miércoles, 7 de octubre de 2009

Erick González - Pintor Guatemalteco




El Jardin de Erick Gonzalez

Ya lo sabemos : “El arte es como un espejo donde el hombre conoce y reconoce algo (no sólo de si mismo, sino también del mundo) que ignoraba” (Bergson). El mundo pintado por Erick González es de una violencia invisible pero omnipresente, muda, arbitraria y no menos brutal. Su estética, diferente a la de Jacques Monory, por ejemplo, no tiene nada de realista: no es descripción ni ritualización de la vida cotidiana, y menos aun de teatralización o puesta en escena de la realidad ordinaria a través de escenas-shock o expeditivas. Él permanece narrativo y figurativo, prueba de que sólo es un reflejo lejano de la metáfora y del simbolismo tautológico, y en ultima instancia, facticio de los cuadros de Monory.

Escribamos la palabra, se trata de metonimia. Nos toca a nosotros revivir el campo, el espacio y el tiempo de esa experiencia y sobretodo, de deducirlo : el contexto del acontecimiento permanece oculto, sin ningún comentario y con apenas algunos indicios: “Gua. SF 13”, marcas de papel periódico o de embalaje, tatuajes o impresiones sobre el cuerpo. Nada menos que “ver lo visible” decía Foucault, haciendo eco a Wittgenstein “No hables. Mira”. Las pinturas de Erick González revelan en silencio esa agresividad ultima que puede destrozar la intimidad de cada uno. Intimidad mas profunda de lo que aparece de manera expresa pero implicita en los rasgos de rostros femeninos, en una silueta que surge de la noche o en cuerpos marcados por el tiempo.

Es importante saber que Erick González es guatemalteco. A la vez de Antigua y de la capital Guatemala, ciudad asediada por las “maras”, esos jóvenes néo-americanos que siembran el miedo y la angustia, que dictan la ley ignorando la diferencia entre vida y muerte, imponiendo un toque de queda al caer la noche, a más tardar a las 23 horas (si acaso se cuenta con la presencia disuasiva de policias armados). Guatemala ciudad, la capital ebria, de la cuál no existe ningún mapa oficial, ciudad de todos los excesos, con su “red-zone”, donde el hombre es capaz de lo mejor pero sobre todo de lo peor. Y Antigua, que nos deja ver eso que ya no es... ruinas majestuosas como tumbas en medio de arquitecturas hispánicas barrocas, rodeada de tres volcanes, Agua, Fuego y Acatenango, con ese agradable sentimiento de déjà-vu y de eterno retorno.

Guatemala, en fin, el país de la “eterna primavera”, que es “desde hace dos siglos, la delicia de viajeros y etnólogos” como decía Jean Piel. Pero a costa de una agresión permanente, como lo atestiguan “El Señor Presidente” de Asturias, el pillaje de la United Fruit Company y la destitución por la CIA, de Jacobo Árbenz Guzmán en 1954, el único que habría podido salvar el pais, la guerra civil y el genocidio de 1982. Y hoy en día, la lenta e inexorable decadencia del Estado, la invasión de maras y de narcos. La historia de Guatemala es triste y trágica, modelo ejemplar de la violencia planetaria. Tanto mas porque el pais es sublime y el multiculturalismo una realidad. “la vida ahi podria ser tan apasible...”.

De todo esto son testigos los cuadros de Erick González. Son “extraños y familiares a la vez, suaves y vivos, profundos y manifiestos, estéticos y políticos”. Somos sensibles a ellos porque expresan ese erotismo oculto, esa sensualidad donde se mezclan belleza y dureza, ese sentimiento de culpabilidad tan personal que nos asusta por los fantasmas que despiertan. Los rostros de la mujeres son bellos, con sus húmedos labios rojos, sus rasgos finos, sus cabellos largos y negros. Uno quisiera tocarlos. El solo verlos nos asombra : una boca realzada por un cigarrillo encendido, una mordaza aquí, un venda acá, unas miradas penetrantes, rostros mortuorios de hombres, cuerpos enteros o fragmentados. Todo esto está lleno de emoción pero teñido de ambigüedad.

La pintura de Erick González es como el jardín de Epicuro, donde crecian en toda quietud flores hermosas como rubís con espinas. Su pintura no nos desliga del mundo, es símbolo de la confusión ambiente, del desorden y del riesgo inherente a los asuntos humanos. Sus cuadros son un punto de vista donde el mundo aparece en su crudeza con el “perfume” de la America Central. La moderacion, tanto en la búsqueda de la imágen como en su encuadre, mas el problema de evocar el todo por el detalle, es un signo de pudor y retiscencia: el trabajo de Erick González es apacible y armonioso, incluso sereno, pero no nos libra de nuestra inquietud original. Tan sólo nos permite – en la medida de lo posible – vivir con ella.

Georges Donnet