalda al nuevo mesías dictador del país centroamericano. No importan sus métodos y tácticas, solo cuenta el beneficio. Y mantener a la vez una imagen de cara al mundo de humanitarismo y preocupación por los derechos humanos y civiles permite alargar el tiempo de percepción de tal beneficio. Cuestión de cifras. Hipocresía al servicio del capital. Los mecanismos de control neocolonialista han cambiado. Ya no dependen de dictaduras militares de dura férula. La OEA declaró que “la democracia no se defiende con golpes de fuerza”. Ya se lo podían haber explicado a Méndez Montenegro o a Ríos Montt. Además llamó a los demás gobiernos del continente a adoptar fuertes medidas contra Serrano. Los golpistas se están quedando aislados en el plano internacional que una vez les respaldó.

Junto a esta fachada que medio mundo había erigido como bandera en pro de solidaridad y defensa de la democracia (como si Vinicio Cerezo hubiera sido mejor que Serrano solo por el hecho de autoproclamarse vencedor electo en las urnas), el sector civil guatemalteco había madurado bastante. Ya lo había apuntado en los momentos previos al golpe y fue, quizá, una de las causas directas de que este se llevara a cabo. Los sectores populares concentrados en torno al Foro Multisectorial Social exigen la depuración de los tres organismos del Estado y juicios a los responsables del golpe.

También los partidos políticos aceptaban la salida de Serrano del gobierno y la reestructuración de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Constitucionalidad, aunque no todos estaban de acuerdo en la depuración del Congreso.

Serrano Elías está solo. Los militares estudian la situación. Serrano es finalmente destituido el día 1 de Junio. El ejército extralimitándose se vuelve a convertir en protagonista de la vida política en Guatemala desplazando a Serrano y mostrándose obediente ante la ley. Para el Alto Mando, no había pasado nada.

4.4. AMARRANDO LA PAZ.

Ramiro de León asume la presidencia y, como ya se enfatizó, muchos vieron en su persona la renovación que el país y sus instituciones necesitaban. Pareciera que iba por fin a actuarse contra el ejército, los grupos paramilitares que el primero formaba, se iba a abolir las nefastas PAC y su campaña de violencia y ataques a civiles (10). También se llego a creer que se acabaría con la corrupción y la desigualdad que recorría la espina dorsal del país. Se metería mano a la situación económica para reajustarla hacía una situación de justicia social mayor, se realizaría una reforma agraria y se fomentarían los derechos civiles. Al tiempo, la paz se vislumbraba posible y cercana con ese licenciado defensor de los derechos humanos que tanto había fustigado al gobierno cuando aún no formara parte de él. Sueños. Un mes después, más o menos, de su ascensión al salón presidencial, el día 3 de julio, Jorge Carpio Nicolle, secretario del partido Unión del Centro Nacional y primo hermano del novel presidente, es asesinado junto con tres de sus acompañantes a manos de unos 30 hombres armados. El crimen se perpetró en el departamento del Quiché. Se aseguró desde la UCN y los familiares de las víctimas que el móvil fue político y se vincularon las amenazas de muerte que estaban llegando al afán por esclarecer los hechos. El ejército y sus múltiples brazos dejaban claro que nada iba a cambiar. El mensaje para el presidente era directo y contundente. No revuelvas.

Diversos sectores afirmaron que este hecho coincidía con un momento de aumento de la represión política y que parecía dirigido a evitar la consolidación del gobierno y las empresas que quizá se estaba planteando llevar a cabo.

Sea como fuere, Ramiro de León Carpio no solo perdió un primo sino también la decisión de enfrentar el eterno orden castrista que regía el país desde un siglo atrás.

En cuanto a lo que la negociación se refiere, la Comandancia General de la URNG propuso a De León una reunión directa a ser consumada con la mayor brevedad. Los sectores civiles urgían al presidente a retomar la negociación enterrada desde donde se quedaron los anteriores acuerdos. Sin embargo, el presidente demoró el careo alegando que las conversaciones de paz no tenían “prioridad inmediata” así como que se revisaría el proceso negociador anterior y la comisión de paz.

El 7 de Julio presentan una propuesta de paz que omitía la Comisión de la Verdad (11) (aunque existía un Foro Permanente por la Paz, integrado por distintos sectores y presidido por Monseñor Rodolfo Quezada Toruño el anterior conciliador) e intentaba dar una salida al conflicto evitando el contenido político de este e ignorando a la otra fuerza en beligerancia, la URNG. Anteriores acuerdos ya tomados podrían ser tomados en cuenta por el Foro Permanente por la Paz y que el gobierno unilateralmente podría adoptar algunos. Pese a este carácter, la URNG intentó el acercamiento aunque sin escatimar ciertas críticas al parón que significaba obviar los tres años de actividad negociadora. La sociedad civil también calificó de insuficiente la postura que tomaba el gobierno, considerando que no se podían separar el conflicto armado y los problemas estructurales que lo causan en dos ejes de negociación (como ya había apuntado la URNG) y que la decisión de eliminar la Comisión de la Verdad era una verdadera provocación. Solo el sector empresarial criticó el intento de negociación al no reconocer a la URNG como interlocutor dado su carácter ilegal.

Al tiempo el ministro de Defensa anunciaba un ofensiva militar contra la guerrilla, avalada por el presidente. Las restricciones derivadas de esta ofensiva volvían a repercutir en la sociedad civil. A su vez se reanudaron en esos momentos atentados de grupos paramilitares contra diversos objetivos civiles. Ante este recrudecimiento, la URNG exigió al gobierno muestras de seriedad y voluntad de paz, insistiendo en la necesidad de continuar el proceso negociador. El gobierno atribuyó esta insistencia por negociar la paz a la perdida de terreno de la guerrilla por parte de la presión del ejército y que necesitaba la negociación para mantenerse activa.

De esta manera, el camino a la paz se estaba bloqueando. El gobierno, actuando de acuerdo a los interese de ese segmento que no percibía la paz más que como una amenaza, ponía fin a un largo proceso de negociación que desde el 86 se fuera gestando ante las reticencias de esos sectores recalcitrantes.

La negociación de paz se intentó restablecer mediante la propuesta del conciliador Moseñor Quezada, el 21 de Septiembre, que fue aceptada por la URNG y la mayoría de los sectores civiles como justa y viable. Pero el gobierno cuestionó la proposición por considerarla heredera de las anteriores y representante, por lo cual, de una continuidad que pretendería tratar primero los temas sustantivos y luego los operativos. Más tarde, el gobierno promovió una nueva iniciativa que ignoraba las anteriores propuestas para partir de cero. La URNG desechó la iniciativa gubernamental que seguía redundando en el desarme sin condiciones, lo único que al ejército y gobierno parecía importarle. La población civil volvió a criticar el nuevo plan al no recoger las aspiraciones del pueblo y solo veían en él una reformulación de los planes anteriores del gobierno. Llegaron a presentar la propuesta del gobierno como una irresponsabilidad y cuestionaron la voluntad de este. Pretendía dicho plan acabar con la guerra sin solucionar las causas que la generara. Se hacía retroceder siete años la negociación así como se suprimía la Comisión de la Verdad. También, como la URNG, apoyaron el plan que presentara Quezada, el conciliador. Incluso la Conferencia Episcopal calificó el plan gubernamental como inviable. En definitiva, el plan fue adjetivado de irreal, de planteamiento de guerra, prepotente y beligerante por parte de sindicatos, periódicos y otros sectores integrantes del mundo de la política. Solo la cúpula empresarial aplaudió el carácter del nuevo plan ofrecido por el gobierno, dando muestras se su escaso sentido de la realidad y la prudencia.

Las intenciones del gabinete de Ramiro de León no aparentaban estar demasiado alejadas que las de sus predecesores en lo que a la búsqueda de la paz se refiere. El ejército que había monopolizado por cuarenta años la vida política, económica y social seguían negándose a regresar al papel subordinado que todo ejército debiera tener en un sistema democrático pleno. Su preeminencia se translucía en cada declaración que el gobierno realizaba y mucho más patente se hacía en el último acuerdo que se presentó como proyecto de diálogo para alcanzar la paz. Al tiempo, la violación sistemática de los derechos humanos continuaba. Irónicamente, aquel antiguo defensor de éstos se convertía en encubridor de abusos y asesinatos por parte de su propio gobierno. Las denuncias contra este tipo de actos. Incluso el gobierno de Estados Unidos mostró su preocupación por los abusos contra los derechos humanos y declaró que no reanudaría la ayuda militar que ya suspendiera en 1990 (12).

Pese al rechazo generalizado con que fue recibido el plan del gabinete del presidente De León, tanto dentro del país como en la comunidad internacional, el preboste del gobierno se mostró tajante en continuar con él. Pero pronto surgieron los reveses. Con la opinión pública en contra, la Iglesia fue el siguiente organismo en volverle la espalda a las aspiraciones del presidente. Monseñor Quezada Toruño se negó a participar en la CNR. La Iglesia también se retiraba de esta comisión y con ella se auguraba el abandono de otros sectores. Las críticas le llovían al gobierno desde todas las direcciones, incluso desde su interior donde algunos funcionarios comenzaban a emular el discurso revolucionario de ciertos líderes populares aceptando que la paz no es sólo la ausencia de guerra y que un simple acuerdo tendría poco valor si no se solucionaban los problemas crónicos que causaban los enfrentamientos. En el ámbito internacional se sucedían peticiones hacia el gobierno guatemalteco de flexibilidad en su postura e incluso varios gobiernos extranjeros calificaban el plan de inviable.

Mientras, la URNG se hacía fuerte en el plano internacional. Visitas a Washington, Nueva York, Alemania, Holanda y Suiza así como participó en una reunión convocada por la Secretaría General de la ONU con la presencia del conciliador Quezada para cimentar unas bases para continuar la negociación. El reconocimiento hacia la URNG y sus pretensiones y demandas aumentaba en el mundo contradiciendo la postura oficial del intransigente gobierno guatemalteco que negaba a la organización reconocimiento y representatividad.

Finalmente, del 6 al 9 de Enero de 1994 la URNG y el gobierno se reunieron en ciudad de México para acordar las bases para continuar con el proceso de paz. La reunión concluyó con la firma de un Acuerdo marco para la reanudación del proceso de negociación”. En él se recogía lo positivo del proceso precedente, desde el de Oslo en 1990. Garantizaba el contenido de la negociación, se descartaba el Plan Nacional de Paz que el gobierno propusiera y se aseguraba la participación de los sectores civiles en el proceso a través de la asamblea. Este marco se recibió con esperanza, pero Ramiro De León pronto se mostraba empecinado en destruirlas. Insistió en el cese el fuego mientras que la paz económica y social ya se llevaría a cabo más adelante. El ministro de Defensa y otros jefes militares se negaron a la creación de una Comisión de la Verdad.

Sin embargo, y pese a las reticencias la presión para firmar el acuerdo de paz crecía. Internacionalmente era necesaria una paz y estabilidad para poder volver a invertir abiertamente en un país democrático y sin conflictos. El gobierno necesitaba apuntarse ese tanto y reanudar los contactos económicos. La guerrilla pretendía cambiar mediante la política lo que 30 años de guerra no pudieron derribar. La sociedad civil, hastiada de muerte y dolor, anhelaba con fervor casi mesiánico el advenimiento de un acuerdo de paz que atajara el conflicto y se siguiera de la desmilitarización del país.

La negociación se prolongó aún dos años más. Finalmente en 1996, año de elecciones, se firma la Paz Firme y Duradera. Las negociaciones se cerraban y parecía que se volvía la página para iniciar un nuevo capítulo. ¿Sería eso posible?. Una mayoría de guatemaltecos así lo aspiraban.

Desde 1986 se había iniciado un lento proceso de dialogo entre gobierno y guerrilla. Estas conversaciones llegan a su culminación en el año 1996. Entre un sinfín de actos emotivos, abrazos, estrechones de mano y retórica fácil cubiertos por los omnipotentes medios de comunicación, se firma la Paz Firme y Duradera”. Las armas que defendían los intereses del pueblo son entregadas. Las que protegen a los poderosos no, esas permanecen donde estaban.

Una nueva etapa se abría. Bueno, nueva no. Una continuación de la anterior con diferentes estrategias. Ahora, con el rostro lavado por una paz recién conseguida las ayudas y financiaciones de organismos internacionales llueven como maná en las arcas del Estado. Rápidamente, los acuerdos se olvidan y la reforma agraria queda en papel mojado. La guerrilla y sus componentes entregan sus armas y se reincorporan a la vida civil. Sin embargo, el gobierno guatemalteco pronto deja ver que no tiene intención de cumplir lo que firmó en los acuerdos de paz entre cámaras y falshes. Todo estaba destinado a continuar como hasta ahora había discurrido: por el cauce del liberalismo más feroz que los EE.UU. pueden exportar. El antiguo URNG desmantelado se reorganiza en forma de partido político dejando un ápice de esperanza para aquellos que creyeron en la posibilidad del cambio a través del cauce legal. Hoy día, es un partido con escasa fuerza y debilitado por la corrupción y falta de apoyo. Solo en las zonas rurales mantiene un grado de votantes aceptable. El juego debilita y corrompe a todo el que lo acepta. Las reglas tácitas que lleva implícito obligan al cumplimiento de una serie de normas que subyugan cualquier intento al fracaso. La experiencia guatemalteca así lo corrobora. La derrota estaba consumada.


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
VI. La guerrilla. Nacimiento y desarrollo de la lucha armada en Guatemala.
Por Pausanias el Ácrata (abril 2006)
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La lucha armada como producto de las contradicciones engendradas por el sistema neoliberal se inicia en Guatemala en la década de los 60. La inviabilidad de una solución pacífica a la paupérrima situación social y a la creciente militarización con que el poder se manifestaba llevan a un sector de la sociedad a tomar las armas como vía de actuación política. Los antecedentes que se pueden apuntar como paso previo a la formación de los primeros movimientos armados del pueblo son el levantamiento militar de Zacapa e Izabal, las luchas de 1962 y la intentona guerrillera de Concuá. Analicémoslo con más pausa.

- El levantamiento militar de Zacapa e Izabal.

El 13 de Noviembre de 1960 se realiza un frustrado levantamiento militar contra el gobierno del general Miguel Idígoras Fuentes. Tras varios días de combate en los departamentos de Zacapa e Izabal, esta intentona es sofocada. Organizada por oficiales, subalternos y superiores organizados en una organización conspirativa llamada “Logia del Niño Jesús”, los motivos para el levantamiento eran, por un lado, el disgusto con la corrupción reinante y el descuido de la administración militar y, por otro, las maniobras que llevaba a cabo en el departamento de Retalhuleu como preparativo para la invasión de Cuba, la brigada de exiliados cubanos llamada “2506”. A esto, hay que sumarle la corrupción en la administración pública del régimen Idígoras que provoca desaprobación unánime entre los confabulados castrenses.
La rebelión fracasó por la retirada de ella en el último instante de buena parte de los conjurados. Al parecer, esto se debió a que una tendencia considerada por ellos como muy izquierdista buscaba imponerse en la dirección del alzamiento.
Después del fracaso, un grupo de oficiales subalternos (Luis Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo Esquivel, Rodolfo Chacón, Zenón Reina, Augusto Loarca, Alejandro de León...) persistieron en su actitud disidente fundando el llamado Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR- 13 N) que inicia operaciones en 1961.

- Las luchas de 1962.

Entre Marzo y Abril de dicho año, la amplia lucha de masas contra el antipopular gobierno de Idígoras Fuentes marca otro hito a señalar. Tras la represión feroz de la dictadura de Castillo Armas, el movimiento obrero y sindicalista se encuentra debilitado la multitud que se derrama a la calle en un clamor popular es dirigida, fundamentalmente, por los estudiantes universitarios, sector radicalizado de la pequeña burguesía. Sin embargo, la larga lucha en las calles no consigue el desplome del déspota general pero, en vez de esto, tendrá dos efectos fundamentales: por una parte, demuestra agotadas las instancias de lucha político-sociales (dejando únicamente abierta la vía armada) y, por otra, Idígoras solo consigue mantener el control gracias a una ampliación de la esfera de autonomía relativa de las fuerzas armadas que, con la integración del gabinete militar que exorciza la crisis, inician una ocupación del espacio vacante que deja la ausencia de partidos burgueses.

- La intentona guerrillera de Concuá.

Los partidos pequeño-burgueses desaparecen con la caída del régimen de Arbenz, aferrándose a la arena política únicamente el partido comunista de Guatemala, el PGT (Partido Guatemalteco del Trabajo), expresión política de los obreros asalariados del campo y la ciudad, así como de los campesinos pobres. Actuando en la clandestinidad y bajo persecución, había seguido impulsando una reorganización de los sectores populares y pequeño burgueses progresistas. Acordado en su III Congreso de 1960 impulsar todas las formas de lucha, en 1961 se acepta por el Comité Central la creación de un brazo armado. En 1962 se crea un grupo guerrillero que empieza a actuar en Concuá, Baja Verapaz. Su nombre, 20 de Octubre. Este destacamento fue en breve aniquilado por el ejército debido a errores de organización y carencia de estrategia militar.

En Marzo de 1963 se produce un golpe militar que, conducido por el Ministro de Defensa, derroca al agotado gobierno ydigorista . El coronel Enrique Peralta Azurdia toma el mando con renovados bríos. En Diciembre de 1962 se crean las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), fusión de los oficiales del MR-13 N, el Movimiento 12 de Abril, formado por estudiantes de segunda enseñanza y universitarios, radicalizados desde las luchas de Marzo-Abril de ese año, y el Movimiento 20 de Octubre, con el que el PGT se unía a la lucha. Se inicia así propiamente dicha, la lucha guerrillera en Guatemala.

EL MOVIMIENTO GUERRILLERO.

La guerrilla se presentó políticamente como un movimiento de carácter socialista. En 1964 se escinde una facción de carácter trostkista de la IV Internacional, que pasó a denominarse Movimiento Rebelde 13 de Noviembre. El movimiento guerrillero no fue excesivamente numeroso en esta etapa inicial, nutriéndose de la pequeña burguesía del campo y la ciudad, así como de estuantes de segunda enseñanza y los pequeños propietarios rurales del oeste del país. Fue, paradójicamente, minoritaria la participación de obreros, proletariado agrario y miembros de las etnias indígenas.
Durante los años 60 la lucha fue principalmente en el terreno militar, con escaramuzas y ataques sorpresa, sabotajes y secuestros de altos funcionarios del gobierno (las FAR exigieron como requisito para la liberación que el gobierno diera cuenta del paradero de los desaparecidos). La superioridad táctica de las FAR era apabullante, en parte por la concepción nacionalista del gobierno de Peralta Azurdia que no consistió ni requirió mayor participación de los programas norteamericanos de asistencia.

Sin embargo, en el periodo que va desde 1966 a 1968 la organización guerrillera sufre una sangrienta derrota. Al ascender al poder el único civil que presidió un gobierno entre 1954 y 1986 se inicia una dilema ideológico para la comandancia guerrillera. Méndez Montenegro se presentaba como hombre de la izquierda y legítimamente electo por las urnas. Si las FAR como afirmaban luchaban por una verdadera democracia social, el nuevo presidente parecía satisfacer la primera demanda por la que luchaban. Esta duda pronto se disipa. En 1966, Montenegro firma un pacto con los militares. La cúpula militar ata los cabos para mantener el timón en sus manos. Méndez Montenegro no será más que otro pelele de trapo en las manos de la maquinaria castrense. La represión que inicia este gobierno será recordada por la historia como una de las más sanguinarias de la historia reciente de Guatemala. La ayuda que su predecesor en el cargo despreció es bienvenida en esta etapa. Asesores militares estadounidenses acuden al país para diseñar el aparato de la contrainsurgencia de acuerdo a las técnicas más modernas y despiadadas. La operación Fénix que los gringos están desplegando con cierto éxito en Vietnam se aplica para Guatemala. Es la siembra del terror. Hacer que el pueblo esté aterrorizado, asustado y acobardado ante el poder destructivo del terror. Éste, viene en forma de toque de queda, secuestros, desapariciones, torturas, asesinatos, patrullas paramilitares... Junto a esta represiva táctica, el nuevo armamento que llega del norte pertrecha a las tropas chapinas. Los fondos para mantener este Estado de contrainsurgencia se consiguen sin excesivo esfuerzo.
De esta manera tan funesta y en el transcurso de dos años de angustia para el pueblo de Guatemala, la guerrilla ve diezmados sus efectivos y sus apoyos (muchos de los propietarios rurales que les brindaban ayuda desertan de ello o, incluso, pasan a bando contrario).
Cuando esta ola de terror se retrae, la disidencia ideológica es escasa.
En la década siguiente la forma de lucha será intelectual más que armada. Se promueven manifestaciones y huelgas. A partir de mediados de los 70 los grupos armados subversivos se recomponen y comienzan de nuevo una actividad de hostigamiento y sabotaje. El EGP desde su primera actuación en 1975 demostró gran capacidad táctica y operativa. Esta primera acción, el asesinato del Tigre del Ixcán, Luis Arenas Barrena, desastó una de las primeras olas de represión en el área. La huelga en Guatemala Ciudad de 1976 (después del terremoto) creó el contexto necesario para atraer la atención sobre las actividades genocidas del ejército en las tierras altas. Después de 1976 el EGP centró su atención en el campo, comprendiendo la acción de masas como un factor decisivo en la lucha popular guerrillera (atendiendo al contexto de la masacre de Panzós, la toma de la embajada española y la huelga en la costa sur).
En 1992 todas las fuerzas armadas del país se unen para crear un único grupo. Este será la URNG (Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca) que inicia desde este momento un importante despliegue de acciones que demuestran su buen estado táctico y de efectivos.
De esta forma, se podría afirmar que la guerrilla surge desde un enfoque nacionalista primero para luego ir asentándose en posiciones marxistas o socialistas. Desde que nacieran los primeros movimientos subversivos armados en los 60, la línea de vida de estos ha sido constante. En diferentes etapas se han visto debilitados hasta casi desaparecer al enfrentar modernas estrategias por parte de un gobierno con apoyos tácticos llegados desde el extranjero. La superioridad numérica, tanto en efectivos como en armamento, de la institución militar guatemalteca en varios momentos han estado a punto de inclinar definitivamente la balanza hacia una victoria gubernamental con la extinción del movimiento insurreccional en armas. Nunca llegó a acaecer esto.
Aparte de la valoración moral que cada cual pueda dar al surgimiento y desarrollo de una lucha armada y violenta para enfrentar el sistema establecido, la guerrilla se puede considerar una consecuencia lógica de las contradicciones inherentes al sistema económico y de producción impuesto para Guatemala desde la propia Conquista. La pobreza extrema a la que el pueblo estaba sometido unida a una terrible represión cuando intentó reclamar un mínimo de dignidad, posicionó a sectores amplios del campesinado y la población indígena a apoyar e incluso unirse a los movimientos que dirigían intelectuales blancos. Se ha acusado reiteradamente a la guerrilla de radicalizar la situación política del país y contribuir a desatar el terror que campó impune desde 1960. Creo que son acusaciones vanas. La violencia ya estaba instalada dentro del Estado guatemalteco desde tiempo inmemorial y la guerrilla solo vino a contestarla con sus mismos medios. Cuando todos los demás recursos fallan y la vía de la “legalidad” se agota, el alzamiento armado se convirtió en la única respuesta que una amplia capa de la sociedad encontró para continuar luchando. En un país vendido a la inversión extranjera y en manos de unos militares-oligarcas asociados a la alta esfera burguesa que controlaba los medios de producción, así como los políticos, es inviable la posibilidad de cambio democrático cuando este resulta lesivo, en todos los sentidos, para esa comunidad gobernante. Aparte de simplistas juicios de valor maniqueos, la guerrilla resulta entonces una consecuencia inevitable de los desajustes a los que el sistema liberal monopólico generaba en Guatemala.


GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
VII. CUC y CPR: El indígena y la lucha del pueblo.
Por Pausanias el Ácrata (abril 2006)
Índice Guatemala

“Hay CPR porque el ejército nos ha obligado a resistir. Trajimos restos de bombas y balas con las que quisieron matarnos (...). Ustedes saben que no somos guerrilleros, sino campesinos civiles; saben que han ametrallado nuestras champas, que las han quemado varias veces (...). Han bombardeado nuestras comunidades, han capturado miles de hermanos nuestros; también han ordenado a las patrullas civiles que no permitan nuestro comercio (...). La Constitución nos da derecho a resistir cuando ustedes se ponen sobre el poder civil, cuando nos persiguen, cuando nos capturan ilegalmente, cuando han envenenado nuestros ríos y nos han querido matar por hambre”.
“Mensaje al Ejército de Guatemala” de las CPR publicado en Guatemala Flash el 10-9-93 (citado del Centro de Estudios de Guatemala (CEG), 1994).

No solo el movimiento guerrillero se organiza para enfrentar la situación dictatorial y de corrupción extrema que inunda el país. Diversos grupos civiles deciden articularse desde diferentes perspectivas, aunque con convergentes fines, en esta oposición a la situación imperante. Las organizaciones sindicales, duramente perseguidas y reprimidas, así como diversos partidos, condenados a la clandestinidad, o ciertas organizaciones de trabajadores nacen desde la revolución democrática y mantienen con desigual constancia su labor en el campo social. Sin embargo, en este apartado prefiero referirme a dos organizaciones que, por el alto grado de indianismo que muestran, resultan de especial interés.

6.1. EL CUC: LA UNIÓN HACE LA FUERZA.

Entre 1976-78 se va a organizar el Comité de Unidad Campesina que integraba campesinos indígenas y ladinos pobres. Este importante movimiento social, a la vista de la maquinaria contrainsurgente estatal subversivo y de carácter comunista colaborador con la guerrilla, enraíza con las actividades del Comité Nacinal de Unidad Sindical (CNUS), la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y la Iglesia de los Pobres, entre otros. Se funda como una organización de campesinos dirigida principalmente por indios aunque también incluye ladinos. Pronto la represión se cebará en él, desde su primera aparición pública el día del Trabajo de 1978.

En Alta Verapaz, en Mayo del 78, una protesta pacífica de cerca 700 indígenas kekchí concluyó en la ignominiosa masacre de Panzós. Situada en la “zona de los generales”, se enfrentaba al continuo expolio de tierras de manos de estos. La riqueza mineral y petrolífera y los intereses fijados en ellos por los EE.UU. abalan el continuo saqueo de tierras a que los indígenas son sometidos. El CUC en un intentó de llamar la atención sobre el problema encauza las protestas y descontento en una manifestación de carácter pacífico. El resultado fueron 100 muertos y más de 300 heridos. Las fosas comunes donde se arrojaron los inermes cuerpos habían sido cavados con anterioridad al hecho criminal lo cual indica premeditación. La táctica del terror seguía vigente.

En 1980 la CUC vuelve a ocupar el centro de atención debido a otro funesto acto gubernamental. Una comisión de indígenas de Nebaj, algunos pertenecientes al CUC, acudieron a Guatemala Ciudad a protestar por la represión a la que sus comunidades estaban siendo sometidas por el cuerpo militar estatal. Como mecanismo de protesta ocupan pacíficamente la Embajada de España. La policía antidisturbios guatemalteca incendió el edificio con los 39 indígenas dentro. Además, el ejército invade Nebaj cometiendo inenarrables atrocidades contra mujeres desarmadas.

El CUC no se desanimó frente al terror estatal y emprende una nueva amenaza. La huelga de trabajadores de las plantaciones de azúcar y algodón de costa sur de Febrero de 1980. Empezó con 750 trabajadores y pronto se generalizó hasta alcanzar un seguimiento espectacular: 75000 obreros. El gobierno se vio forzado a incrementar el salario mínimo, pero los terratenientes se vengaron con las armas en su poder (despidos, ignorando las nuevas leyes salariales,...) y el ejército se cebó entre los líderes y participantes. Sin embargo, la pesadilla que suponía para los terratenientes y el ejército una huelga de semejante envergadura se había materializado aunque fuera por una sola vez.

Las agresiones y los ataques que la población indígena y el CUC recibían del ejército conlleva la unión de este sector y el guerrillero que desde mediados de los 70 se reconfigura con fuerza. Muchos indios se pasan a la guerrilla, en especial de las masacres de Panzós o la toma de la embajada. Así, en un documento del ejército de Guatemala, se estimaba que el 60% o más de la población ixil estaba en la guerrilla. Se calculaba que existían unos 6000-8000 combatientes armados soportados por una base de cuarto a medio millón de colaboradores entre el pueblo (Susanne Jonas, 1991). La expulsión de sus tierras, el cambio de la hacienda tradicional a los “agrobussines” modernos que utilizaba más trabajadores estacionales... lleva a los indígenas a encuadrarse en el sector proletario explotado. Este hecho le radicaliza aunando sus objetivos con los del movimiento guerrillero.

Las estrategias del CUC se han mantenido a lo largo del tiempo. Hoy día prosiguen con una política de ocupación de tierras y denuncia internacional de la situación de miseria y explotación a la que está sometido el indígena y campesino pobre en Guatemala donde un escaso porcentaje de la población posee la inmensa mayoría de las tierras. Los observadores internacionales siguen llegando a convivir con estas comunidades campesinas acosadas por los intereses de los narcos, terratenientes, militares y corporaciones internacionales que ven en las ansias y aspiraciones del CUC un peligro para sus objetivos de enriquecimiento a costa de una fértil tierra de enormes riquezas naturales. El acoso violento de estas entidades hacia las comunidades campesinas se ha mantenido y las amenazas son cotidianas. El Plan Puebla Panamá ha venido a unirse a estos factores tradicionales en el interés de expropiación de las tierras campesinas. Las grandes compañías transnacionales inversoras del macroproyecto hidráulico (entre ellas encontramos a nuestra querida Endesa) no están dispuestas a dejar escapar tan suculenta ración de beneficios a tan bajo costo. La batalla para el CUC acaba de comenzar.

6.2. LAS CPR: LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA.

El apropiamiento de tierras campesinas en la zona de las Verapaces, el Quiché, el Ixcán y el Petén, zonas tremendamente ricas y codiciadas, va unido a la estrategia del terror. La represión y las matanzas en las tierras altas se sucedían con total impunidad, tanto nacional como internacional. Ya en los 70, bajo el régimen de Laugerud García, se inició la represión del movimiento cooperativista del Ixcán Grande, un proyecto por el cual ciertos sectores de la Iglesia, preocupados por la situación de pobreza extrema del pueblo, crean una cooperativa en dicha zona. En ese momento se secuestran líderes campesinos y se derriba la avioneta del padre Guillermo Woods. Fue el primer zarpazo en la zona. No el último. La espiral de saqueos, violaciones, torturas, desapariciones y asesinatos en masa de campesinos buscaba como objetivo la expulsión de la población de la ubérrima zona donde las compañías internacionales así como altos cargos estaban decididos a asentar explotaciones fructíferas. Se esperaba que la atemorizada población huyese desamparada a territorios alejados de la persecución. Sin embargo, una serie de comunidades campesinas se negaron a huir abandonando la tierra que les vio nacer y que tan unida está a la idiosincrasia indígena. A partir de ese momento en 1980 se organizan las Comunidades en Resistencia que autogestionadas fomentan un tipo de organización horizontal que reta al gobierno y al sistema de explotación neoliberal. Por más de diez años, las CPR viven ocultas en la selva, escapando siempre del ejército asesino que arrasa sus asentamientos y escasas posesiones. El alto mando militar llegó a cometer las más abominables violaciones de los derechos humanos en su afán terco de someter el ansia de libertad humana. Y no lo consiguió. Los bombardeos con fósforo blanco, ametrallamientos, campos de minas, la asistencia militar estadounidense y sus ilimitados fondos no pudieron con el tesón y valor de estas gentes ocultas en la selva. El ejército perdía muchos hombres en sus incursiones en la jungla a manos de una recompuesta y triunfante guerrilla. Las CPR montaron un efectivo sistema de vigilancia y comunicación entre ellas. Correos cruzaban los caminos de la selva para avisar e informar de los movimientos de tropas. La guerrilla se convertía en un aliado más en una guerra entre el pueblo y el poder. Como ya se indicó arriba, los objetivos y enemigos comunes convierten a los dos movimientos, el insurgente armado y el subversivo civil, en colaboradores.

Ricardo Falla, ha recogido numerosos testimonios de sobrevivientes a atroces masacres perpetradas por el ejército para formar su crudo pero necesario Masacres de la selva. No creo necesario repetir aquí la barbarie que en tales páginas se relata. Desde 1980 año en que se organizan las Comunidades de Población en Resistencia y hasta nuestros días, esta organización campesina ha sido víctima del ataque de los poderes fácticos y económicos. El 2 de Febrero de 1994 estas comunidades del Ixcán dan un paso decisivo y provocador. Cansados de la huida eterna a través del infierno verde en que se había convertido su selva “natal”, las comunidades y cooperativas deciden salir al claro. Asentarse y crear poblados temporales fuera de la jungla y, por ello, perfectamente visibles desde el aire. Es el Día de la Resistencia. A partir de este momento siguen llegando retornados desde México. En 1995 se dan enfrentamientos y desacuerdos por la tenencia de la tierra. El Gobierno en su afán por acabar con el sistema organizativo de las CPR, un tipo de organización autogestionada y con una verdadera democracia horizontal y participativa, había ido introduciendo en la zona del Ixcán a través del CEAR colonos que pudiera controlar y organizar para frenar el avance de las comunidades en resistencia. Cuando regresan los refugiados se encuentran con sus tierras concedidas a otros campesinos que se niegan a irse o a adoptar el sistema cooperativo propuesto desde tiempo atrás por las CPR. El Gobierno chapín intentaba por otros medios lo que el ejército nunca logró. Ante esto, se deciden a comprar un terreno a orillas del río Chixoy, en el límite entre el Ixcán y Cobán y organizan la finca San Isidro con capacidad para albergar a toda la población resistente. En el 96 se inició el traslado duro y trabajoso. Nace la nueva comunidad Primavera del Ixcán 96.

6.3. DEMOCRATIZANDO LA SOCIEDAD.

Las expectativas de cambio institucional se presentaban como nulas. La posibilidad de renovación desde arriba hacia abajo, una reforma vertical, se veía impracticable. Las estructuras del poder que quinientos años atrás comenzaran a sembrarse se mostraban inamovibles en la actualidad. Cualquier intento de entrar en el juego del poder y cambiar algo en el tumoroso país había sido absorbido por la dinámica del sistema militar corrupto. Además, Washington se mostraba reacio a permitir ningún viro del timón. Había que buscar nuevas alternativas en aquel callejón sin salida y mal iluminado.

Estas se presentan desde la base. Si desde arriba no se puede cambiar nada, operemos a la inversa, de abajo a arriba. Diferentes organizaciones, entre las que encontramos al CUC y las CPR, se han propuesto sortear los muros interpuestos a partir de una democratización de la sociedad. La creación de cooperativas y comunidades de carácter horizontal, con participación directa y toda la igualdad que en el ser humano se puede dar son las premisas. Conectadas entre ellas por organismos electos desde la base han propuesto un modelo nuevo para enfrentar la situación. Intentan ser autosuficientes en todo lo posible y mantener cubiertas las demandas básicas de cada comunidad en lo que a educación y sanidad se refiere. Los éxitos que puedan cosechar avalarían el intento y atraería a otras comunidades a emular la “democratización” hasta llegar a un verdadera democracia en la base de la pirámide que derrocaría la espiral de corrupción y violencia.

Ciertamente, puede resultar utópico a nuestros descreídos oídos, pero una sociedad expuesta a las circunstancias extremas que Guatemala ha sufrido y por tantísimos años necesita una esperanza para poder continuar. El camino que pretenden abrir es ciertamente difícil. Los primeros brotes de violencia y sabotajes por parte de las partes previsiblemente perjudicadas en su plan no se han hecho esperar. La asistencia de observadores internacionales se ha revelado necesaria para evitar en la medida de lo posible actos de mayores consecuencias y agresiones a los líderes de las comunidades. Se demandan expertos en diferentes ramas, desde medicina a ingenieros agrónomos, que puedan formar a ciertos integrantes de las comunidades o colaborar en el desarrollo de estas. Los primeros pasos andados ya han demostrado lo escabroso del terreno. Muchos estamentos ven en esta forma de democracia una amenaza a su status tradicional y sus privilegios que a largo plazo pudieran verse erosionados.

Sea viable o no, la propuesta de cierta parte de la sociedad guatemalteca está en marcha. Solo el tiempo dictará si fructifica o se marchita en la mancha de sangre que es la historia en el país del quetzal.


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GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
VIII. La derrota final: consideraciones.
Por Pausanias el Ácrata (junio 2006)
Índice Guatemala

Guatemala ha sido testigo y víctima de sus propios militares y clase dirigente que desde 1954 se unieron en una colaboración sistemática en mutuo beneficio. Los intereses comunes a ambos estratos, en comunión con las ambiciones externas provinentes de los Estados Unidos así como de Europa e Israel, permitieron una suerte de pacto que llevó durante más de cuarenta años a la miseria y agonía de un pueblo cuya base de sustento era la tierra.

Y es que, el problema endémico de Guatemala se puede reducir a ese elemento. Desde que fuera conquistada por Alvarado y se diera la penetración de los castellanos, la tierra ha sido el centro de disputas y enfrentamientos. El sistema de tenencia que los conquistadores legaron y que la independencia nunca solventó ha anclado a Guatemala en una caduca forma de feudalismo. El choque entre las facciones que personalizan las contradicciones generadas de ello degeneró en un conflicto de proporciones terribles. Los militares, por un lado, siendo al mismo tiempo latifundistas y parte de la oligarquía nacional, han violado reiteradamente los derechos Humanos y han perpetrado sucesivos actos criminales dirigidos a exterminar la disidencia ideológica, tanto real como supuesta o sospechada. El apoyo, tácito o abierto, de la burguesía y las instituciones internacionales, así como de gran parte del ámbito internacional en forma de inversiones, préstamos y donativos, les hace culpables de ese auténtico genocidio acaecido en tierras centroamericanas. Con la institución armada, los comandos de paramilitares, esos escuadrones de la muerte intocables jurídicamente, se llevan el amargo récord de masacres, torturas, asesinatos y secuestros acaecidos en el país desde 1954.

La guerrilla, no obstante, fue también responsable de violaciones de los derechos humanos en actos de violencia selectiva. Aunque en menor medida, los guerrilleros en conflicto abusaron en diversas ocasiones de su rango armado, ya sea en acciones de venganza o de represión contra ciertas comunidades. Sin embargo, también hay que mencionar el carácter minoritario y marginal de estas estadísticas, aunque no por ello obviarlas.

Por otro lado, en el ámbito civil, las Patrullas de Autodefensa Civil, en muchos casos nutridas íntegramente por indígenas, perpetraron innumerables delitos. El armamento y munición en su poder, a la par que la relativa impunidad de que disfrutaban, les otorgaba una ventajosa posición para imponer sus deseos y llevar a cabo vendettas de carácter personal. Cuando la paz se firmó y la guerrilla entregó sus armas, estos grupos paramilitares no emularon el gesto. Con ellas aún en su poder, los integrantes de estos grupos se dedicaron al pillaje y asalto degenerando la situación turística de la que, por aquel entonces, el país ingresaba el mayor número de divisas.

Las proporciones del conflicto recrudecido en Guatemala desde 1954 han llenado las páginas de innumerables libros y artículos. Los trabajos de excavación de fosas comunes solo están rascando la superficie de una fría realidad. Pese a las amenazas y la coacción a la que estos equipos de antropólogos físicos se ven expuestos, los resultados de sus trabajos siguen arrojando más luz al avance de la opinión pública. Y, contradiciendo todo lo que de estas líneas precedentes se infiere, la impunidad y la indiferencia siguen dominando la situación. La respuesta internacional es inexistente y los organizadores de esta barbarie siguen disfrutando de sueldos vitalicios y las posesiones obtenidas durante sus periodos como dirigentes. Las votaciones se suceden con una alta cuota de abstención, repartiéndose los votos partidos que hacen la vista gorda a un pasado tan reciente que aún duele. El indígena guatemalteco permanece olvidado de los programas electorales que repiten fórmulas ya sabidas. La inversión extranjera sigue controlando el país y unos recursos privatizados prematuramente. La tierra y su estructura de tenencia, principal telón de fondo en este drama, ha petrificado una porción de una conquista pretérita en un país con 500 años de colonialismo.

El entrar en el juego significa aceptar unas reglas establecidas que aseguran unos resultados previsibles. Nada cambia en este continuo recurrir del tiempo. La deuda externa impide un desarrollo social que, por otro lado, no se ha buscado bajo ningún gobierno desde el empuje renovador del decenio “democrático”. La modernización del país (quiera decir esta palabra lo que quiera decir, que yo no la comprendo muy bien) es a todas luces imposible sin antes eliminar unas formas y estructuras de poder corruptas y representantes de un escaso sector de la sociedad guatemalteca. La batalla por Guatemala se ha perdido. Los únicos actores que aún mantienen sus papeles para un posible cambio de argumento, las últimas organizaciones surgidas del deseo de renovación se debaten entre una suerte de esperanza y frustración. Que las semillas que están sembrando den algún fruto, solo la historia futura podrá estudiarlo. De momento, que estén ahí indica que la tragedia guatemalteca sigue viva.

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ANEXO 1:

DICTADORES Y PRESIDENTES DEL GOBIERNO GUATEMALTECO DESDE 1954.

- CARLOS CASTILLO ARMAS (1954-1957)
1ª OLA DE TERROR

- MIGUEL IDÍGORAS FUENTES (1957-1963)

- ENRIQUE PERALTA AZURDIA (1963-1966)

- JULIO CÉSAR MÉNDEZ MONTENEGRO (1966-1970)
2ª OLA DE TERROR (1966-1968)
PRIMEROS ESCUADRONES DE LA MUERTE
3ª OLA DE TERROR

- CARLOS ARANA OSORIO “EL CARNICERO DE ZACAPA” (1970-1974)
4ª OLA DE TERROR

- KJELL EUGENIO LAUGERUD GARCÍA (1978-1982)
5ª OLA DE TERROR

- FERNANDO ROMEO LUCAS GARCÍA (1978-1982)

- EFRAÍN RÍOS MONTT (1982-1983)
6ª OLA DE TERROR.
PLAN NACIONAL DE SEGURIDAD Y DESARROLLO:
CREACIÓN DE LOS POLOS DE DESARROLLO,
LAS PATRULLAS DE AUTODEFENSA CIVIL Y
LAS CORDINADORAS INTER-INSTITUCIONALES.
SE ORGANIZAN LAS CPR (COMUNIDADES DE POBLACIÓN EN
RESISTENCIA)

- OSCAR MEJÍA VÍCTORES (1983-1985)

FIN DE LOS GOBIERNOS MILITARES.

- MARCO VINICIO CEREZO ARÉVALO (1985-1991)
7ª OLA DE TERROR

- JORGE SERRANO ELÍAS (1991-1993)

- RAMIRO DE LEÓN CARPIO (1993-1996)

- ALVARO ARZÚ (1996-2000)

- ALFONSO ANTONIO PORTILLO CABRERA (2000-2004)

- OSCAR RAFAEL BERGER PERDOMO (2004-...)

ANEXO 2

ORGANIZACIONES CLANDESTINAS ANTICOMUNISTAS Y ESCUADRONES DE LA MUERTE DE GUATEMALA.

1. ACCIÓN PARA LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA. ADED 1963

2. ACCIÓN PATRIÓTICA DE RECUPERACIÓN 1967
INSTITUCIONAL. APRI

3. AGRUPACIÓN PATRIÓTICA ANTICOMUNISTA DE 1967
GUATEMALA. APA

4. AGRUPACIÓN DE HOMBRES ANTICOMUNISTAS DE 1968
GUATEMALA. HACHA

5. CONSEJO ANTICOMUNISTA DE GUATEMALA CADEG 1967-68

6. COMITÉ DE PADRES DE FAMILIA ORGANIZADOS 1978

7. COMITÉ DE RESISTENCIA ANTICOMUNISTA DE 1967-1968
GUATEMALA. CRAG

8. COORDINADORA LADINA REVOLUCIONARIA 1993

9. EL BUITRE JUSTICIERO. 1972

10. EL ESCUADRÓN DE LA MUERTE. 1971-78

11. EJÉRCITO SECRETO ANTICOMUNISTA. ESA. 1977

12. FRENTE UNIDO NACIONAL ANTICOMUNISTA. FUNA 1967

13. FRENTE SECRETO ANTICOMUNISTA. 1962

14. FRENTE DE RESISTENCIA NACIONAL. 1967

15. FUERZAS DE ACCIÓN ANTICOMUNISTA. FADA. 1979

16. GRUPO ACCIÓN LIBERADORA GUATEMALTECO
ANTISALVADOREÑO. GALGAS 1976

17. JUVENTUD NACIONALISTA. 1964

18. MOVIMIENTO ANTICOMUNISTA ROBERTO LORENZANA 1993

19. MOVIMIENTO POR LA MEMORIA DE MARIO MÉNDEZ
MONTENEGRO. 1967

20. MOVIMIENTO DE ACCIÓN NACIONALISTA
ORGANIZADO. MANO 1966-78

21. MOVIMIENTO ANTICOMUNISTA DE GUATEMALA. MAG 1967

22. MUJERES CATÓLICAS. MC 1966-70

23. MUJERES ANTICOMUNISTAS DE GUATEMALA. 1968

24. NUEVA ORGANIZACIÓN ANTICOMUNISTA. NOA 1967-68

25. NUEVA ORGANIZACIÓN DE RESISTENCIA. NOR 1967

26. OJO POR OJO. 1970

27. ORGANIZACIÓN DE DEPURACIÓN Y CASTIGO 1993

28. ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO SECRETO. 1967

29. ORGANIZACIÓN NACIONAL ANTICOMUNISTA. ONA 1960

30. ORGANIZACIÓN CERO. 1979

31. OFICIALES JÓVENES. 1978

32. ORGANIZACIÓN DE ASOCIADOS CONTRA EL
COMUNISMO. ODEACEG 1967-68

33. PRIMER COMANDO DE CONTRAS DEL NORTE 1993

34. RESISTENCIA POPULAR SECRETA. 1964

35. REPRESIÓN Y ORGANIZACIÓN ANTICOMUNISTA. 1967

36. ROSA PÚRPURA. 1967

37. VERDADERA ORGANIZACIÓN NACIONAL
ANTICOMUNISTA. VONA 1967


ANEXO 3

PRINCIPALES GRUPOS GUERRILLEROS DE GUATEMALA.

- MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO 13 DE NOVIEMBRE- MR-13 N.

- MOVIMIENTO 20 DE OCTUBRE

- MOVIMIENTO 12 DE ABRIL.

- FUERZAS ARMADAS REBELDES (FAR): ENGLOBA LAS TRES TENDENCIAS
ARRIBA ENUNCIADAS.

- MOVIMIENTO REBELDE 13 DE NOVIEMBRE: ESCISIÓN DE LAS FAR.

- EJÉRCITO GUERRILLERO DE LOS POBRES (EGP).

- URCO: UNIÓN REVOLUCIONARIA CAMPESINA ORGANIZADA.

- UNIDAD REVOLUCIONARIA NACIONAL GUATEMALTECA (URNG): UNIÓN DE TODOS LOS DEMÁS GRUPOS REVOLUCIONARIOS.


ESTA ES LA HISTORIA DE GUATEMALA, MASACRES REALIZADAS POR EL EJERCITO, LOS GENERALES FUERON ENTRENADOS EN LA ESCUELA DE PANAMA QUE EL EJERCITO DE ESTADOS UNIDOS TENIA EN ESE PAIS, Y ASI COMO LO REALIZO EN GUATEMALA, LO SIGUE HACIENDO EN TODAS PARTES DEL MUNDO, NO LES IMPORTA CUANTA GENTE MUERA, PARA ELLOS LO PRINCIPAL ES QUE  SIGAMOS COMIENDO MIERDA PARA QUE ELLOS ESTEN BIEN.